El último viaje de un tranvía – Ciudad Lineal

viernes, 15 de octubre de 2010

Bautizado por el pueblo madrileño como “la maquinilla”, circuló en la primera mitad del siglo XX por la Ciudad Lineal un tranvía denominado el Ventas-Cuatro Caminos. Su aspecto era destartalado y rudimentario; la estructura de madera al principio era de color marrón, más tarde de color verde y por último de color azul. Sólo tenía dos puertas de acceso, una delantera y otra trasera en el lado opuesto. El interior lo ocupaban asientos de madera, brillantes por el roce, con un estrecho portaequipajes a lo largo de las ventanillas. Tenía además cuatro ejes y frenos de aire comprimido, por lo que en cada parada podía escucharse el característico percutir del compresor del aire de los frenos.


No obstante su aspecto desgarbado, resultaba un tranvía simpático, quizá porque hacía racho aparte dentro de la red de los transportes madrileños.

El caso es que un día señalado, día de noche vieja del año 1951, marchaba yo por la Carretera de Aragón cuando llegó a mi altura la última “maquinilla”, tranvía salido poco antes de la Plaza de Ventas para no retornar nunca más pues la llevaban al depósito de la chatarra. Cuando vi que se aproximaba por la empinada cuesta, con su marcha renqueante en medio de la animación callejera a esa hora tardía del día de San Silvestre, iba como envuelto en un halo de jolgorio y anarquía. El conductor, en lugar de ocupar la plataforma delantera, conducía desde la de atrás, seguramente por estar descompuestos los instrumentos de cabeza. Se le veía feliz: decidor, chistoso y medio borracho mantenía caldeado el ambiente de fiesta de despedida mientras, reculando, conducía en plan cangrejo, medio vuelto de espaldas y oteando la carretera por encima de las cabezas de los viajeros. Después de subir, yo me había quedado de pie en medio de una mancha de agua de lluvia que cubría parte del suelo de la plataforma.


Cuando me vio ahí parado, “le conducteur”, después de decir no sé qué chorrada, le dio vuelta al manubrio de la marcha, momento en que recibí una descarga eléctrica pelotuda que me obligó a dar un brinco en el aire, y al caer y tocar de nuevo el suelo mojado, ¡zas!, nueva descarga. Yo gritaba y bailaba como un poseso, lo que acrecentaba todavía más las risas del alegre tranviario y del respetable público, hasta que seguí la indicación de alguien, y dando un salto logré salir de aquel círculo diabólico de agua. No cabe duda de que los viajeros agrupados en la zona seca del suelo disfrutaron de lo lindo viéndome bailar como un “cow-boy” al que dispararan en lo pies. Y ese sainete de llanto y carcajadas reflejaba la tragicomedia de la vida.


Y con todo, algo bueno tuvo aquel postrero viaje: Nadie pagó el trayecto, ya que ese asmático artefacto, camino del cementerio, no llevaba ni cobrador. De todos modos, en cuanto pude me apeé por la puerta delantera, abandonando a mi viejo amigo en su cita con los altos hornos.


Su desaparición coincidió con mis últimas navidades en la Ciudad Lineal, donde perdida entre sus pinos para siempre quedó mi infancia. Y aún hoy día, después de tantos años, cada vez que voy por Madrid, en una de esas tardes apacibles de verano me pongo a pasear lentamente por mi vieja “Ciuli” y la veo como antaño, adormilada y araomando al perfume de los pinos, y otra vez me parece escuchar el compresor de los frenos de una “maquinilla”, detenida por un momento en la “parada fija” número 6, entre la CEA y el Alto de los Leones; y de nuevo veo el economato, y tomando el sol a la puerta del mismo a Juanito, el tendero de ultramarinos, a la espera de los comparsas disfrazados que ruedan en los Estudios Cinematográficos CEA y que al medio día, en armonioso yantar se sentarán a comer en los veladores de la terracita de entrada: El gladiador romano, medio desnudo, junto al Comendador de Fuenteovejuna, quien a su vez le hace sitio a Juana la Loca, tras rogar al oficial de los “Últimos de Filipinas” que le pida media botellita de blanco a Juanito...... Yo les contemplo sonriendo y al cabo de un rato me alejo tranquilamente hacia el Campo del Plus Ultra, en la parada siete, donde dos tranvías esperan los domingos en una vía muerta a los forofos que salen del campo de fútbol del Plus...........


Wiesbaden (Alemania), a 1 de mayo de 2010.
-.-.-

Autor: Ernesto Fernández, al que le agradecemos muy sinceramente su colaboración, así como a su hermano Francisco, sin el que este artículo no hubiera sido posible.


En este blog colaboran: Angel Caldito, José Manuel Seseña y Ricardo Márquez.

10 comentarios :

David Sanchez 19 de octubre de 2010, 12:56  

Creo que las historias contadas de primera mano son las mejores para conocer el pasado. Genial, creo que es todo lo que puedo decir, como me hubiera gustado ver aquella CIULI que tantos quebraderos de cabeza me da. Gracias a Ernerto y a Francisco por acercarnos un poco mas la historia de nuestro barrio.

Gracias.

Ricardo Márquez 19 de octubre de 2010, 21:49  

Hola David. No sé cuando entrarán Ernesto y Francisco (Ernesto creo que no tiene acceso fácil a Internet), pero estoy contigo David, lo que daríamos por poder hablar con gente que nos contarán sus vivencias en primera persona, la de pregunta que harimos y que temo que se quedarán en el tintero, donde se diluirán sus recuerdos.

