domingo, 12 de abril de 2009

El tranvía 12 – Manuel Becerra a Canillejas – Año 1956.


Este artículo ha sido re-editado completamente. Pueden verlo aquí.

En esta ocasión vamos a presenta un análisis sobre una fragmento de la película Mi tío Jacinto, del año 1956.

Un lector anónimo de nuestro blog nos informó que en dicha película salía una parada del tranvía 12. Tras analizar la escena minuciosamente comenzamos a buscar el sitio donde se rodó.

Esta línea perteneció a la C.M.U., la compañía de don Arturo Soria que construyó la Ciudad Lineal. El detalle pormenorizado de estas líneas están en Los tranvías de Pueblo Nuevo (1ª parte) y Los Tranvías de Pueblo Nuevo (2ª parte). El 1 de Enero de 1952 las líneas pasaron a ser explotadas por la Empresa Municipal de Transportes de Madrid, S.A.

Un hecho memorable para Canillejas se produjo cuando se inauguró la electrificación de la línea, el día 12 de Diciembre de 1912. Todo el pueblo acudió al festejo, con banda de música y el tranvía engalanado con flores. Así lo atestiguan estas imágenes de la revista Blanco y Negro, de aquel mismo mes.



Comencemos con nuestro análisis. Lo primero que observamos en el fragmento de la película es que el tranvía va por un tramo de vía única prácticamente en horizontal. Analizando el itinerario de la línea 12 en esa fecha, sabemos que la sección de vía única corresponde a la calle de Alcalá (nombre actual) entre Arturo Soria y Canillejas pero descartamos hasta el cruce con la carretera Canillejas a Vicálvaro por estar en pendiente, y solo nos queda localizar el lugar de las imágenes en Canillejas que no puede ser otro que el final de la línea en base a dos motivos, uno el entorno y otro que es donde no se interrumpe el servicio habitual de la línea pues entre toma y toma hasta que se obtiene la definitiva pasa tiempo, máxime teniendo en cuenta la cantidad de figurantes, unos montados y otros esperando.

Plano detalle de la línea a Canillejas de la C.M.U. Fuente Urbanity.es (Juanjo)
También observamos que la vía está colocada en la acera de los impares de la calle de Alcalá, y aquí descubrimos unos de los trucos que tiene el cine, pues según el guión de la película el tranvía va hacia Madrid y en la toma va en sentido contrario.

Fotografía del final de la línea de Canillejas en tiempos de la C.M.U. (Compañía Madrileña de Urbanización). Podemos ver la vía en el lado de los impares.

Fotograma donde vemos al niño y a su tío Jacinto andado hacía la parada del tranvía.

Empezamos a buscar las casas que salen en la escena en la actualidad. Primero teníamos la casa de los cinco balcones, que parece un bar, pero sin poder confirmarlo.



Las siguientes casas son las dos que están en paralelo a la anterior, que nosotros llamamos la casa de tejado inclinado (de un solo vuelo y dos plantas), y la casa que se ve en diagonal a la casa de los cinco balcones.



Utilizando el callejero fotográfico de QDQ, vimos un casa muy parecida en el número 617 de la calle Alcalá, pero tenia cuatro balcones.


No obstante era tan parecida que decidimos seguir la búsqueda en el visor de mapas Live search maps y creemos que la casa de tejado inclinado es la que marcamos, así como las casas diagonales que todavía siguen en pie escondidas tras los altos edificios.



Para finalizar utilizamos el nomenclátor oficial y callejero de la Comunidad de Madrid, y sobre la foto aérea de 1956 hemos hecho el siguiente análisis.



ANIMACIÓN DE LA ZONA SOBRE EL MAPA DE LA C.M.U.. PARA VERLO PULSE AQUI.

Por lo que creemos poder asegurar (después de dos semanas de trabajo) que la parada del tranvía estaba a la altura del número 621 de la calle Alcalá, número arriba o abajo.

Petición de ayuda a los lectores:
1 - Nos gustaría poder confirmar este análisis con alguna persona que lo recuerde.
2 - A pesar de haber buscado el edificio que se ve en construcción en la foto que sale el niño andando con su tío Jacinto, no hemos conseguido saber que era. Cualquier información será bienvenida.


Mi tío Jacinto – Sinopsis

Esta película está basada en un cuento de Andrés Laszlo (húngaro como el director de la película).


Es un drama al estilo neorrealista del cine italiano que trata sobre un antiguo novillero (Antonio Vico), que convive con su sobrino (Pablito Calvo).

La película gira alrededor de las aventuras y picarescas que sufren sus personajes para conseguir dinero. Refleja la miseria que sufría España en ésa época y el ambiente del Madrid de los años 50.

La película se rodó en 1956 por el realizador húngaro Ladislao Vajda. Sus principales intérpretes son Antonio Vico (Jacinto) y Pablito Calvo (Pepote).

Curiosidades.
La película está rodada en exteriores de Madrid: El Rastro, Plaza de toros de Las Ventas, etc.


