Los aguadores
miércoles 9 de septiembre de 2009
Los aguadores en algunos lugares de Madrid, aunque cueste creerlo, estuvieron cumpliendo su función hasta finales de los años setenta. Su labor se desarrollaba en aquellos lugares que carecían del líquido elemento vendiéndola a los vecinos que por diversas circunstancias no podían acudir a la fuente pública mas próxima.
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Hagamos antes una breve semblanza de cómo era este servicio según se estableció en las ordenanzas municipales de 1.892 que nada tiene que ver con la última época.
Las fuentes públicas de Madrid las clasificaba en:
a) Fuentes vecinales. Son las que están destinadas al servicio preferente de los vecinos.
b) Fuentes de vecindad y aguadores. Son en las que al menos habrá un caño destinado al servicio de la vecindad y los demás al de los aguadores, pudiendo éstos hacer uso del caño o caños destinados al vecindario tan sólo en el caso de que no los utilizare ningún vecino.
c) Fuentes de aguadores. Son las destinadas al servicio de los aguadores.
d) Fuentes volantes. Son las fuentes que solo se colocarán en caso extremo oyendo el parecer del Jefe facultativo de Fontanería, y se utilizarán bien por los aguadores, bien por los vecinos, según el servicio por el que provisionalmente han sido instaladas.
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Trasladándonos de nuevo al momento final de esta actividad hay que comprender el entorno urbano en el que esta función se llevaba a cabo.
El barrio de Vallecas fue profundamente remodelado a partir de los años ochenta creando un nuevo entorno urbanístico que hizo desaparecer todo resto de chabolismo, sin embargo en los años sesenta y setenta había todavía numerosas infraviviendas en Palomeras, Entrevías y Pozo del Tío Raimundo, e incluso cuevas en el cerro del Tío Pío, hoy llamado barrio de Pío Felipe.
La población que habitaba en estos lugares tan precarios estaba formada mayoritariamente por emigrantes andaluces y castellano-manchegos aunque había también de otros lugares de España. Las casas por llamarlas de alguna manera pues el nombre correcto sería chabolas, eran construidas de la noche a la mañana textualmente y no como forma coloquial de hablar, ya que se tendía una manta o una larga sábana en la cuerda de tender la ropa que evitaba que desde fuera se viera como se levantaban los tabiques durante la noche teniendo que quedar concluida al día siguiente por la mañana.
Vallecas se convirtió en una colmena de cuchitriles carentes de agua y alcantarillado, algunos de los cuales se congregaban alrededor de una corrala con solo una puerta exterior a la calle. Algunas edificaciones, las menos, tenían pozo negro o salían las aguas fecales por la parte trasera en aquellas que tenían este espacio libre, pero en las mas corría el canalillo por el centro de la calle con el consiguiente hedor que desprendía en las épocas estivales, amen del riesgo que ello suponía para la salud pública por la ausencia de higiene.
El agua para el consumo se obtenía de diversas fuentes de un único grifo pertenecientes a la red del Canal de Isabel II que estaban estratégicamente distribuidas en estos barrios suburbiales, pero en número mas bien escaso, lo que daba lugar a filas bastante largas de señoras haciendo turno para llenar los recipientes con esperas interminables porque la presión en estos puntos de suministro era baja. Esto suponía un duro trabajo para las féminas al tener que recorrer un largo camino hasta llegar a casa acarreando cántaras y cubos llenos de agua. Algunas fuentes tenían a su alrededor terreno sin edificar y era utilizado para secar la ropa colgada en precarios tendederos por aquellas mujeres madrugadoras antes de que otras se les adelantaran, que hacían allí mismo la colada lavando en un barreño con jabón “lagarto” restregando las prendas sobre una tabla de madera.
Es aquí donde entraban en función los aguadores o aguadoras pues los había de ambos sexos. Unos iban provistos de una carretilla de madera con dos huecos donde colocaban las cántaras y una goma para conectarlas al grifo y llenar los recipientes sin tener que sacarlos de donde estaban alojados. Otros llevaban la ayuda de un borrico que tenía sobre el lomo un serón donde cabían cuatro cántaras, dos a cada lado. Pero la imagen mas curiosa es la de algunas mujeres que con rara habilidad llevaban un cántaro a la cabeza y otro en el costado, andando como si tal cosa, que nos traslada mentalmente a aquellas zonas desérticas de África. Común a todos los aguadores era el cazo medidor para echar el agua.
