Cuando llegan los primeros fríos es el momento de hacer la matanza domiciliaria del cerdo no siendo aconsejable que se realice mas allá del mes de Enero pues en Febrero hay días en que aparece el calor, enemigo de la conservación de la chacina, y además en algunas comunidades autónomas tienen regulado el periodo en que pueden ser realizadas y no se puede rebasar el 31 de Enero. El refranero nos indica ambas fechas “A todo cerdo le llega su San Martín”[1] que es el 11 de Noviembre, y “En Febrero busca la sombra el perro y el guarro el bañaero”. El cerdo es un animal que está muy presente en nuestra cultura siendo célebres los diversos verracos de piedra que hay en diversos puntos de nuestra geografía[2].
La matanza requiere la ayuda de los vecinos para poderla llevar a cabo pues necesita muchas manos colaboradoras en muy poco tiempo y así, como todos realizan la suya, pues “hoy por ti y mañana por mi”. No en todos los lugares se permite la matanza domiciliaria.
El origen de la matanza se considera que es de origen judío pues era una forma de demostrar a los cristianos viejos que habían abjurado de sus ritos comiendo un animal, el cerdo, considerado impuro en su religión. Montaban la artesa en la calle delante de la puerta de su casa para hacer máxima ostentación de su conversión al cristianismo colaborando en las labores matanceras otros vecinos, también judíos, aunque luego como es sabido, practicaban en secreto sus cultos de los que no habían renegado.
La matanza era la forma de tener carne todo el año para quienes no podían permitírsela de otra manera, y así en muchos pueblos había quien con gran esfuerzo económico compraba un guarro pequeño y lo iba engordando con las sobras de casa y mondas de patatas a las que se añadía algo de pienso[3]. Los cerdos se guardaban en cochiqueras, algunas absolutamente cerradas y el animal solo salía en el momento de la comida, la cual había que preparar antes de abrirle la puerta porque con su simple olor despertaba su glotonería empezando a chillar por lo que era imposible hacerlo en su presencia. El emplazamiento de estos alojamientos, también llamados pocilgas, variaba pues unos los había situados pared con pared con las casas de viviendas con el consiguiente olor nauseabundo pero como casi todos los vecinos tenían cerdos ninguno se podía quejar, y otros los había en una zona algo alejada de la población y de paso exclusivo donde había gran concentración que contaban con un pequeño patio amurallado donde el animal salía a tomar el sol generando el entorno un aroma pestilente que se dejaba sentir a considerable distancia sobre todo cuando soplaba el viento[4]. Hoy las normas sanitarias prohíben el establecimiento de estos cebaderos, como los llaman en algunos lugares de España, en las poblaciones, estableciendo un mínimo de distancia como medida higiénico-sanitaria.
Llegado San Martín es el momento de ir pensando la fecha mas adecuada para proceder al sacrificio concertándola con los vecinos de confianza a fin de que puedan estar presente el mayor número de ellos para ayudar sin que coincida con el ciclo menstrual de la dueña de la casa[5], y con la disponibilidad del matarife, también llamado matanchín o matanchina, pues suele tener una agenda de compromisos similares. Una vez decidido, al cerdo, capado desde pequeño[6], se le tiene a dieta el día anterior a fin de que tenga las tripas limpias.
Las preparativos empiezan antes del día acordado pues hay que tener “a mano y a punto” todo tipo de cacharros y herramientas cortadoras. Antes del amanecer todo el mundo está bien desayunado en su puesto, los hombres dispuestos a echar mano al guarro con un gancho para atemorizarle mientras tiran de una soga, y las mujeres dentro de la cocina calentando agua y teniendo todo preparado en lo que respecta a guisos. Una vez colocado el animal sobre la artesa, no sin gran esfuerzo, es el momento de que actúe el matarife, procurando dar vueltas a la sangre para que no se coagule. Una vez sacrificado el animal se procede a continuación a chamuscarlo, antes era con hojas que se quemaban y ahora es con butano, mas rápido pero afectando al objetivo final.
El matarife tiene los conocimientos suficientes por su amplia experiencia para saber si el animal, una vez muerto está sano o está enfermo; si está sano ordena empezar los trabajos de la matanza para que vaya avanzando porque el tiempo apremia mientras se lleva por alguien de los presentes un trozo de lengua a un veterinario para que la examine y dictamine con su firma la ausencia de triquinosis, pero si hay duda se paralizan inmediatamente las labores hasta la llegada del informe a fin de no trabajar en balde. Este profesional antes de comenzar el despiece pregunta a los dueños de la casa si van a conservar los jamones o no porque de lo que respondan depende la forma de hacerlo, ya que requiere cierta habilidad para no estropear las piezas; lo que vaya a ser embutido se va separando por clases y a continuación se mete en una máquina picadora. Las mujeres mientras tanto han lavado inmediatamente las tripas con agua caliente a fin de evitar que se enfríen y queden pegadas pues entonces ya no sería posible embutirlas.
Una vez realizadas las labores mas perentorias se procede a desayunar algo de la matanza hecho a las brasas, añadiendo al café un chorrito de anís o coñac, o ambas cosas a la vez, aparte de tomar solas estas bebidas alcohólicas[7]. En ese momento el matarife se va “con la música a otra parte” y los demás se quedan trabajando a todo ritmo, pinchando de vez en cuando un torreznillo con un chupito de alcohol. La labor es larga y dura varios días, aunque ya no es necesaria tanta mano de obra como la que se necesita inicialmente, y aquí entran las particularidades de cada lugar en hacer la chacina, oreo y secado, etc.
La posibilidad actual de comer carne en cualquier época del año, junto con temas de salud por la importancia del colesterol[8], ha hecho que las matanzas domiciliarias no sean imprescindibles y haya quien renunció a hacerlas por el enorme trabajo que supone y resultar mas cómodo, aunque no mas barato, comprar en la tienda un par de chorizos o salchichón. Se sigue manteniendo, no obstante, la tradición aunque en menor medida e incluso hay quien por este motivo y sin embargo no ser capaz de poder llegar a comérsela toda, compra varios trozos de carne para aderezarlos y adobarlos según se hacía en su familia
El barrio madrileño de la Cava Baja-calle Toledo ha sido históricamente suministrador de todo lo que se necesita para hacer una matanza y asuntos relacionados con el mundo rural; especies, tripas, pimentón, cuchillería, sacos, etc[9]. Fue una época en la que los pueblos de nuestro entorno y de las provincias limítrofes carecían de las cosas mas elementales por lo que venían sus habitantes en coches de línea a comprar aquí y si su lugar de origen era algo alejado y no podían hacer las gestiones en el mismo día se hospedaban en las diversas posadas de la Cava hasta el día siguiente[10].
Hay en la actualidad asociaciones de todo tipo, mayoritariamente de ámbito regional, que hacen matanzas didácticas que difieren bastante de las matanzas domiciliarias porque son actos festivos en los se consume todo el animal sin hacer embutidos. Desde hace años está terminantemente prohibido dar muerte al animal públicamente porque aparte de ser algo desagradable por los gritos desgarradores hiere la sensibilidad de muchas personas y sobre todo se evita que lo vean los niños presentes[11] y por tanto se compra el guarro muerto en carnicería o matadero y se despieza y cocina al aire libre sin problema legal.
Finalizamos con algunos dichos matanceros:
DEL GUARRO SE APROVECHA TODO. La frase lo dice todo.
DEL GUARRO GUSTAN HASTA LOS ANDARES. Todo lo del cerdo está “güeno”.
SI QUIERES SABER COMO ES TU CUERPO MATA UN PUERCO. Dicho por los matarifes pues parece ser que guarda un gran parecido.
ATAR A LOS PERROS CON LONGANIZA. Dicho que proviene de Candelario por un suceso que allí ocurrió.
Autor: José Manuel Seseña.
En este blog también colaboran: Angel Caldito y Ricardo Márquez.
Fuente fotográfica:
MUÑOZ GARCÍA, Azahara. “El ritual de la matanza del cerdo en
Valdecaballeros (Badajoz)”. Culturas Populares. Revista Electrónica 5
(julio-diciembre 2007), 28pp.
http://www.culturaspopulares.org/textos5/articulos/munoz.pdf
ISSN: 1886-5623
Notas:
[1] Este refrán se utiliza de forma peyorativa a todo aquel que tiene un comportamiento “desleal” por llamarlo de una forma suave.
[2] Una de las tradiciones ancestrales es en La Alberca con el “marrano de San Antón”.
[3] Según se alimente al cerdo así será el sabor de su carne. De ahí la importancia de que la base de su dieta sea la bellota.
[4] En Cercedilla hubo dos cochiqueras en el “Corralón”, zona de la parte alta del “Empedrado” junto a la Iglesia Parroquial de San Sebastián, y para los que éramos de ciudad en los años 50 y 60 quedábamos extasiados de ver a los cerdos comer con tanta gula.