Las escenas del interior de la plaza de toros no se corresponden con las del exterior que si son de Las Ventas, sino que fueron rodadas en Málaga, a causa del intenso frío que hacía en Madrid y que dificultaba el rodaje nocturno.

Muchas escenas de exteriores se rodaron en decorados en los estudios Chamartín. La plaza que se construyó aprovechando un tablado instalado sobre la piscina que había en los estudios Chamartín, un día cedió lesionando a varias personas, entre ellas al propio director de la película.
-.-.-

Agradecimientos: Por la cesión de las imágenes de la pelicula a Video Mercury Films, S.A.

Autores: Angel Caldito, José Manuel Seseña y Ricardo Márquez.



martes, 7 de abril de 2009

La Semana Santa en Madrid

En esta ocasión es un lujo y un honor el poder presentar este trabajo de Marcos Quiroga, desde Argentina. Por su rigor histórico y su punto de vista analítico lo consideramos una joya. Esperemos que lo disfrutéis.

Año 1900. Domingo de Ramos en la iglesia de San José. Foto cedida por: Nicolás.

Escribir sobre la Semana Santa en Madrid, implica necesariamente referirse a una festividad, importante en la capital, que a pesar de ello no es demasiado conocida; sobre todo en comparación con las celebraciones y manifestaciones públicas de fe que por esos días tienen lugar en otros muchos puntos de España. No voy a explicar en este artículo los fundamentos religiosos de la celebración de la Semana Santa, ni haré un repaso histórico de la evolución de la misma en la capital española, para ello sería necesario un profundo estudio y consulta de datos, que exceden los límites de lo que pretendo escribir en esta oportunidad.

Lo que sí me propongo, es hacer una reseña de lo que puede verse esos días en la ciudad, de los distintos momentos e imágenes peculiares que se repiten en cada una de las procesiones que recorren las calles de la urbe.

Desde pequeño sentí curiosidad por el modo en que en España se conmemoraba la Semana Santa. Si bien nací y vivo muy lejos de esta patria, que considero tan propia, las señales de televisión me traían año tras año hasta mi casa, en Argentina, imágenes de procesiones de gran arraigo en distintos puntos de la geografía española, desde Sevilla a Ferrol, pasando por Jerez de la Frontera, Málaga, Murcia, Cartagena, Valladolid, Cuenca, Zamora, León y pueblos como Valverde de la Vera en Cáceres, famoso por sus “empalaos” o San Vicente de la Sonsierra en la Rioja, igualmente célebre por sus “picaos”; por nombrar sólo algunos lugares donde las manifestaciones de religiosidad popular durante esos días, son más conocidas y difundidas.

Niños acólitos de una cofradía.

Mi interés por estas procesiones, que aúnan a su vez, componentes religiosos y también artísticos y que se van reproduciendo cada año en toda España, fue siempre en aumento. Tal vez, el fundamento de ese interés fue el carácter tan genuinamente español, que aprecio en esas celebraciones y su hondo arraigo popular; se sabe sobradamente que no todos los españoles participan de las mismas, pero tan cierto como esto es que muchos sí lo hacen, ya sea como protagonistas en la organización de procesiones o estaciones de penitencia o como público que acude masivamente a presenciarlas. Además, es indudable el inmenso patrimonio artístico que han reunido hermandades y cofradías y que esos días ponen en las calles para disfrute y contemplación de todos; pensemos en las imágenes de Cristos y Vírgenes de los más grandes escultores españoles, Juan de Juni, Gregorio Fernández, Juan de Mesa, Martínez Montañés, por citar unos pocos de reconocimiento universal, dos de la escuela castellana y dos de la andaluza; el arte del bordado de mantos, sayas, túnicas, palios, la orfebrería y la talla en madera de los pasos, tronos y andas, la música que acompaña los desfiles, los exquisitos adornos florales que los perfuman; en fin una explosión de belleza y un gozo para los sentidos.

De todas estas características participa la celebración de la Semana Santa de Madrid, no igual de famosa que otras españolas, pero no por ello menos relevante y con el toque singular que le da su diversidad, ya que en la capital encontramos procesiones de sobrio estilo castellano, a veces acompañadas por tambores aragoneses, junto con algunas de aire sevillano o malagueño, además de otras de raigambre típicamente madrileña. Si quisiéramos hacernos una idea de cómo se viven esos días en la ciudad, en lo que a religiosidad popular y procesiones se refiere - dejo de lado las celebraciones litúrgicas en los templos - deberíamos comenzar por el Domingo de Ramos. Las procesiones madrileñas las abre ese primer día de la Semana Santa, la Cofradía de los Estudiantes con sede canónica en la Basílica Pontifica de San Miguel. La estación de penitencia que realizan los estudiantes es ejemplar y emotiva, el Cristo de la Fe y el Perdón, magnífica talla dieciochesca de Luis Salvador Carmona, va en un paso o canasto de caoba iluminado por cuatro hachones, siguiendo el modelo de paso que Maese Farfán tallara hace cien años, para el Cristo del Calvario de Sevilla y que fue imitado por otras hermandades de la capital de Andalucía, como las del Cristo de Burgos, la Vera Cruz o los Estudiantes. Junto al Cristo va la Imagen de María Madre de la Iglesia, talla contemporánea del escultor sevillano Juan Manuel Miñarro, en precioso paso de palio y acompañada por la banda de Música del Regimiento de Infantería Inmemorial del Rey Nº 1, que interpreta durante todo el recorrido las más célebres marchas procesionales. Impresionante resulta la salida de la cofradía desde el templo de San Miguel; la fachada barroca de la basílica que, con sus líneas convexas y cóncavas, nos trae recuerdos del magnífico arte barroco romano, sirve de marco incomparable para la salida de una cofradía que sigue el modelo de las mejores sevillanas; es como si el arte de Roma y Sevilla, ambas ciudades eternas, se combinara en ese momento en Madrid para ofrecer una estampa de belleza inusitada.