Los aguadores cumplían la función de servir el agua a quién no podía esperar las colas, bien fuera por cargas familiares, por motivos laborales, por ser personas mayores, por no poder coger pesos, o por infinidad de motivos, teniendo, por tanto, una clientela casi fija. Su llegada a la fuente era motivo de conflictos con las personas que allí esperaban pues tenían prioridad sobre la vecindad y como el fluido del agua en el único caño era lento y los recipientes a llenar eran varios y además grandes, la discusión estaba servida ... Su trabajo era especialmente complicado los días de lluvia o posteriores ya que al recorrer zonas carentes de urbanización el desplazamiento por esos andurriales llenos de barro resultaba muy difícil.
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Es una vivencia que tuve de niño cuando para ir al colegio, distante de mi casa cerca de kilómetro y medio, tenía que atravesar estos barrios carentes de agua corriente y alcantarillado viendo las penalidades de sus moradores y el oficio de los aguadores. Agradecería de la amabilidad de los lectores del blog nos informen si conocen algún barrio mas de Madrid, aparte del de Vallecas, en el que hubiera aguadores.
Autor: José Manuel Seseña.
En este blog también colaboran: Angel Caldito y Ricardo Márquez.
Fuentes de las fotografías: Fondo S. Yubero, Archivo Regional de Madrid








Hemos acabado el lavado de cara del blog. Si veís algún error os agradeceriamos que nos avisaraís.
4 comentarios:
Hola José Manuel
Yo no conocí barrios donde el paseo de la gente con su cántaro era moneda corriente como lo vemos en las fotos.
Sin embargo, te voy a contar una anécdota. Cuando vivía con mi marido y dos bebés en un 4º piso de Carabanchel Bajo, hubo un gran escape de agua en los sótanos sin que nadie se entere, hasta que pasaron la cuenta a los 20 vecinos que se negaron a pagar, alegando que no eran culpables de la rotura de las tuberías. Nos cortaron el agua, pero aguantamos más de un mes. Todos los de la finca iban a una fuente del barrio a por agua para subirla a su casa. Como teníamos dos niños muy pequeños, mi marido subía un enorme barreño de 50 litros hasta el 4º piso. Después de esta larga resistencia, terminamos pagando todos. Entonces el agua se pagaba a partes iguales sin contadores.
Un abrazo
Anne
Efectivamente Anne no se sabe lo que se tiene hasta que por cualquier circunstancia se deja de tener: agua, luz, medio de transporte, etc.
La zona de Palomeras-El Pozo y aledaños constituyó un enorme núcleo de chabolas carentes de las mas elementales medidas higiénicas. En la remodelación no se aprovechó ni la alineación de las calles como podemos ver a continuación de la Plaza de la Asamblea de Madrid.
Muchas gracias por tu comentario. José Manuel
Hola otra vez José Manuel
Como soy adicta a contar anécdotas, te cuento otra.
En la Plaza de Toros de Ventas hace años, había una fuente con agua potable en la esquina de Alcalá con Julio Camba. Un día, vi un espectáculo que me dejó admirada.
Llegó una gitana con sus faldones y su delantal. Tenía un bebé mamando y bolsas colgando del brazo que sostenía al niño; otros pequeños, muy pequeños pero obedientes, estaban agarrados de sus faldas. Ella se paró en la fuente, la abrió, y sin apartar el bebé del pecho, le quitó en un segundo los pañales sucios (de tela), y con la otra mano libre los lavó en la fuente bajo el chorro, escurriéndolos muy bien después del aclarado. Los dejó en una bolsa de plástico y de otra bolsa sacó pañales limpios y secos y, en un abrir y cerrar de ojos, cambió el bebé. Y todos a andar de nuevo. La operación fue tan rápida que no lo podía creer, yo que había tenido 4 niños. Hay mucho que aprender de esta gente tan apañada.
Esta fuente ha desaparecido como otras tantas.
Un abrazo
Anne
Desde luego Anne la necesidad aguza el ingenio. Yo he visto lavar a niños, siempre llevando las madres uno solo, poniéndolos de pie en el sumidero de la fuente.
A la anécdota que tú cuentas de la gitana sobre su habilidad hay que añadir el esfuerzo que siempre suponía el desplazamiento a la fuente desde la chabola e incluso desde las cuevas, no todas individuales, del cerro del Tío Pío.
Gracias por comentarnos tu anécdota. Un saludo afectuoso José Manuel
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