Por otra parte en el actual Pasaje de las Eras, estaban reunidas numerosas cochiqueras y los animales barruntaban la comida que muchas veces no era para ellos sino para los de al lado, era un concierto de chillidos. Y cosas de chavales, cuando estaban tranquilos nos acercábamos a tirarles piedras pequeñas cuando estaban tranquilos para oírles enfadar.
[5] La menstruación no implica necesariamente que dé lugar a que se estropee la chacina, pero es un hecho comprobado que cuando una matanza se ha echado a perder con la aparición de gusanos es porque alguna mujer que ha participado en la elaboración tenía el ciclo. Por eso se busca la fecha mas adecuada para la dueña de la casa como medida de precaución y cuando alguna vecina colaboradora habitual lo tiene se abstiene de acudir a ayudar en la agotadora tarea que supone una matanza para todo el mundo, siendo comprensible su ausencia por todos los demás participantes.
[6] Al cerdo se le capa desde muy pequeño con el fin de evitar que esté en celo en el momento de la matanza ya que en estas circunstancias la carne tiene muy mal sabor. Es una operación que no requiere especiales cualidades para quien la realiza.
Capar un cerdo mayor puede ser peligroso porque existe el riesgo de que muera desangrado, sin embargo capar cerdas precisa de una habilidad que muy pocas personas la poseen y por eso están muy solicitadas, permitiéndose el poder decir “hasta que no haya tantas, no me desplazo a tal sitio”.
[7] Presencié varias matanzas y en todas fue habitual una botella de anís y otra de coñac, con un vaso para cada una. Todos bebían del mismo vaso pero lo mas importante era que en el de anís no se echaba coñac o viceversa. Sorprendente forma de no mezclar sabores.
[8] En Zafra tiene lugar la Bacanal de la Grasa el domingo de Carnaval donde los asistentes hacen oídos sordos a las recomendaciones médicas sobre el colesterol, ingiriendo todo tipo de productos derivados del cerdo que a pesar de todo hacen las delicias del estómago: panceta, chorizo, morcilla, morcón, etc.
[9] En los años cincuenta y sesenta, la desaparecida tienda de ultramarinos Villasante, sita en la esquina de Toledo con San Millán, al llegar Noviembre ponía en el escaparate de San Millán multitud de platillos de todo tipo de especies y variedades de pimentón y al lado una pequeña figura calva de un matarife con un cuchillo en la mano junto a un cerdo boca arriba al que acababa de degollar, dispuesto para empezar el despiece.
[10] Por citar un ejemplo que hoy nos resulta anecdótico es el autocar de línea Madrid-Leganés, de color amarillo, que partía en Madrid de la calle Escalinata donde tenía el despacho de billetes.
[11] El transporte de ganado vivo está regulado por la Unión Europea a fin de evitar estrés a los animales, marcando las horas que pueden estar embarcados y el espacio mínimo que han de que tener.
Investigación sobre barrios desaparecidos y actuales, de Madrid. Viejos estudios cinematográficos de Madrid. Historias con encanto del Madrid antiguo. Viejos tranvías madrileños.
jueves, 3 de diciembre de 2009
domingo, 29 de noviembre de 2009
Viaje Virtual en el tranvía C - Sexta Jornada
Un trolebús atraviesa la Plaza de la Independencia para dirigirse a la calle de Serrano. Tras él un tranvía C se encamina hacia Alcalá haciendo el recorrido inverso a las agujas del reloj.
Para llegar a Plaza Mayor, final de nuestro recorrido virtual, continuo rápidamente por la calle de Toledo a partir del final de la quinta jornada en San Millán, pues este tramo lo he comentado en la primera jornada.
Al fin entro orgulloso en la Plaza Mayor con toda majestad por el arco de la calle de Toledo cediéndome el paso los tranvías que quieren salir de ella, acto de cortesía para no tener que detenerme en la rampa. Me siento como si fuera un atleta de maratón que llega destacado al Estadio Olímpico al que tiene que dar una vuelta de honor antes de pasar la meta, pues paso por delante de la Casa de Carnicería hasta detenerme delante de la Casa de Panadería dispuesto a iniciar nuevo viaje.
Quiero enviar un saludo de recuerdo a todos mis compañeros tranvías que han compartido conmigo alguna parte del itinerario o me he cruzado con ellos en alguna intersección. Espero, como se dice en estos casos, que no se me olvide ninguno, que son los de las líneas 2, 4, 6, 7, 9, 15, 17, 31, 32, 34, 35, 36, 37, 40, 45, 49, 50, 52, 60, 61, 63, 70, 71, 80 y sin número de la Ciudad Universitaria. Extiendo también el saludo a aquellos con los que no he coincidido que son los de las líneas de Cuatro Vientos, Hospital Militar y Compañía Madrileña de Urbanización.
Tranvía General Electric pasando por Bailén esquina a Angosta de los Mancebos, inmediatamente antes del Viaducto. Circula en el sentido de las agujas del reloj.
Todo en la vida tiene un principio y un final y a mí me hacen desaparecer el 20 de Agosto de 1.958, no sin antes recortarme el trazado para no pasar por la Plaza Mayor, alguna otra variación puntual del trazado que no es cosa que merezca detallar, y cambio de material por unificados y PCC’s. Han sido siete años y medio que he estado en funcionamiento, demasiado poco tiempo para tanto como tuve que esperar hasta que se decidieron los gestores a ponerme a circular.
Un tranvía unificado doblando en la esquina de Diego de León con Conde de Peñalver haciendo el recorrido del sentido de las agujas del reloj.
Este viaje no ha tenido mas pretensión que dar una breve pincelada del recorrido. Aquellos viajeros interesados en lo comentado no tienen mas que apearse en la parada “virtual” correspondiente para ver con mas detalle el punto que les resulte de interés a semejanza de los actuales autobuses turísticos de dos pisos. Agradezco a todos los que han tenido la paciencia de hacer el recorrido completo en las seis etapas que ha durado, y por eso les quiero hacer un “folleto virtual” con el detalle de las calles por las que he circulado.
SENTIDO AGUJAS DEL RELOJ (corresponde al viaje virtual)
PLAZA MAYOR
Toledo (Plaza Mayor-Plaza de la Cebada)
Plaza de la Cebada
Plaza Puerta de Moros
Carrera de San Francisco (Pl. Puerta de Moros-Pl. San Francisco)
Plaza de San Francisco
Bailén (Pl. de San Francisco-Pl. de España)
Plaza de España
Ferraz (Pl. España-Ventura Rodríguez)
Ventura Rodríguez (Ferraz-Princesa)
Princesa (Ventura Rodríguez-Hilarión Eslava)
Hilarión Eslava (Princesa-Fernández de los Ríos)
Fernández de los Ríos (Hilarión Eslava-Bravo Murillo)
Bravo Murillo (Fernández de los Ríos-Gl. de Quevedo)
Glorieta de Quevedo
Eloy Gonzalo (Gl. Quevedo-Gl. Iglesia)
Glorieta Pintor Sorolla (Gl. Iglesia)
Paseo General Martínez Campos (Gl. Iglesia-Gl. Emilio Castelar)
Glorieta Emilio Castelar
General Oraa (Gl. Emilio Castelar-Hermanos Bécquer)
Hermanos Bécquer (General Oraa-Diego de León)
Diego de León (Hermanos Bécquer-Conde de Peñalver)
Conde de Peñalver (Diego de León-Goya)
Goya (Conde de Peñalver-General Díaz Porlier)
General Díaz Porlier (Goya-Alcalá)
Alcalá (General Díaz Porlier-Pl. de la Independencia)
Plaza de la Independencia (Puerta de Alcalá)
Alfonso XII (Pl. de la Independencia-Av. de la Ciudad de Barcelona)
Avenida de la Ciudad de Barcelona (Alfonso XII-Pl. del Emperador Carlos V)
Plaza del Emperador Carlos V
Ronda de Atocha (Pl. Emperador Carlos V-Ronda de Valencia)
Ronda de Valencia (Ronda de Atocha-Gl. de Embajadores)
Glorieta de Embajadores
Ronda de Toledo (Gl. de Embajadores-Gl. Puerta de Toledo)
Glorieta Puerta de Toledo
Toledo (Gl. Puerta de Toledo-Plaza Mayor)
PLAZA MAYOR
SENTIDO CONTRARIO AGUJAS DEL RELOJ
PLAZA MAYOR
Toledo (Plaza Mayor-Puerta de Toledo)
Glorieta Puerta de Toledo
Ronda de Toledo (Gl. Puerta de Toledo-Gl. de Embajadores)
Glorieta de Embajadores
Ronda de Valencia (Gl. de Embajadores-Ronda de Atocha)
Ronda de Atocha (Ronda de Valencia-Pl. Emperador Carlos V)
Plaza del Emperador Carlos V
Avenida de la Ciudad de Barcelona (Pl. del Emperador Carlos V-Alfonso XII)
Alfonso XII (Av. de la Ciudad de Barcelona-Pl. de la Independencia)
Plaza de la Independencia (Puerta de Alcalá)
Alcalá (Pl. de la Independencia-Av. Felipe II)
Avenida de Felipe II (Alcalá-Narváez)
Narváez (Av. Felipe II-Conde de Peñalver)
Conde de Peñalver (Goya-Diego de León)
Diego de León (Conde de Peñalver-Hermanos Bécquer)
Hermanos Bécquer (Diego de León-General Oraa)
General Oraa (Hermanos Bécquer-Gl. Emilio Castelar)
Glorieta Emilio Castelar
Paseo General Martínez Campos (Gl. Emilio Castelar-Gl. Iglesia)
Glorieta Pintor Sorolla (Gl. Iglesia)
Eloy Gonzalo (Gl. Iglesia-Gl. Quevedo)
Glorieta de Quevedo
Arapiles (Gl. Quevedo-Magallanes)
Magallanes (Arapiles-Fernando el Católico)
Fernando el Católico (Magallanes-Arcipreste de Hita)
Arcipreste de Hita (Fernando el Católico-Meléndez Valdés)
Meléndez Valdés (Arcipreste de Hita-Princesa)
Princesa (Meléndez Valdes-Ventura Rodríguez)
Ventura Rodríguez (Princesa-Ferraz)
Ferraz (Ventura Rodríguez-Pl. España)
Plaza de España
Bailén (Pl. de España-Pl. de San Francisco)
Plaza de San Francisco
Carrera de San Francisco (Pl. San Francisco-Pl. Puerta de Moros)
Pl. Puerta de Moros
Plaza de la Cebada
Toledo (Pl. de la Cebada-Plaza Mayor)
PLAZA MAYOR
Un General Electric acaba de entrar en la Plaza Mayor y se dispone a rendir viaje en la Casa de Panadería, situada en el lado opuesto.