Maria Madre de la Iglesia.


Salida del Cristo de la Fe de los Estudiantes.
Terminado el Domingo de Ramos, no habrá procesiones en Madrid hasta la jornada del Miércoles Santo. Ese día nos esperará en su sede de la Iglesia de San Jerónimo el Real, la Cofradía de los Gitanos y la imagen de Nuestro Padre de la Salud. Esta hermandad madrileña es filial de la homónima sevillana y venera a las mismas imágenes titulares, el Señor de la Salud y María Santísima de las Angustias, tallas contemporáneas de Ángel Rengel que siguen el modelo de las originales de Sevilla. En la actualidad los Gitanos solamente sacan en procesión a la imagen del Señor de la Salud porque todavía no está listo el paso de palio de la Virgen de las Angustias, que en un futuro se incorporará a la estación de penitencia. Son muchos los madrileños que siguen el recorrido de la cofradía de los Gitanos de Madrid, que en lugar de pasar, como su hermana mayor, por hispalenses rincones tales como el barrio de Santa Catalina, el Palacio de Dueñas, la plaza del Duque, la de la Alfalfa o la Cuesta del Rosario, lo hace por señoriales sitios de la ciudad de Madrid, como el Paseo del Prado, la calle Huertas, los alrededores del Hotel Palace y las elegantes calles del barrio de Alfonso XII. Las vías y rincones de la capital también ofrecen un entorno incomparable para admirar el paso de las cofradías; no debemos dejar de tener en cuenta que mucha de la belleza que ofrecen estos desfiles, está dada por el marco en el que transcurren y la ciudad de Madrid es una escenografía tan perfecta para sus procesiones, como pueden serlo Sevilla, Cáceres o Zamora para las suyas.

Señor de la Salud y Angustias de los Gitanos Iglesia de los Jerónimos de Madrid. Cedida por Anne Barcat.
Cristo de los Gitanos de Sevilla, revirando en la Plaza del Duque.


Virgen de los Gitanos en calle Sierpes de Sevilla.
Las jornadas del Domingo de Ramos y el Miércoles Santo fueron un anticipo de lo que se vivirá en los días grandes de la Semana Santa madrileña, que no son otros que el Jueves y el Viernes Santo. Las procesiones del jueves tendrán un emotivo comienzo con la salida de la Cofradía de Jesús el Pobre y María Santísima del Dulce Nombre. La talla del cautivo, de origen sevillano y atribuida a Juan de Astorga, junto con la Virgen del Dulce Nombre, obra contemporánea de la escultora Lourdes Hernández hacen vibrar con su salida al numerosísimo público, que desde hace varias horas abarrota los alrededores de la iglesia de San Pedro el Viejo. La espectacularidad de esta salida está dada por la gran dificultad que existe para sacar los tronos con las imágenes, ya que las escasas dimensiones y altura de la puerta de la iglesia provocan que los anderos deban sacarlas agachados y tumbados. El enorme esfuerzo es recompensado con una estruendosa ovación, una vez que los sagrados titulares están fuera, mientras suenan los acordes del Himno Nacional. Nunca falta a la cita, para admirar esta salida, la mudéjar torre de San Pedro, que con sus siglos a cuesta nos viene a recordar que Madrid no es solo una gran urbe contemporánea, sino también una ciudad antigua, con historia y tradiciones singulares. Como dato complementario, agregar que las imágenes de tan castiza cofradía, son llevadas en tronos al estilo malagueño que se caracterizan por el hecho de que los portadores van por fuera, a diferencia de los costaleros que van dentro de los pasos. Imágenes preciosas nos ofrece la procesión en distintos lugares del viejo Madrid de los Austrias, como la calle del Cordón, la Plaza de la Villa, la Mayor o la Cava Baja.

Media hora después de la procesión de Jesús el Pobre, dos cofradías más iniciarán sus estaciones de penitencia. Una es la del Divino Cautivo, que llevará por las calles del elegante barrio de Salamanca, a la portentosa imagen que realizara el genial Mariano Benlliure y en un paso de madera tallada y policromada, adornado con relieves de la pasión de Cristo realizados en marfil. Es peculiar en esta cofradía el hacer estación de penitencia tanto el jueves como el viernes santo; el primer día en su barrio y a las parroquias del Pilar, iglesia de Nuestra Señora de Maravillas y parroquia de Nuestra Señora del Rosario de Filipinas, mientras que la tarde del viernes recorre en procesión las calles del viejo Madrid saliendo de la iglesia de Santa Cruz.