Un abrazo.

Anónimo ,  20 de octubre de 2010, 16:29  

Hola a todos,en Ciudad Lineal si hubo tranvias de madera hasta el año 1955,apriximadamente,porque yo suví a ellos,hasta ese año,más o menos.Era el mismo modelo que el de las fotos.Un saludo de G.M.P.

Ricardo Márquez 21 de octubre de 2010, 8:31  

Hola Gloria. Gracias por su apunte. Los datos que tengo son que el material de la CMU fue enviado al desguace al ser obsorbida por la EMT el 1 de enero de 1952. No sé si fue todo el material de golpe o poco apoco, o bien puede que algunos de los tranvías nuevos que puso la EMT fueran todavía de madera. Le paso su comentario a José Manuel Seseña para ver si él sabe algo.
Saludos.

http/historias-matritenses/blogspot.com ,  21 de octubre de 2010, 11:25  

Hola Gloria:
Muchas gracias por tus grandes aportaciones sobre la Ciudad Lineal y concretamente sobre el tema del tranvía.
El tema "El último de un tranvía - Ciudad Lineal" se refiere a los tranvías que tenía la C.M.U. los cuales ninguno pasó a la E.M.T. por su decrépito estado.
La E.M.T. al hacerse cargo de la explotación de la red de C.M.U.puso en servicio el modelo Charleroi, también de madera, que es similar, aunque no igual, al que existe en el vestíbulo de la estación de metro de Pinar de Chamartín.
La evolución del material móvil tranviario empleado durante el periodo de E.M.T. lo puedes seguir en el tema "Los tranvías de Pueblo Nuevo, 2ª parte" colgado en nuestro blog el 10 de Diciembre de 2008.
Es un placer contar con tus recuerdos. Un cordial saludo.
José Manuel

Anónimo ,  24 de octubre de 2010, 11:25  

Bueno,trato de contestar desde el recuerdo de una niña de menos de ocho años,pero puedo recordar los primeros tranvias que recuerdo eran metalicos,bastante buenos para la época.
Lugo a algún "graciosillo" de la dirección de transportes,se le ocurrió poner estos otros tranvias,bastante decrépitos por cierto.
Los vecinos de mi barrio,cuando iban a coger el tranvia,decian voy a cojer la "diligencia",creo que sobran los comentarios.
Las ventanillas se subian y bajaban a mano con los consecuentes desperfectos,depués les pusieron unas cuñas para dejar las ventanillas subidas y que no se pudieran manipular.
El calor en verano era insoportable.
Cuando los pintaron de verde los chicos les llamabamos los saltamontes,devió de ser para que hicieran juego con los pinos de la Ciudad Lineal,una verguenza para la zona que ya estaba llena de "buena sociedad".
Un saludo de G.M.P.

Ricardo Márquez 24 de octubre de 2010, 21:11  

Gracias Gloria por tanta información y decirnos como llamaban al tranvía de la Ciudad Lineal. Seguro que José Manuel nos puede decir algo del motivo del cambio de los tranvías, aunque se me ocurre que pudo ser debido a que la Ciudad Lineal era considerada el "más alla de Madrid", una zona residencial para los fines de semana.
Un abrazo.

Anónimo ,  27 de marzo de 2012, 1:29  

Amigo Ernesto:
continuando con las diabluras; la que mas daño nos ocasionó fue los novillos al cole San Antonio de Bueso Pineda para ver entrenar a Rial, Di`stéfano, Puskas, Gento, etc en pleno explendor y recién conquistada la 5ª. Acudíamos con la foto del equipo oficial y conseguíamos autógrafos de todos ellos para sacar unas perrillas, hoy no tendrían precio, como los palos del Director D. Carlos y del progenitor. Por otra parte recuerdo algún partido de Manolo Santana, vecino del barrio, en la cancha del manicomio. En cuanto al transporte público tambien recuerdo la línea 9, con sus autobuses de dos pisos y que en ocasiones toreábamos al revisor. Hay que destacar las nevadas de los años 55 y 56 que, a pesar de la sal, los carros no subían la cuesta empedrada de López de Hoyos. Bueno, se me agolpan los recuerdos mientras escribo pero no quiero ser pesado. Imagino que estas batallitas son impensables en la Alemania de hoy. Continuará...

Ricardo Márquez 27 de marzo de 2012, 7:52  

Hola Chiqui(imagino que has sido tu el que ha hecho el comentario). Sobre el colegio San Antonio tienes un relato en primera persona de nuestro amigo Jesús Sastre (q.e.p.d.), en la parada 9:

http://historias-matritenses.blogspot.com.es/2010/04/las-paradas-de-la-ciudad-lineal-iii.html

Precisamente tengo una foto del Real Madrid firmada por todos los jugadores, no sé si la firma es original o salía con la firma de la imprenta. Lo miraré,......

Seguimos esperando tus historias....
Saludos.

Ernesto Fernández (Alemania) ,  27 de marzo de 2012, 22:20  

Hola Chiqui, ya no se hacen diabluras, ni aquí ni en España; la globalización todo lo devora, incluso esa fantasía que hacía falta para burlar al revisor en el autobús de dos pisos, linea 9, que venía por López de Hoyos. Y la cuestecita de adoquines esa, poco antes de llegar a Arturo Soria, tenía bigotes, tal era, que el ómnibus que nos llevaba al Instituto la subía en primera, escoltado por dos hileras de casitas que parecían de pueblo, y cuya derrota no llegué a ver, que antes de que cayeran, yo ya había levantado el vuelo. Cordiales saludos

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