P.D.
En homenaje a mi familia que de una forma indirecta incitaron mi pasión por los tranvías:
A mi padre (q.e.p.d.) que regresaba del trabajo andando desde Atocha hasta la Fuentecilla sin usar el billete de vuelta.
A mi madre que utilizaba por la tarde el billete de vuelta para que lo pasara distraído en la merienda al ser niño de muy mal comer. Así pude recorrer muchas veces de forma real lo que aquí se ha hecho de forma virtual.
A mis abuelos maternos, ha tiempo fallecidos, que todos los domingos me paseaban en tranvía y con ellos me desplacé a los Carabancheles, Legazpi, Bombilla con su cercano paso a nivel de San Antonio de la Florida, Cuatro Vientos, Alto de Extremadura...
Epílogo
Han pasado 365 días desde que iniciamos el viaje virtual. En este tiempo hemos ido recabando mas fotos sobre el tranvía de Circunvalación, algunas de las cuales las mostramos en esta última entrega.
Agradecimientos:
Queremos agradecer a César Ariño la cesión de la foto publicada en su libro “De Hispano a Pegaso” ,un documentado trabajo sobre los autobuses españoles.
Autor: José Manuel Seseña.
En este blog también colaboran: Angel Caldito y Ricardo Márquez.
Enlaces a jornadas las anteriores: Primera – Segunda – Tercera – Cuarta – Quinta.
miércoles, 25 de noviembre de 2009
Cine-Tren
El tren ya había sido utilizado en varias atracciones de feria como espectáculo panorámico, los llamados «Moving Panoramas». En la Exposición Universal celebrada en París en 1900 -Exposición clave para la difusión del cine en el mundo-, uno de estos «Panoramas móviles» -quizá de los más elaborados- que reproducía la ilusión de un viaje en el «Transiberiano» desde Moscú a Pekín por medio de unos fondos pintados que iban tras las ventanillas de los vagones. Esta forma de ver el cine, era una más de las que por entonces convivía con la curiosidad del público como el «Cineorama» de Grimoin-Sanson, las «Vistas sincronizadas» de Gaumont, el «Fono-cinema teatro» de Clément Maurice y las proyecciones en pantallas gigantes dirigidas por los hermanos Lumière. En la siguiente «Exposición Universal», la de 1904 en St. Louis, comenzaron los experimentos de los célebres Hale´s Tours. En 1904 un capitán de bomberos llamado George C. Hale creó junto con otros dos socios un viaje simulado en tren.
Manteniendo la estructura de un vagón de tren, perfeccionaron la sensación de realismo de los fondos incorporando la proyección de imágenes filmadas previamente desde un tren que se proyectaban en una gran pantalla y la cual podían visionar los espectadores sentados en ligera pendiente. En 1905, recorrería Bélgica el «Tren-Barraca» de J. Claeys denominado «Le Grand Theatre Cinematographique Viographe». Partiendo de Bruselas, ésta caravana con aspecto de ferrocarril arrastró por carretera un cinematógrafo que pesaba 32 toneladas, que se desplegaba en un pabellón de 320 metros cuadrados y que estaba equipado con un órgano.
Hubo diferentes variaciones de este espectáculo, pero al final la que más perduró fue una sala en forma de vagón que podía sentar hasta 144 personas. La parte delantera de este vagón estaba abierto y daba a una pantalla sobre la que se proyectaba una secuencia de unos diez minutos. Las películas mostradas se habían filmado desde la parte delantera de un tren en marcha.
Para aumentar el realismo, el vagón-sala se balanceaba ligeramente y se oía el característico traqueteo de las ruedas sobre los raíles. Tal fue el éxito de éste espectáculo que en 1907 se habían abierto más de quinientas concesiones en todos los Estados Unidos y por todo el mundo.
Los «Cine-Trenes» también se acabarían incorporando a Madrid, en las calles San Bernardo, Atocha y Montera, entre 1909 y 1916 aproximadamente. Los más conocidos serían: «Cinemaway», «Metropolitan Cinematour» y «Wagon Cinema». Las películas que se proyectaban en su interior no se diferenciaban de la realidad, eran filmaciones de recorridos por la geografía española o la extranjera: realizaban la función de suplantar la experiencia del viaje real. En el Metropitan Cinematour, se ofrecían desde las 4 de la tarde, viajes por España y el Extranjero. Ente ellos estaban los viajes en tranvía por Madrid, un paseo de Orense a Vigo o un viaje de Madrid a San Sebastián.
Publicidad de los cines en los periódicos de la época.
Los cines-tren de Madrid más importantes fueron:
Del primero que se tiene conocimiento es del instalado en la Calle Ancha de San Bernardo esquina a la Calle Luna.
Cinemaway, en la Calle Montera, 10, inaugurado en 1903 y su propietario fue Enrique Blanco.
Metropolitan Cinematour, en la Calle atocha,115, inaugurado en 1911. El taquillero que iba vestido como expendedor de los billetes de los ferrocarriles, vendía las entradas semejantes a billetes de tren, para darle más realismo al espectáculo.
Wagón Cinema o Tren-Cine Atocha, en la Calle Atocha, 159, inaugurado el 22 de noviembre de 1916.
Aunque nos pueda parecer una cosa ya fuera del tiempo, hoy en día se utilizan trailers para hacer pequeñas proyección publicitarias con el sistema de cine 3D, como el utilizado por la Consejería deTurismo la Junta de Extremadura. Tampoco debemos de perder de vista las máquinas de las Salas Recreativas, que cada vez investigan más para dar una sensación de realidad, con movimiento, traqueteo, y algún golpe que otro.
Autor: Angel Caldito.
En este blog también colaboran: José Manuel Seseña y Ricardo Márquez.
Fuentes:
Ayuntamiento de Guadalajara- Méjico
BNE,
Madrid y el cine, de Pascual Cebollada y Mary G. Santa Eulalia.
Los primeros veinticinco años de cine en Madrid, de Josefina Martínez.
George C. Hale
Manteniendo la estructura de un vagón de tren, perfeccionaron la sensación de realismo de los fondos incorporando la proyección de imágenes filmadas previamente desde un tren que se proyectaban en una gran pantalla y la cual podían visionar los espectadores sentados en ligera pendiente. En 1905, recorrería Bélgica el «Tren-Barraca» de J. Claeys denominado «Le Grand Theatre Cinematographique Viographe». Partiendo de Bruselas, ésta caravana con aspecto de ferrocarril arrastró por carretera un cinematógrafo que pesaba 32 toneladas, que se desplegaba en un pabellón de 320 metros cuadrados y que estaba equipado con un órgano.
Hubo diferentes variaciones de este espectáculo, pero al final la que más perduró fue una sala en forma de vagón que podía sentar hasta 144 personas. La parte delantera de este vagón estaba abierto y daba a una pantalla sobre la que se proyectaba una secuencia de unos diez minutos. Las películas mostradas se habían filmado desde la parte delantera de un tren en marcha.