A la misma hora que comienza la procesión del Cautivo por su barrio de Salamanca, en pleno corazón del Madrid de los Austrias, ya estará en la calle la cruz de guía de la Hermandad del Gran Poder y Macarena de Madrid. Es ésta una de las procesiones que mayor expectación despierta en la ciudad, congregándose verdaderas multitudes para verla pasar en los distintos puntos de su recorrido. La cofradía tiene su origen en el año 1940, cuando un grupo de sevillanos que añoraban la Semana Santa hispalense, promovieron su creación siendo la iglesia de Santa Cruz la primera sede canónica que tuvieron, trasladándose luego, en 1978, a la Real Colegiata de San Isidro, antigua catedral de Madrid hasta la culminación y consagración de la Almudena. Es peculiar en esta cofradía madrileña, el hecho de reunir a las que sin dudas son las imágenes de Cristo y de la Virgen más veneradas en Sevilla, como son el Señor del Gran Poder y María Santísima de la Esperanza Macarena, pero que en la capital andaluza no son titulares de la misma cofradía, sino de dos distintas y hasta enfrentadas en algún momento histórico felizmente superado; allí la Macarena no acompaña al Señor del Gran Poder, sino al Cristo de la Sentencia y el Señor de Sevilla es acompañado por la imagen de la Virgen del Mayor Dolor y Traspaso, que es la titular dolorosa de esa hermandad. El Gran Poder de Madrid fue tallado en los años cuarenta por el escultor sevillano, José Rodríguez y Fernández Andés y la Virgen de la Macarena lo fue por Antonio Eslava Rubio, imaginero de Carmona y discípulo del gran Antonio Castillo Lastrucci, de cuya gubia salieron tantas imágenes de la pasión de Cristo. La virgen de Madrid, también lleva en su atuendo unas “mariquillas”, como se conoce a las flores de esmeralda que regaló a la Macarena de Sevilla, el torero Joselito el Gallo, con lo cual la similitud estética entre ambas imágenes es mayor. La sobriedad y el silencio son las notas predominantes junto al paso del Señor, cuyos nazarenos visten túnica negra y cinturón de esparto, mientras que la Virgen va a acompañada por banda de música y es vitoreada de forma constante por un público que manifiesta de ese modo, su pasión por la imagen; a su paso de palio no le falta ningún elemento para ser completamente sevillano, ya que cuenta con candelería, doce varales, jarras, velas rizadas, candelabros de cola, respiraderos, faldones, peana, llamador, imagen venera, techo de palio, bambalinas interiores y exteriores y gloria del palio bajo la advocación de Almudena. El tránsito de la cofradía por el viejo Madrid ofrece espectaculares imágenes en más de un castizo rincón, como la calle de San Justo cuando pasa ante el Palacio Arzobispal, o en la estrechez de la calle del Cordón y siendo muy emocionante también, la llegada de las imágenes al Convento del Corpus Christi conocido popularmente como las Carboneras, en donde las monjas entonan cánticos tras la reja que las protege en su clausura.
Esperanza Macarena de Madrid
Señor del Gran Poder de Madrid.
Señor del Gran Poder de Sevilla.


Esperanza Macarena de Sevilla
La tarde del Jueves Santo dio mucho de sí; sin embargo la del viernes no será menos y otra vez las calles del centro de la ciudad volverán a llenarse de procesiones de gran tradición madrileña y de público deseoso de contemplar el paso de las distintas hermandades. Pero hay una procesión antigua, que nos trasladará a un Madrid de otros tiempos, a la época de los Austrias en los que era capital de un inmenso imperio, a esa ciudad-convento en donde los actos religiosos tenían tanta presencia; es la procesión del Cristo Yacente por el Claustro de Capellanes del Monasterio de las Descalzas Reales. Este soberbio cristo, tallado por Gaspar Becerra es una obra maestra de la escultura renacentista española; se le transporta en andas por dicho Claustro que se cubre para la ocasión, con los magníficos tapices sobre cartones de Rubens, que regalara al Monasterio en el siglo diecisiete, la archiduquesa Isabel Clara Eugenia, hija predilecta del rey Felipe II y sobrina de Doña Juana de Austria, fundadora del monasterio.