Para aumentar el realismo, el vagón-sala se balanceaba ligeramente y se oía el característico traqueteo de las ruedas sobre los raíles. Tal fue el éxito de éste espectáculo que en 1907 se habían abierto más de quinientas concesiones en todos los Estados Unidos y por todo el mundo.
Los «Cine-Trenes» también se acabarían incorporando a Madrid, en las calles San Bernardo, Atocha y Montera, entre 1909 y 1916 aproximadamente. Los más conocidos serían: «Cinemaway», «Metropolitan Cinematour» y «Wagon Cinema». Las películas que se proyectaban en su interior no se diferenciaban de la realidad, eran filmaciones de recorridos por la geografía española o la extranjera: realizaban la función de suplantar la experiencia del viaje real. En el Metropitan Cinematour, se ofrecían desde las 4 de la tarde, viajes por España y el Extranjero. Ente ellos estaban los viajes en tranvía por Madrid, un paseo de Orense a Vigo o un viaje de Madrid a San Sebastián.
Cinemaway
Proyecto del arquitecto Enrique Pfitz López para el Wagón Cinema
Publicidad de los cines en los periódicos de la época.
Periódico La Correspondencia de España del 11-03-1912
Periódico La Correspondencia de España del 24-11-1911
Periódico El Liberal del 27-11-1916
Los cines-tren de Madrid más importantes fueron:
Del primero que se tiene conocimiento es del instalado en la Calle Ancha de San Bernardo esquina a la Calle Luna.
Cinemaway, en la Calle Montera, 10, inaugurado en 1903 y su propietario fue Enrique Blanco.
Metropolitan Cinematour, en la Calle atocha,115, inaugurado en 1911. El taquillero que iba vestido como expendedor de los billetes de los ferrocarriles, vendía las entradas semejantes a billetes de tren, para darle más realismo al espectáculo.
Wagón Cinema o Tren-Cine Atocha, en la Calle Atocha, 159, inaugurado el 22 de noviembre de 1916.
Aunque nos pueda parecer una cosa ya fuera del tiempo, hoy en día se utilizan trailers para hacer pequeñas proyección publicitarias con el sistema de cine 3D, como el utilizado por la Consejería deTurismo la Junta de Extremadura. Tampoco debemos de perder de vista las máquinas de las Salas Recreativas, que cada vez investigan más para dar una sensación de realidad, con movimiento, traqueteo, y algún golpe que otro.
Autor: Angel Caldito.
En este blog también colaboran: José Manuel Seseña y Ricardo Márquez.
Fuentes:
Ayuntamiento de Guadalajara- Méjico
BNE,
Madrid y el cine, de Pascual Cebollada y Mary G. Santa Eulalia.
Los primeros veinticinco años de cine en Madrid, de Josefina Martínez.
sábado, 21 de noviembre de 2009
Ir de Tapas
Una costumbre madrileña, aunque no exclusiva de nuestra ciudad, es “Ir de tapas”, un acto de confraternización por el cual amigos, amigas y amigos y amigas, se reúnen las mas de las veces sin nada que celebrar, pero que sirve para profundizar la amistad, que no es poco en los tiempos que corren de exceso de estrés y de falta de tiempo. Recibe también otros nombres como son “Ir de tapeo”, “Ir de cañas”, “Tomar unos vinos”, “Tomar el vermut”, “Tomar unas raciones”, “Tomar el aperitivo”, etc.
El origen del nombre de “tapa” se pierde en la noche de los tiempos y hay varias teorías sobre ello. Una de ellas es que en los mesones y figones cuando además de vino se pedía algo de comer, se ponía la rebanada de pan sobre la jarra “tapando” su abertura, lo cual no dejaba de ser un acto de higiene pues ponerla directamente sobre el mostrador o sobre la mesa, dudosamente limpios, debía de dar reparo, ya que la existencia de vajilla solo estaba al alcance de los pudientes.
Otras fuentes dicen que viene de la orden que dictaron los Reyes Católicos recordando que en los relevos de postas, donde se hacían paradas de descanso que servían para que los viajeros “estiraran los pies” y “saciaran el estómago”, los venteros tenían que servir gratuitamente a los cocheros una jarra de vino y una loncha de jamón que “tapara” su embocadura, pues al parecer esta norma, en vigor desde mucho antes, se estaba relajando al menguar su tamaño por la racanería de los mesoneros. Este mandato fue dictado porque la carencia de alimento sólido del conductor ponía en peligro la circulación de diligencias lo que era causa de preocupación real, quizá debido a la existencia de accidentes por este motivo ¡Desde qué tempranas fechas surge la necesidad de controlar la alcoholemia!
Íntimamente relacionados con el tapeo están también los aperitivos y las raciones, mas habituales que las tapas. Cada establecimiento hostelero varía considerablemente el contenido de estas especialidades gastronómicas por lo que es difícil comparar precios y calidades, pero haciendo una definición muy simplista podemos decir que las raciones son mas grandes que las tapas y los aperitivos son muchas veces una pequeña muestra de las raciones con los que se nos incita a tomarlas si han sido de nuestro agrado[1].
Las raciones se degustan normalmente con vino tinto o cerveza “con” o “sin”, aunque hay lugares singulares en el callejero madrileño donde también se acompañan con vino de Ribeiro, vermut, sidra, cerveza negra, etc. siendo las mas apreciadas por el consumidor madrileño las de calamares, oreja, gambas a la plancha y patatas bravas, abreviadamente “bravas”, que figuran en el repertorio de prácticamente todos los establecimientos que hacen raciones de cocina, y si lo es a media mañana no podemos olvidarnos de los exquisitos pinchos de tortilla, chorizo o morcilla y los “pepitos” de ternera, extraordinarios “tentempiés” para desayunar en oposición a las clásicas raciones de porras o churros.
La variedad de raciones elaboradas es enorme, de ahí el rótulo “Tapas variadas”, pues a las ya mencionadas hay que añadir las de sepia a la plancha, “champi” castiza abreviatura de champiñón, lacón a la plancha, pulpo a la gallega o a la vinagreta, fritura de pescado, sardinas asadas, carne con tomate o al ajillo, callos a la madrileña, chopitos, pinchos morunos ...[2]. Nuevas especialidades foráneas han aparecido con la llegada de emigrantes de todas las partes del mundo que nos muestran en establecimientos típicos su gastronomía condimentada con diferentes aditivos y/o ingredientes.
Los aperitivos tienen un abanico mucho mayor que las raciones, y por citar dos específicos habituales en muchos sitios, están las tazas de caldo de cocido que se sirven en invierno para mitigar el frío adicionadas a gusto del consumidor con unas gotitas de vino de jerez o amontillado, y el platito de paella con que se acompaña la consumición a la “hora del vermut” los domingos y festivos principalmente.
La gastronomía de la tapa ha adquirido gran popularidad y desarrollo pues se están haciendo en Madrid y en el resto de España “rutas de la tapa” en la que los establecimientos que se adhieren compiten en originalidad y buen gusto, con precios establecidos de antemano por la organización. Por si esto fuera poco se están realizando también certámenes en los que concurren los mas destacados gourmets de la especialidad, dando un toque personalísimo a la tapa con nuevos y sofisticados ingredientes que tienen como resultado final un producto con ciertos puntos de exotismo.
Vamos a concluir con un brevísimo recorrido por el Madrid del tapeo mencionando la zona donde hay establecimientos que se han especializado en una determinada tapa o ración, obviamente sin citarlos porque ni están todos los que son ni son todos los que están:
-Calamares por la Plaza Mayor y alrededores, tomados también en “bocatas”.
-Gambas a la plancha o al ajillo por la calle de la Victoria.
-Bravas por la Plaza Mayor, Quintana, etc.
-Tajadas de bacalao junto a la calle de Preciados y Puerta Cerrada.
-Caracoles en la calle de Toledo.
-Pollo asado y empanada en el Paseo de la Florida.
-Gallinejas y Entresijos por las calles de Embajadores y General Ricardos.
-Torrijas de vino por la calle Bailén.
-Churros y chocolate a la taza por la calle Bordadores.
-Chuletas en la carretera de Barcelona.
- Rabos de toro en la zona de las Ventas.
Autor: José Manuel Seseña.
En este blog también colaboran: Angel Caldito y Ricardo Márquez.
[1] La forma de presentación de las raciones varía de unos lugares a otros, en unos lo son en bandejas, en otros en platos y también en cazuelas de barro aunque dependiendo del producto. Las dimensiones del recipiente difieren y es aquí donde radica la disparidad.
Con los aperitivos pasa tres cuartos de lo mismo, pues algunos establecimientos los hacen tan abundantes que son realmente tapas.
[2] A las raciones de cocina hay que añadir las de marisco en sus diversas variedades y las “verbenas” de ahumados y también las de queso, embutido y jamón que requieren sapiencia en el corte para apreciarlos en todo su sabor.
Por otro lado las normas higiénicas cada vez rigurosas en defensa de la salud ha hecho disminuir la oferta de ensaladilla rusa y la práctica desaparición de los boquerones en vinagre.
martes, 17 de noviembre de 2009
El Cerro de la Cabaña – Barrio desaparecido de Madrid. (2ª parte)
Tenemos el placer de presentaros el relato de Pedro Gómez, un vecino del Cerro de la Cabaña, como continuación del anterior artículo. Pedro tiene una memoria prodigiosa y nos dará un paseo por lo que fue el barrio, muy parecido a la mayoría de los barrios de la periferia de Madrid. A diferencia del anterior artículo, donde vimos la historia desde el punto de vista evolutivo y administrativo, en este veremos lo que sentía un niño nacido y crecido en el barrio, con un lenguaje muy coloquial, el que en aquel entonces se utilizaba, por lo que pedimos que si algunas palabras son mal sonantes, debemos de considerarlas dentro de su contexto en el pasado. Puedo asegurar que decir tontita o loco, era dicho por los que éramos los vecinos del barrio con el mayor cariño y compasión posible. Hoy en día decimos depresión, crisis, stress,....
Hacemos una mezcla de todos los correos electrónicos que hemos intercambiado y añadimos algunos datos más que nos han aportado vecinos y familiares, pues cuando se empieza a recordar entre unos y otros vamos recomponiendo nuestra memoria.
Esperamos que disfrutéis del relato y le echéis un poco de imaginación aquellos que nunca lo conocisteis.
El Cerro de la Cabaña era un barrio humilde donde todo el mundo se conocía, los había mas humildes, los comprendidos entre Bueso Pineda y Cuesta de Queremón, y menos humildes, los comprendidos entre López de Hoyos y Arturo Soria. Dentro de esa almendra (calles: Eusebio Martínez Barona – Alejandro Chacón – Agastia – Celeste – José de Silva – Arturo Baldasano – Justo Martínez – Tritón), estábamos nosotros mezclados, unos mejor y otros peor, pero nadie ostentaba de riqueza, porque quitando al señor Julio Baena (dueño de la tahona) nadie tenia coche, a lo sumo moto. En aquellos años, los chicos de nuestra edad en lo que menos pensábamos es en si eras el hijo del tendero o del albañil. El Cerro, al contrario que las Casitas que no disponía de ningún comercio (dependían del Cerro o del Ventorro), podía presumir de todo tipo de establecimientos.
La fábrica de pan Julio Baena. Esta fábrica tenía varios despachos de su propiedad repartidos por Madrid, aparte de que repartía a otros despachos. En aquella época el transporte se realizaba en carros tirados por mulas. Los chicos del barrio esperábamos que llegaran para coger de las canastas los coscurros de pan que quedaban en ellas y algunos palos nos llevábamos. También era una practica habitual que cuando llegaban las fiestas navideñas los vecinos llevaran los corderos para asarlos a la tahona.
Todas las calles del Cerro estaban sin asfaltar. En la confluencia de las calles Celeste con Agastia, que era donde estaba la tahona, la calle hacia una pendiente muy pronunciada y era cuando a las mulas les costaba mas subir; entonces aprovechábamos nosotros para subirnos al carro. Creo recordar que las primeras calles que se asfaltaron fueron: Angel Muñoz – Agastia – Bueso Pineda, luego Arturo Baldasano – Celeste – Eusebio Martínez Barona; y las calles Triton - Justo Martínez pasaron mas años.
Enfrente de la tahona empezaron ha construir una gran casa de dos pisos para cuando se casara Gloria, la hija del Sr. Julio. Se la paralizaron los de urbanismo, y así se quedo. La utilizaban para guardar los carros y pesebre de las mulas. También hacia las veces de garaje para un Mercedes modelo Lola Flores de color negro, yo creo que fue el único coche que tuvo el Sr. Julio.
En aquellos primeros años no había teléfono en el barrio, dependíamos del teléfono de la tienda de ultramarinos de Terán, que también disponía de bar. En esta tienda se hacia prácticamente el abastecimiento pues disponía de legumbres, embutidos, conservas,... en fin, lo que era en esa época una tienda de ultramarinos. El bar era el mas transitado del barrio porque aparte de los productos típicos de un bar acudíamos a la hora de comer a por el vino, la gaseosa, el sifón, e incluso el hielo que echábamos en un barreño y poníamos las cosas a refrescar. Cuando le suministraban el vino el camión traía unas cubas de madera que las bajaban del camión poniendo dos palos desde la caja del camión al suelo en forma de rampa. Otras veces se lo suministraban a granel, porque Pepe tenia cubas grandes en el sótano y transportaban el vino de unas cubas a otras con una manguera conectada a una bomba manual. Los camiones que le traían las cervezas o coca colas les costaba trabajo subir la cuesta, lo que aprovechábamos para coger si podíamos alguna botella colocándonos detrás del camión para que no nos viera el conductor. Mas de una vez nos tocó correr.
Seguido de la tienda estaba la carnicería de Eduardo, que también tenia acceso desde la tienda.
Bar de Santana. Alejandro, que era el dueño, tiene una hija que se llama Encarnita y un hijo que se llama Alejandro. Al morir Alejandro (padre) la mujer siguió con el bar y al casarse la Encarnita, el marido y ella siguieron con el negocio. En los años cuarenta y tantos el bar era además baile, y luego por los años sesenta el hijo también hacia bailes los domingos. Por esos años también fue gimnasio de boxeo. Allí entrenaban púgiles conocidos ya que el gimnasio lo llevaba Casanova, famoso púgil cubano de los años 40 que se afincó en Madrid. Solo añadir una cosa, en él se celebraban también bautizos o comuniones. Tu comprabas las barritas de pan en la tahona y en tu casa las rellenabas de lo que fuera y las llevabas al bar, donde ponían la limonada o lo que se tomara.
Había otro despacho de pan mas abajo de la tienda en la misma acera, era el de la Sra. Julia.
El barrio tenía dos talleres de zapatería, uno en mi casa en el que trabajaba mi tío Julián, y otro mas abajo de Terán, en la misma acera, que se llamaba Gavilán.
Al final de la calle Justo Martínez estaba la cacharrería más importante del barrio, la de la señora Florentina y el señor Eusebio. Allí se encontraba de todo, desde material de papelería, hasta tuercas, sin olvidar cualquier cacharro para la casa o las golosinas para los niños. Era la finca más grande del barrio, tenía un patio muy grande con gallineros a todo lo largo de una de las paredes.
Había una frutería en la calle Celeste, la de Sole, y una pequeña pescadería seguida de la tahona. Más hacía Arturo Soria, estaba la fábrica de camas Peña Vargas que tenia la entrada por la c/ Celeste y la vivienda por la c/ José de Silva.
Pasada la tahona estaba el alfar en la misma calle Celeste. El alfar comprendía toda la manzana hasta la calle José de Silva. Había otro alfar en la calle José de Silva contiguo al estanco, que aunque coincidían los hornos, no pertenecían al mismo dueño.
Estaba el bar de Villa Carmen en la calle Arturo Baldasano que también hacían baile los domingos. Este bar tuvo una de las primeras televisiones y cuando echaban un partido, o una corrida, si querías verlo te cobraban un duro o te tenias que tomar algo; esa costumbre era en casi todos los bares que tenían televisión. En la entrada del bar había un taller de motos, pues el marido de la hija del dueño del bar trabajaba en la fábrica de Vespa y puso un tallercito. El bar recibía el nombre por la mujer del dueño que se llamaba Carmen, él se llamaba Ceferino.
En la esquina de la calle Arturo Baldasano con Alejandro Chacón vivía la señora Vicenta. Era una frutería - cacharrería que vendía de todo: chucherías (golosinas que decíamos antes), tebeos, peones, en fin de todo, lo mismo que la cacharrería de la Florentina.
Había otra cacharrería al final de la calle Celeste llamada el Rinconcillo. El dueño se llamaba Santiago. Allí íbamos a por el petróleo y los gusanos de seda que vendía.
Un poco mas arriba del bar Santana había una peluquería de señoras, y enfrente un taller de cerrajería en el que yo empecé a trabajar con trece años, ese fue mi primer oficio. Se hacían sillas de jardín y terraza.
En el cruce de Agastia con José Silva estaba el estanco de Manolo, hermano de Pepe, que era además mercería. Luego al morir Manolo se quedó solo en estanco, Manolo tenia además una tienda de ultramarinos en la calle Bravo Murillo esquina a Teruel. Allí se encontraba el único buzón del barrio.
En la esquina opuesta al estanco, en medio de la calle José Silva, estaba el transformador electrico, una especie de torre de ladrillo rojo visto, desde el que se distribuía todo el tendido de cables del Cerro.
En la calle Eusebio Martínez Barona estaba la carpintería “MI HUCHA “ a la que recurría todo el barrio cuando se le rompía una silla, banqueta, mesa,...