A las siete y media de la tarde, ya estará en las calles de la capital, la imagen que sin género de dudas es la más venerada en la ciudad y con una devoción extendida por todo el territorio nacional, me estoy refiriendo a Jesús de Medinaceli, el Señor de Madrid. El señor es talla sevillana, de comienzos del siglo XVII, no estando determinada su autoría. La imagen está en Madrid desde ese mismo siglo, cuando la trajeron los trinitarios que la habían rescatado en Marruecos, después de que la robaran. En los tristes días de la Guerra Civil el señor salió primero de la ciudad y luego de España, llegando hasta Ginebra donde formó parte de la exposición del tesoro artístico español celebrada en el Palacio de la Sociedad de Naciones. El señor de Medinaceli, ataviado siempre con alguna de sus ricas y bordadas túnicas, portando corona de oro de ley y con su singular cabellera natural, sale a la calle en un gran paso de madera sobredorada iluminado por candelabros de guardabrisas y que es llevado sobre ruedas siguiendo la tradición castellana. Una auténtica multitud es la que se agolpa para verlo pasar durante todo el recorrido, bastando decir para ilustrar esta afirmación, que llega a ser hasta medio millón el número de personas que contemplan esta procesión, una cifra igual a la cantidad de gente que disfruta de la célebre Madrugá de Sevilla. Como decíamos antes, la Semana Santa de Madrid no por menos conocida carece de relevancia, todo lo contrario. Jesús de Medinaceli, junto a sus nazarenos de moradas túnicas, recorre monumentales espacios de la capital, como la Carrera de San Jerónimo y el Congreso de los Diputados, la plaza de Canalejas, la calle de Alcalá o la plaza de Cibeles, lo que brinda más espectacularidad aún al desfile procesional.

Si, en lugar de estar a las siete de la tarde en la Basílica de Nuestro Padre Jesús y alrededores del Hotel Palace, esperando al Señor de Medinaceli, estuviéramos en la plaza de Oriente frente a Palacio, sería la salida de otra cofradía la que podríamos contemplar, la del Cristo de los Alabarderos. Esta congregación ha sido felizmente recuperada hace pocos años después de que la procesión desapareciera en los años treinta del pasado siglo. El origen de la congregación está en la devoción de los miembros de la guardia real, por un cristo que desde el siglo XVII se veneraba en la parroquia de San Sebastián y al que acompañaban en su salida procesional cada viernes santo. La imagen primitiva se perdió en el incendio de la iglesia durante la guerra civil, siendo la actual obra del escultor Felipe Torre Villarejo. El Cristo es llevado en andas, por 32 anderos que soportan su tonelada de peso. Es una estación de penitencia sobria, engalanada por la escolta de alabarderos y con un acompañamiento musical de pífanos y tambores que le dará un añejo sabor, muy especial. El recorrido terminará en la iglesia Catedral de las Fuerzas Armadas, templo que corresponde al antiguo convento de las Bernardas del Sacramento, en la calle Mayor.

Cuando se inician las procesiones de Jesús de Medinaceli y del Cristo de los Alabarderos, simultáneamente en otro punto de la ciudad, la calle de Atocha, dará comienzo la Procesión del Silencio que parte de la iglesia del Santísimo Cristo de la Fe. La misma está organizada por la Cofradía del Silencio del Santísimo Cristo de la Fe y Hermandad de los Cruzados de la Fe. La procesión del Silencio tuvo su origen en 1941 y fue muy popular en Madrid en tiempos de la posguerra, llegando a desfilar en ella más de veinte pasos, que representaban distintos momentos de la pasión de Cristo. En la actualidad, la Cofradía saca dos imágenes en andas a la calle, el Cristo de la Fe obra del valenciano José Capuz de 1941 y Nuestra Señora de los Dolores, talla del año 2005, cuyo palio negro de cajón y seis varales tiene la peculiaridad de ser portado por mujeres anderas, hermanas de la cofradía. La estación de penitencia transcurre por las calles del Barrio de las Letras o de las Musas y es preciso destacar que la misma, no pasa en nuestros días en completo silencio, como lo hacía en el pasado porque el Cristo es acompañado por Agrupación Musical y la Virgen por Banda de Música.

Cristo de la Fe, Cofradía del Silencio, Madrid

La tarde del viernes santo es pródiga en procesiones de profundas raíces populares e históricas en la villa de Madrid; ya veíamos lo que ocurre con el Cristo Yacente de las Descalzas, con el Señor de Madrid, con el Cristo de los Alabarderos o la procesión del Silencio; pero hay todavía más. Esa misma tarde sale a la calle una imagen de antiguo origen, María Santísima de los Siete Dolores, cuya procesión organiza la Real Congregación de Esclavos de María Santísima de los Siete Dolores, Santísimo Cristo de la Agonía y Descendimiento de la Santa Cruz. La Congregación se originó en Flandes, a fines del siglo XV, llegando a Madrid con el traslado de la Corte en 1561. Pasó por el Convento de Santo Tomás y la vieja iglesia de Santa Cruz, hasta quedar establecida en la actual iglesia que proyectara el Marqués de Cubas, arquitecto que también realizó el primitivo proyecto para la Catedral de la Almudena, del que se llegó a realizar la Cripta y del que se mantiene lo esencial de su planta. La imagen original de la Virgen de los Siete Dolores pereció tristemente en los días de la guerra civil, siendo sustituida por la actual en el año 1940. La Dolorosa, va ataviada siguiendo la tradición castellana que se inspiró en el modo de vestir de las viudas de la Corte en la decimosexta centuria. Muchas son las imágenes de Dolorosas que podemos admirar hoy en Madrid, con este estilo; pensemos en la exquisita Virgen de los Dolores obra de Valeriano Salvatierra, que tiene su capilla en la iglesia de San Nicolás de los Servitas o en la Soledad que tallara Jerónimo Suñol y que puede contemplarse en la iglesia de los Jerónimos. María Santísima de los Siete Dolores es llevada en andas por dieciséis hermanos que llevan el rostro cubierto y su estación de penitencia es sobria, contenida y de antiguo sabor; ofreciendo momentos para el recuerdo en más de un trayecto, como cuando pasa por la calle del Codo, junto a la torre de los Lujanes o al atravesar la más que imponente Plaza Mayor madrileña.