Seguido de la carpintería había otra tienda, la de la señora Felipa. Se dedicaba a la venta de cebada, trigo, maíz, salvado, harina,.. en fin toda clase de piensos.
Al fondo de la calle Tritón, en el arroyo, estaba la vaquería de Ambrosio que abastecía de leche a todo el barrio y a las Casitas, ¡que ricos los calostros que nos daba cuando paría una vaca!, se le llamaba requesón.
Había otro despacho de leche en la calle Agastia antes de llegar a Angel Muñoz.
En la calle Angel Muñoz estaba la fábrica de membrillo y caramelos Chacón. Esta fábrica tiraba la basura en los cerros de la iglesia y allí íbamos los chicos a por los caramelos que iban entre la basura. Era una fábrica bastante importante.
En la calle Tritón había un taller en el que hacían hornillos. La señora Lorenza, su marido y sus hijos llevaban el negocio. Fue la primera casa en tener televisión del barrio.
Del colegio que había en la calle Justo Martínez hay poco que contar. El colegio no tenia ningún nombre especifico, se le conocía por el del Cerro. Yo no fui a ese colegio a pesar de vivir al lado pero lo conocí perfectamente. El que daba a la calle era el de las niñas y el que se entraba por el callejón de la Clara era el de los niños. Recuerdo el nombre de la maestra doña Asunción pero no el del maestro. Por dentro el colegio tenia dos filas de pupitres, una a cada lado y un pasillo en medio que daba a la mesa donde estaba el maestro. El colegio dejo de ejercer por el año 67 – 68 aproximadamente no lo puedo asegurar.
En el Cerro había algunas personas que eran famosos por su trayectoria, por ejemplo el torero, que vivía en la calle Tritón, se pasaba el día borracho se subía a la vía (Ciudad Lineal) y paraba los tranvías. Por la Nochebuena cogía un pandero e iba casa por casa a que le dieran una copa.
Había otro hombre conocido por Juanito el tonto. Era hijo de familia pudiente y estaba trastornado de estudiar, decían que para piloto. Venía por el Cerro y cuando pasaba un avión miraba hacia arriba y decía, ese es el de tal hora y tal destino ya he dado ordenes para lo que fuera, para lo que se le ocurriera, este también daba ordenes a los tranvías. Por ejemplo, se subía y les decía, vas con retraso da la vuelta en el ruedo y le decían: vale Juanito, ahora doy la vuelta comunícaselo al inspector, y así se tiraba todo el día.
Otro asiduo del Cerro era Gabriel. Este chico vivía en las cuevas de la iglesia, y también estaba un poco chiflado. Las cuevas quiero recordar que eran cuatro, estaban perfectamente equipadas dentro de lo que se podía, la entrada sin puertas solamente una cortina, estaban pintadas de cal, el exterior y el interior, disponían de cocina, comedor y habitación. Lo que no disponían era de váter, claro que váter no teníamos ni nosotros en las casas, el váter para muchos era el basurero que estaba detrás de la cacharrería. Creo que las cuevas desaparecieron cuando hicieron el campo de fútbol allá por los años 60. Se marcharon a vivir a San Blas.
Gabriel siguió viniendo por el barrio. Se tiraba todo el día acarreando agua de la fuente que había donde los locos porque la gente que vivía en la calle Eusebio Martínez Barona les pillaba lejos la que había en mi casa y la que había en López de Hoyos. Le encargaban que trajera viajes de agua, utilizaba los cubos y el aro, y cuando le traía agua a una pues le mandaba la otra, siempre le daban algo.
Había otra mujer en el barrio que estaba tontita. Era la mujer del señor Mateos el de la carpintería de “ MI HUCHA “. Se tiraba todo el día dando vueltas a la manzana sin hablar con nadie, cuando llegaba la hora de comer la cogían, la metían en casa, comía y otra vez lo mismo, así todo el día.
Otra persona famosilla que pululaba por el barrio, quizás de la familia mas graciosa, era Lola y el marido Antonio (le llamábamos Moka, siempre andaba con el transistor puesto en la oreja y la cámara de fotos colgada al cuello). Eran como los otros un poco deficientes, ella era conocida por la Llorona y vivían en el descampado que había entre las calle Celeste y Arturo Baldasano.
Antes he nombrado los locos. Es el sanatorio de La Paz que hay en López de Hoyos, ese sanatorio en su origen era un psiquiátrico y cuando se escapaba algún interno bajaba para el barrio y había que llamar para que vinieran a buscarle. Algún problema acarreo algún loco. Hoy en día es un sanatorio de reposo y de personas nerviosas. En el Cerro hicimos un equipo de fútbol y como dejábamos las camisetas, las botas, el calzón, en fin, todo el equipo en la caseta del guarda del sanatorio, le pusimos de nombre La Paz. Cuando íbamos a jugar por el camino íbamos cantando lo siguiente: El equipo de la Paz, es un equipo Español, tiene cinco delanteros, que son artilleros, jugando el balón, la media es la mas jabata, la defensa la mejor, y el portero es un muchacho, que ni por alto ni bajo le cuelan un gol.
Quisiera hacer referencia a la única fuente en todo el Cerro. Hasta después de la guerra en el Cerro no había ninguna fuente. Las gentes tenían que ir a por el agua al Ventorro (al canalillo), y a lavar la ropa. Cogían la ropa, se bajaban al canalillo, la lavaban, la tendían en unos alambres que había y se la subían ya seca. Fue después de la guerra cuando cogieron el padre de la Antonia y otros una noche y engancharon de una tubería que venia a la tahona y amaneció al otro día la fuente. En su origen fue una fuente con un gran pilón.
De la Cuesta de Queremón realmente hay poco que resaltar pues el lado que daba a Lasical eran todo barrancos, solo había una casa por la mitad de la cuesta, era una familia que tenían dos hijos, chico y chica. El iba al colegio que iba yo, a los Castellanos en la Ciudad Jardín, se llamaba Perogordo, o era el apellido, y la hermana se llamaba Isabel. Algunas veces subían por el barrio. Que bueno que leyeran esto o alguien que les conociera. En la esquina de la c/ Escabiosa con la cuesta de Queremón había un bar salón de bodas, me acuerdo porque fui a una de un familiar de la Quinta, creo recordar que se llamaba la Bomba o algo parecido, había gran cantidad de mesas.
En el lado de la izquierda si había mas viviendas, además de que estaban los alfares. Creo recordar que eran dos. Ponían los tiestos y los barreños y las cazuelas a secar al sol en la calle. Al principio de la cuesta había un taller de tornero.
Quiero recordar por que también era muy conocida por el Cerro y las Casitas una casa que había en medio de la cuesta que bajaba al Ventorro, se la llamaba la casa negra porque tenia pintado de negro la fachada. Enfrente de esta casa había una boca de una cueva que se decía que había pertenecido a Luis Candelas. Algunos chicos del barrio llegaron a entrar pero creo que no mas allá de unos metros.
El chalet de Carmen Amaya. Esta era una “bailaora” flamenca gitana muy famosa por entonces. En la calle José Silva pasado el estanco con dirección a Arturo Soria e inmediato al alfar que antes he mencionado, tenía el chalet donde venían en el verano a descansar. Como quiera que también venía con toda su trupe de gitanos, estos por la noche se bajaban donde Pepe al bar a tomar algo y les daban las tantas cantando, palmeando, y bailando. Carmen Amaya murió en 1963 y el chalet fue conservado por una pareja de guardeses que también eran muy conocidos en el barrio.
También tenia el chalet enfrente del estanco Gracia Imperio, otra artista. Este permanecido en pié hasta hace poco, ahora solo queda el solar. Se decía que ahí se había cometido un crimen.
Toda la manzana que comprendía lo que ahora es las calles Las Cañas, Arturo Soria, Arturo Baldasano, hasta bajar enfrente del bar Villa Carmen, era un vivero. El dueño se llamaba Luis y la casa la tenían justo detrás de lo que actualmente es la gasolinera, que entonces no existía.
En fin, creo que he referenciado un poco lo que era el Cerro, no sé si me dejare algo por reseñar. La vida cotidiana de los chicos y chicas eran los juegos de entonces, de los chicos el peón, las chapas, el gua, tu la llevas, el burro, el aro, el carro de rodamientos, la piedra, los cromos,... subíamos a la vía a por piñas o a poner piedras y chapas en la vía del tranvía. De las chicas los bonis, los cromos, la comba, el diávolo ... nos cambiábamos tebeos, hacíamos colección de cromos y se pegaban en el álbum. Los juegos compartidos podían ser el escondite, la lima, en fin, lo mismo que cualquier otro barrio de la periferia de Madrid en esos años.
Con la ayuda de: Ricardo Márquez.
En este blog también colaboran: Angel Caldito y José Manuel Seseña.