En el centro de la capital, todavía nos espera un procesión más, tal vez la más representativa del Viernes Santo, no por historia o tradición, sino por su carácter simbólico; ya que se trata del Santo Entierro, siendo el día viernes aquel en el que se conmemora la muerte de Jesús. La hermandad del Santo Entierro comienza su recorrido en la parroquia de Santa Cruz, de la cual salen hasta tres cofradías ese día; ya mencionamos al Cautivo y la Virgen de los Siete Dolores, saliendo en último lugar la del Entierro de Cristo. La procesión transcurre con rigor y recogimiento por el Madrid de los Austrias, acompañando la imagen del Cristo de la Vida Eterna, tallado en 1941 por el escultor jienense Jacinto Higueras, que va en una magnífica urna de caoba sobre ruedas, al estilo castellano. El desfile procesional incluye también una reliquia de Lignum Crucis que se conserva en el altar mayor de la misma iglesia de Santa Cruz, un palio de respeto que portan ocho hermanos y la imagen de Nuestra Señora de la Paz, obra de 1956. Este año 2009, el acompañamiento musical estará a cargo de la Agrupación Virgen de la Amargura, de la ciudad gallega de Ferrol. El solo evocar las calles o plazas por las que pasa la cofradía, Toledo, Cuchilleros, Conde de Miranda, Plaza del Conde de Barajas, Mayor, de la Provincia, pienso que es un buen motivo para acercarse a contemplarla.

Las jornadas del jueves y el viernes santo son las que concentran mayor cantidad de procesiones durante la Semana Santa madrileña; pero si aún nos quedan fuerzas, nos esperarán dos más el sábado santo. La primera de ellas, organizada por la Cofradía de Jesús de Medinaceli, que por la mañana temprano, a las ocho, saca en procesión a su virgen dolorosa, por las calles del Barrio de las Letras. La imagen contemporánea de la virgen, cuyo paso va sobre ruedas, es acompañada por elegantes damas que lucen la tradicional mantilla española. Ya por la tarde, tendrá lugar la última de las procesiones de la capital, la que organiza la Real e Ilustre Congregación de Nuestra Señora de la Soledad y Desamparo y Santo Cristo del Sepulcro. La cofradía, con sede canónica en la Real Iglesia de San Ginés, realiza una de las salidas procesionales más curiosas de la ciudad, ya que la misma es acompañada por la sección de tambores y bombos de una cofradía de Zaragoza; cada año varía la hermandad invitada, que trae hasta la capital de España los redobles y sonidos tan populares de aquella región, piénsese en la tradicional “rompida” de la hora, que cada viernes santo a mediodía tiene lugar en la localidad turolense de Calanda; el gran cineasta Luis Buñuel oriundo de este pueblo participó más de una vez en la espectacular tamborrada. Pero volvamos a la virgen de la Soledad, titular de esta cofradía que es la última que hace estación de penitencia en Madrid, en este caso al Monasterio de la Encarnación. Se trata de una bella talla del siglo XVIII, ataviada rigurosamente como viuda castellana de tiempos del Renacimiento, siguiendo el modelo iconográfico que marcó la sin par Virgen de la Soledad, del Convento de los Mínimos de la Victoria de la Puerta del Sol, que fuera realizada en su día por Gaspar Becerra, del que todavía podemos apreciar obras en Madrid, en el Monasterio de las Descalzas y en el Palacio de El Pardo, tanto de su faceta de escultor como de pintor. Esta imagen original, que inspiró a la Soledad de San Ginés y tantísimas otras imágenes de la Virgen, pereció lamentablemente cuando la entonces Catedral de San Isidro, en la que se encontraba, fue pasto de las llamas en 1936 perdiéndose para siempre, una de las mayores colecciones de arte religioso, pintura y escultura, que atesoraba Madrid. Si desean conocer todo lo que contenía esta popular iglesia lean, pañuelo en mano, las Iglesias del Antiguo Madrid de Elías Tormo.

Esta última procesión cierra los desfiles que han inundado las calles de Madrid, ya desde el Domingo de Ramos y con especial relevancia las jornadas del Jueves y el Viernes Santo. El Domingo de Resurrección al mediodía, la misma cofradía zaragozana que el sábado por la tarde acompañó a la Soledad de San Ginés, ofrecerá una espectacular tamborrada por las calles del centro de la ciudad y en la Plaza Mayor, para disfrute del público madrileño. El redoble de los tambores aragoneses y el repique de gloria de las campanas de la Almudena, serán las notas musicales que nos darán cuenta de que la Semana Santa ha llegado a su fin.