Hacemos una mezcla de todos los correos electrónicos que hemos intercambiado y añadimos algunos datos más que nos han aportado vecinos y familiares, pues cuando se empieza a recordar entre unos y otros vamos recomponiendo nuestra memoria.
Esperamos que disfrutéis del relato y le echéis un poco de imaginación aquellos que nunca lo conocisteis.
-.-.-.-.-
Me voy a referir al Cerro, lo que era el barrio entre los años 40 al 75. El barrio lo vamos a parcelar en un rectángulo que comprenda las calles López de Hoyos – Arturo Soria – Bueso Pineda – Cuesta de Qreremón (actual calle Normas) - Escabiosa y López de Hoyos, sin tocar la parte del Ventorro del Tío Chaleco.El Cerro de la Cabaña era un barrio humilde donde todo el mundo se conocía, los había mas humildes, los comprendidos entre Bueso Pineda y Cuesta de Queremón, y menos humildes, los comprendidos entre López de Hoyos y Arturo Soria. Dentro de esa almendra (calles: Eusebio Martínez Barona – Alejandro Chacón – Agastia – Celeste – José de Silva – Arturo Baldasano – Justo Martínez – Tritón), estábamos nosotros mezclados, unos mejor y otros peor, pero nadie ostentaba de riqueza, porque quitando al señor Julio Baena (dueño de la tahona) nadie tenia coche, a lo sumo moto. En aquellos años, los chicos de nuestra edad en lo que menos pensábamos es en si eras el hijo del tendero o del albañil. El Cerro, al contrario que las Casitas que no disponía de ningún comercio (dependían del Cerro o del Ventorro), podía presumir de todo tipo de establecimientos.
La fábrica de pan Julio Baena. Esta fábrica tenía varios despachos de su propiedad repartidos por Madrid, aparte de que repartía a otros despachos. En aquella época el transporte se realizaba en carros tirados por mulas. Los chicos del barrio esperábamos que llegaran para coger de las canastas los coscurros de pan que quedaban en ellas y algunos palos nos llevábamos. También era una practica habitual que cuando llegaban las fiestas navideñas los vecinos llevaran los corderos para asarlos a la tahona.
Todas las calles del Cerro estaban sin asfaltar. En la confluencia de las calles Celeste con Agastia, que era donde estaba la tahona, la calle hacia una pendiente muy pronunciada y era cuando a las mulas les costaba mas subir; entonces aprovechábamos nosotros para subirnos al carro. Creo recordar que las primeras calles que se asfaltaron fueron: Angel Muñoz – Agastia – Bueso Pineda, luego Arturo Baldasano – Celeste – Eusebio Martínez Barona; y las calles Triton - Justo Martínez pasaron mas años.
Enfrente de la tahona empezaron ha construir una gran casa de dos pisos para cuando se casara Gloria, la hija del Sr. Julio. Se la paralizaron los de urbanismo, y así se quedo. La utilizaban para guardar los carros y pesebre de las mulas. También hacia las veces de garaje para un Mercedes modelo Lola Flores de color negro, yo creo que fue el único coche que tuvo el Sr. Julio.
En aquellos primeros años no había teléfono en el barrio, dependíamos del teléfono de la tienda de ultramarinos de Terán, que también disponía de bar. En esta tienda se hacia prácticamente el abastecimiento pues disponía de legumbres, embutidos, conservas,... en fin, lo que era en esa época una tienda de ultramarinos. El bar era el mas transitado del barrio porque aparte de los productos típicos de un bar acudíamos a la hora de comer a por el vino, la gaseosa, el sifón, e incluso el hielo que echábamos en un barreño y poníamos las cosas a refrescar. Cuando le suministraban el vino el camión traía unas cubas de madera que las bajaban del camión poniendo dos palos desde la caja del camión al suelo en forma de rampa. Otras veces se lo suministraban a granel, porque Pepe tenia cubas grandes en el sótano y transportaban el vino de unas cubas a otras con una manguera conectada a una bomba manual. Los camiones que le traían las cervezas o coca colas les costaba trabajo subir la cuesta, lo que aprovechábamos para coger si podíamos alguna botella colocándonos detrás del camión para que no nos viera el conductor. Mas de una vez nos tocó correr.
Bar de Santana. Alejandro, que era el dueño, tiene una hija que se llama Encarnita y un hijo que se llama Alejandro. Al morir Alejandro (padre) la mujer siguió con el bar y al casarse la Encarnita, el marido y ella siguieron con el negocio. En los años cuarenta y tantos el bar era además baile, y luego por los años sesenta el hijo también hacia bailes los domingos. Por esos años también fue gimnasio de boxeo. Allí entrenaban púgiles conocidos ya que el gimnasio lo llevaba Casanova, famoso púgil cubano de los años 40 que se afincó en Madrid. Solo añadir una cosa, en él se celebraban también bautizos o comuniones. Tu comprabas las barritas de pan en la tahona y en tu casa las rellenabas de lo que fuera y las llevabas al bar, donde ponían la limonada o lo que se tomara.
Había otro despacho de pan mas abajo de la tienda en la misma acera, era el de la Sra. Julia.
El barrio tenía dos talleres de zapatería, uno en mi casa en el que trabajaba mi tío Julián, y otro mas abajo de Terán, en la misma acera, que se llamaba Gavilán.
Al final de la calle Justo Martínez estaba la cacharrería más importante del barrio, la de la señora Florentina y el señor Eusebio. Allí se encontraba de todo, desde material de papelería, hasta tuercas, sin olvidar cualquier cacharro para la casa o las golosinas para los niños. Era la finca más grande del barrio, tenía un patio muy grande con gallineros a todo lo largo de una de las paredes.
Había una frutería en la calle Celeste, la de Sole, y una pequeña pescadería seguida de la tahona. Más hacía Arturo Soria, estaba la fábrica de camas Peña Vargas que tenia la entrada por la c/ Celeste y la vivienda por la c/ José de Silva.
Pasada la tahona estaba el alfar en la misma calle Celeste. El alfar comprendía toda la manzana hasta la calle José de Silva. Había otro alfar en la calle José de Silva contiguo al estanco, que aunque coincidían los hornos, no pertenecían al mismo dueño.
Estaba el bar de Villa Carmen en la calle Arturo Baldasano que también hacían baile los domingos. Este bar tuvo una de las primeras televisiones y cuando echaban un partido, o una corrida, si querías verlo te cobraban un duro o te tenias que tomar algo; esa costumbre era en casi todos los bares que tenían televisión. En la entrada del bar había un taller de motos, pues el marido de la hija del dueño del bar trabajaba en la fábrica de Vespa y puso un tallercito. El bar recibía el nombre por la mujer del dueño que se llamaba Carmen, él se llamaba Ceferino.
En la esquina de la calle Arturo Baldasano con Alejandro Chacón vivía la señora Vicenta. Era una frutería - cacharrería que vendía de todo: chucherías (golosinas que decíamos antes), tebeos, peones, en fin de todo, lo mismo que la cacharrería de la Florentina.
Había otra cacharrería al final de la calle Celeste llamada el Rinconcillo. El dueño se llamaba Santiago. Allí íbamos a por el petróleo y los gusanos de seda que vendía.
Un poco mas arriba del bar Santana había una peluquería de señoras, y enfrente un taller de cerrajería en el que yo empecé a trabajar con trece años, ese fue mi primer oficio. Se hacían sillas de jardín y terraza.
En el cruce de Agastia con José Silva estaba el estanco de Manolo, hermano de Pepe, que era además mercería. Luego al morir Manolo se quedó solo en estanco, Manolo tenia además una tienda de ultramarinos en la calle Bravo Murillo esquina a Teruel. Allí se encontraba el único buzón del barrio.
Seguido de la carpintería había otra tienda, la de la señora Felipa. Se dedicaba a la venta de cebada, trigo, maíz, salvado, harina,.. en fin toda clase de piensos.
Al fondo de la calle Tritón, en el arroyo, estaba la vaquería de Ambrosio que abastecía de leche a todo el barrio y a las Casitas, ¡que ricos los calostros que nos daba cuando paría una vaca!, se le llamaba requesón.
Calle Tritón. Fuente Callejero Fotográfico QDQ.
Había otro despacho de leche en la calle Agastia antes de llegar a Angel Muñoz.
En la calle Angel Muñoz estaba la fábrica de membrillo y caramelos Chacón. Esta fábrica tiraba la basura en los cerros de la iglesia y allí íbamos los chicos a por los caramelos que iban entre la basura. Era una fábrica bastante importante.
En la calle Tritón había un taller en el que hacían hornillos. La señora Lorenza, su marido y sus hijos llevaban el negocio. Fue la primera casa en tener televisión del barrio.
Casa de la señora Lorenza. Calle Tritón. Fuente Callejero Fotográfico QDQ.
Del colegio que había en la calle Justo Martínez hay poco que contar. El colegio no tenia ningún nombre especifico, se le conocía por el del Cerro. Yo no fui a ese colegio a pesar de vivir al lado pero lo conocí perfectamente. El que daba a la calle era el de las niñas y el que se entraba por el callejón de la Clara era el de los niños. Recuerdo el nombre de la maestra doña Asunción pero no el del maestro. Por dentro el colegio tenia dos filas de pupitres, una a cada lado y un pasillo en medio que daba a la mesa donde estaba el maestro. El colegio dejo de ejercer por el año 67 – 68 aproximadamente no lo puedo asegurar.
Foto de Maria del Carmen Ibeas Laguna (1940) – Archivo fotográfico Comunidad de Madrid.
Foto del callejero fotográfico QDQ. El colegio fue abierto en 1926.
En el Cerro había algunas personas que eran famosos por su trayectoria, por ejemplo el torero, que vivía en la calle Tritón, se pasaba el día borracho se subía a la vía (Ciudad Lineal) y paraba los tranvías. Por la Nochebuena cogía un pandero e iba casa por casa a que le dieran una copa.
Había otro hombre conocido por Juanito el tonto. Era hijo de familia pudiente y estaba trastornado de estudiar, decían que para piloto. Venía por el Cerro y cuando pasaba un avión miraba hacia arriba y decía, ese es el de tal hora y tal destino ya he dado ordenes para lo que fuera, para lo que se le ocurriera, este también daba ordenes a los tranvías. Por ejemplo, se subía y les decía, vas con retraso da la vuelta en el ruedo y le decían: vale Juanito, ahora doy la vuelta comunícaselo al inspector, y así se tiraba todo el día.
Otro asiduo del Cerro era Gabriel. Este chico vivía en las cuevas de la iglesia, y también estaba un poco chiflado. Las cuevas quiero recordar que eran cuatro, estaban perfectamente equipadas dentro de lo que se podía, la entrada sin puertas solamente una cortina, estaban pintadas de cal, el exterior y el interior, disponían de cocina, comedor y habitación. Lo que no disponían era de váter, claro que váter no teníamos ni nosotros en las casas, el váter para muchos era el basurero que estaba detrás de la cacharrería. Creo que las cuevas desaparecieron cuando hicieron el campo de fútbol allá por los años 60. Se marcharon a vivir a San Blas.
Gabriel siguió viniendo por el barrio. Se tiraba todo el día acarreando agua de la fuente que había donde los locos porque la gente que vivía en la calle Eusebio Martínez Barona les pillaba lejos la que había en mi casa y la que había en López de Hoyos. Le encargaban que trajera viajes de agua, utilizaba los cubos y el aro, y cuando le traía agua a una pues le mandaba la otra, siempre le daban algo.
Escena de la película Los Golfo, donde vemos el cuadradillo de madera que se utilizaba para llevar el agua.
Había otra mujer en el barrio que estaba tontita. Era la mujer del señor Mateos el de la carpintería de “ MI HUCHA “. Se tiraba todo el día dando vueltas a la manzana sin hablar con nadie, cuando llegaba la hora de comer la cogían, la metían en casa, comía y otra vez lo mismo, así todo el día.
Otra persona famosilla que pululaba por el barrio, quizás de la familia mas graciosa, era Lola y el marido Antonio (le llamábamos Moka, siempre andaba con el transistor puesto en la oreja y la cámara de fotos colgada al cuello). Eran como los otros un poco deficientes, ella era conocida por la Llorona y vivían en el descampado que había entre las calle Celeste y Arturo Baldasano.
Antes he nombrado los locos. Es el sanatorio de La Paz que hay en López de Hoyos, ese sanatorio en su origen era un psiquiátrico y cuando se escapaba algún interno bajaba para el barrio y había que llamar para que vinieran a buscarle. Algún problema acarreo algún loco. Hoy en día es un sanatorio de reposo y de personas nerviosas. En el Cerro hicimos un equipo de fútbol y como dejábamos las camisetas, las botas, el calzón, en fin, todo el equipo en la caseta del guarda del sanatorio, le pusimos de nombre La Paz. Cuando íbamos a jugar por el camino íbamos cantando lo siguiente: El equipo de la Paz, es un equipo Español, tiene cinco delanteros, que son artilleros, jugando el balón, la media es la mas jabata, la defensa la mejor, y el portero es un muchacho, que ni por alto ni bajo le cuelan un gol.
Quisiera hacer referencia a la única fuente en todo el Cerro. Hasta después de la guerra en el Cerro no había ninguna fuente. Las gentes tenían que ir a por el agua al Ventorro (al canalillo), y a lavar la ropa. Cogían la ropa, se bajaban al canalillo, la lavaban, la tendían en unos alambres que había y se la subían ya seca. Fue después de la guerra cuando cogieron el padre de la Antonia y otros una noche y engancharon de una tubería que venia a la tahona y amaneció al otro día la fuente. En su origen fue una fuente con un gran pilón.
De la Cuesta de Queremón realmente hay poco que resaltar pues el lado que daba a Lasical eran todo barrancos, solo había una casa por la mitad de la cuesta, era una familia que tenían dos hijos, chico y chica. El iba al colegio que iba yo, a los Castellanos en la Ciudad Jardín, se llamaba Perogordo, o era el apellido, y la hermana se llamaba Isabel. Algunas veces subían por el barrio. Que bueno que leyeran esto o alguien que les conociera. En la esquina de la c/ Escabiosa con la cuesta de Queremón había un bar salón de bodas, me acuerdo porque fui a una de un familiar de la Quinta, creo recordar que se llamaba la Bomba o algo parecido, había gran cantidad de mesas.
Fotograma de la película 091 al habla (1960). Cuesta de Queremón desde Lasical.
En el lado de la izquierda si había mas viviendas, además de que estaban los alfares. Creo recordar que eran dos. Ponían los tiestos y los barreños y las cazuelas a secar al sol en la calle. Al principio de la cuesta había un taller de tornero.
Quiero recordar por que también era muy conocida por el Cerro y las Casitas una casa que había en medio de la cuesta que bajaba al Ventorro, se la llamaba la casa negra porque tenia pintado de negro la fachada. Enfrente de esta casa había una boca de una cueva que se decía que había pertenecido a Luis Candelas. Algunos chicos del barrio llegaron a entrar pero creo que no mas allá de unos metros.
El chalet de Carmen Amaya. Esta era una “bailaora” flamenca gitana muy famosa por entonces. En la calle José Silva pasado el estanco con dirección a Arturo Soria e inmediato al alfar que antes he mencionado, tenía el chalet donde venían en el verano a descansar. Como quiera que también venía con toda su trupe de gitanos, estos por la noche se bajaban donde Pepe al bar a tomar algo y les daban las tantas cantando, palmeando, y bailando. Carmen Amaya murió en 1963 y el chalet fue conservado por una pareja de guardeses que también eran muy conocidos en el barrio.
También tenia el chalet enfrente del estanco Gracia Imperio, otra artista. Este permanecido en pié hasta hace poco, ahora solo queda el solar. Se decía que ahí se había cometido un crimen.
Chalet de Gracia Imperio. Fuente Callejero Fotográfico QDQ.
Toda la manzana que comprendía lo que ahora es las calles Las Cañas, Arturo Soria, Arturo Baldasano, hasta bajar enfrente del bar Villa Carmen, era un vivero. El dueño se llamaba Luis y la casa la tenían justo detrás de lo que actualmente es la gasolinera, que entonces no existía.
En fin, creo que he referenciado un poco lo que era el Cerro, no sé si me dejare algo por reseñar. La vida cotidiana de los chicos y chicas eran los juegos de entonces, de los chicos el peón, las chapas, el gua, tu la llevas, el burro, el aro, el carro de rodamientos, la piedra, los cromos,... subíamos a la vía a por piñas o a poner piedras y chapas en la vía del tranvía. De las chicas los bonis, los cromos, la comba, el diávolo ... nos cambiábamos tebeos, hacíamos colección de cromos y se pegaban en el álbum. Los juegos compartidos podían ser el escondite, la lima, en fin, lo mismo que cualquier otro barrio de la periferia de Madrid en esos años.
Calle Tritón hacía el 2004. Fuente QDQ.
Chavales del barrio, hacía el año 1973-1974. La foto esta hecha en el esquinazo del Terán. Ver el comentario de Pepito Cabrera para saber quienes son. Foto cedida por Miguel Angel Cabrera.
Tres fotos de las obras realizadas en el colegio en diciembre de 2011. Fotos cedidas por Blanca Galindo Acto (mil gracias).
Este artículo ha llegado al máximo de comentarios. Podeis seguir haciendo comentarios en el artículo del plano del Cerro de la Cabaña. Perdonar las molestias.
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Autor: Pedro Gómez. Con la ayuda de: Ricardo Márquez.
En este blog también colaboran: Angel Caldito y José Manuel Seseña.
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