No nos será difícil comprobar después de este repaso por las celebraciones que esos días, tienen lugar en la ciudad, que la conmemoración de la Semana Santa de Madrid es tan importante como en muchos rincones de España y puede ofrecer imágenes y mágicos momentos como en tantos pueblos y ciudades del país y en más de una ocasión, con muchísimo más público que el que se congrega en otros lugares donde la festividad tiene mayor fama. Sería una inmensa satisfacción para mí, que alguien de Madrid o que esté en la capital y lea este humilde artículo, sienta curiosidad y se acerque al centro de la ciudad a vivir alguna de las experiencias que esos días pueden deparar; seguramente se sorprenderá.

Marcos Quiroga – Mendoza (Argentina).

domingo, 5 de abril de 2009

La Semana Santa en España y su valor religioso, cultural y festivo

Es un orgullo el poder contar con la opinión y brillante pluma de Anne Barcat. Con su punto de vista nos mostrará como se ve la Semana Santa desde una perspectiva y formación francesa.

La civilización judeocristiana atribuye al pecado el castigo del dolor y de la muerte, según el libro de Génesis que comparten los judíos y los cristianos. Los católicos rinden culto a Cristo Salvador, que, por el precio de su sacrificio pascual siendo inocente, liberó al hombre de la esclavitud del pecado y abre al que le sigue la puerta del Reino de los Cielos. Tanto Él como su Madre, la Virgen María, tienen imágenes en todas las iglesias que, durante la Semana Santa en España, salen a hombros en procesión por la calle. Se forman cofradías que, durante el año, ensayan y preparan la procesión de la imagen que les corresponde.

Las procesiones de Semana Santa hoy tienen una mezcla de fe viva y emotiva de los creyentes, de tradición y de folklore. Las vestiduras de las imágenes son suntuosas y los pasos están decorados con flores y cirios; los costaleros siguen el ritmo de la música que les acompaña para que el movimiento del paso esté equilibrado. Algunos pasos son muy pesados y exigen esfuerzo físico y disciplina.

En los pequeños pueblos, las procesiones han guardado su carácter primitivo y las saetas también.

Conviene, antes de conocer la Semana Santa, tener a mano un Diccionario del Cofrade como éste:
http://es.catholic.net/comunicadorescatolicos/530/1225/articulo.php?id=16946

El problema de la meteorología
Sabemos que la Semana Santa tiene una fecha diferente cada año porque depende del calendario lunar judío (mes de Nissan). El día de Resurrección es el domingo que sigue la primera luna llena de primavera y esto afecta “casi siempre” al tiempo. Como la probabilidad de precipitaciones es grande durante esta semana, la lluvia preocupa mucho a las cofradías que no pueden exponer a la intemperie unas valiosas imágenes con sus pasos. La meteorología, después de tantos meses de preparativos, puede echar a perder la salida de la procesión.

Los pasos con su imagen
El paso se prepara con tiempo con su imagen, ricas telas, cirios y flores. El Paso de Palio es el que corresponde a las imágenes de la Virgen y el Paso de Misterio a las imágenes de Jesús. Éstas últimas pueden representar cualquier momento de su pasión hasta la crucifixión.

La saeta
La saeta es un tipo de cante hondo que el cantaor ofrece a la imagen con versos a veces improvisados bajo el efecto de la emoción religiosa. En las grandes ciudades, como Sevilla en Andalucía, hubo unos profesionales flamencos de la saeta que se quisieron imponer, quitándole su carácter espontáneo.

Saeta de Federico García Lorca:

Cristo moreno/pasa/de lirio de Judea/a clavel de España./

¡Miradlo por dónde viene!

De España. /Cielo limpio y oscuro,/tierra tostada,/y cauces donde corre/muy lenta el agua.

Cristo moreno, /con las guedejas quemadas,/los pómulos salientes/y las pupilas blancas.

¡Miradlo por dónde va!

"La mayoría de los estudiosos concuerdan en que la Semana Santa en Sevilla ha perdido gran parte de su significado religioso debido a ciertos excesos comerciales. Rossy atribuyó esto en parte a la "nueva saeta". Escribió que para cantar la saeta antigua sólo faltaba una voz potente y buena pronunciación para que los oyentes pudieran captar el contenido de los versos, y que se escuchaba con un profundo respeto. Pocos años después de su aparición, la nueva saeta eclipsó a la antigua y hoy en día la muchedumbre de Semana Santa jalea y aplaude al cantaor capaz de ejecutar este difícil cante, y hasta protestan cuando el intérprete no es de su agrado. Nunca se sospechaba que los profesionales del cante crearían una saeta que sería demasiado compleja y precisaría demasiada técnica para que un amateur fuera capaz de interpretarla. Sin embargo la naturaleza lastimera intrínseca del cante flamenco casa bien con la esencia y la intención de la saeta.(….) Durante décadas, en la época semanasantera se han convocado concursos anuales de saeta con jugosos premios en metálico. No obstante, mientras que Sevilla y las otras capitales de Andalucía pueden haber caído en el comercialismo, la mayoría de los pueblos tienen sus propias procesiones que compensan con intensidad religiosa cualquier escasez de color y esplendor. Algunas aldeas, generalmente los mejores sitios para pasar la Semana Santa si uno desea comprender su verdadero significado, todavía representan obras medievales tradicionales de la Pasión de Cristo."

Fuente: http://www.deflamenco.com/palos/verArticulo.jsp?codigo=FLA%7C800

Origen de la tradición de las procesiones en España
Parece ser que la tradición de las procesiones de Semana Santa en España se remonta al siglo XIII. Unos estudiosos ven en ellas vestigios de los castigados por la Inquisición y la procesión con flagelación de penitentes voluntarios tal como los retrató Goya. Pero de manera general, lo que evoca este pasado es el capirote que desde hace siglos es símbolo de penitencia.

Penitentes en nuestros días (Plaza de la Villa de Madrid)

Procesión de flagelantes o disciplinantes por Goya
Óleo sobre tabla. 46 x 73 cm.
Museo de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando (Madrid, España).
Tribunal de la Inquisición o Auto de Fe de la Inquisición por Goya
Óleo sobre tabla. 46 x 73 cm.
Museo de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando (Madrid, España).

Jueves santo del año 2007
En la Plaza de la Villa, el Jueves Santo del año 2007, llega la procesión de Jesús el Pobre y de María Santísima del Dulce Nombre desde la iglesia de San Pedro. Para pasar los pasos por la puerta de la iglesia, los costaleros se tuvieron que poner de rodillas.





Una hora más tarde llega a la Plaza de la Villa, por la calle del Cordón también, la procesión de Nuestro Padre Jesús del Gran Poder, seguido de La Esperanza Macarena de Madrid, imagen muy admirada. Han salido de la Colegiata de san Isidro. Los vuelvo a encontrar en la Plaza de san Miguel y en la esquina de la calle del Maestro Villa esquina con Cuchilleros.

Llegada de Jesús el Pobre a la Plaza de la Villa

María Santísima del Dulce nombre

Llegada de Jesús del Gran poder por la calle del Cordón La Esperanza Macarena de Madrid sale de la calle del Cordón a la Plaza de la Villa
La Esperanza Macarena de Madrid en la Plaza de San Miguel
La Esperanza Macarena Plaza de San Miguel
Bajada por la calle de Cuchilleros

En España en general, la Semana Santa es una fiesta religiosa respetada y fervorosa. En el sur, es particularmente magnificada. Las procesiones en España atraen a muchos creyentes y turistas y pertenecen desde antiguo a su cultura religiosa y artística. Tanto los creyentes como los que no lo son, todos tienen que conocerlas si desean conocer España.

Anne Barcat

viernes, 3 de abril de 2009

Semana Santa

La Semana Santa en Madrid – Año 1921.

La Semana Santa es el periodo semanal mas importante en el calendario litúrgico cristiano. Es una celebración de fechas móviles que tiene lugar dentro de un determinado periodo pues ha de ser en la semana que tenga la primera luna llena de primavera, ya que, al parecer, la Pasión de Jesucristo sucedió en estas circunstancias.


El periodo que antecede a la Semana Santa se llama Cuaresma y tiene una duración de cuarenta y seis días, comenzando el Miércoles de Ceniza (25 de Febrero de 2.009) y finalizando el Sábado Santo (11 de Abril de 2.009). La primera luna llena de primavera se produce el Jueves Santo (9 de Abril de 2.009).

Colas para ver al Cristo de Medinaceli – Revista Nuevo Mundo – 1919 – Fuente: BNE.

Este año de 2.009 las celebraciones de la Semana Santa van a tener mas notoriedad y seguimiento mediático pues se presentan con una cierta polémica debido a los actos de protesta que tienen pensado realizar algunas cofradías en relación con el tema del aborto al estar en contra de la modificación de la Ley.

Alrededor de la Semana Santa hay una gran parafernalia, dicho sea en el mejor sentido de la palabra y con el máximo respeto, a fin de que el resultado final sea el que todos vemos, pero para llegar a él hay que hacer un gran trabajo de "bambalinas" durante todo un año.

La Semana Santa se celebra en España de muy diversas formas, unas con marcado carácter de seriedad y solemnidad, y otras con aspecto mas relajado y festivo, pero vamos a hablar en términos generales de aquellos aspectos comunes a muchos lugares, aunque utilicen vocabulario distinto para definir la misma cosa. Hay algunas que por su importancia, han sido declaradas de interés turístico.

Procesión Jesús Medinaceli – 1945 – Fuente: El País

La organización de todo lo que conlleva recae en unas asociaciones llamadas Cofradías o Hermandades a través de sus asociados (cofrades/as o hermanos/as) que son los que dedican tiempo y dinero para el realce de esta representación. Al frente de ellas hay una Junta Directiva presidida por el Cofrade/Hermano Mayor. A su vez, en aquellas poblaciones donde hay bastantes cofradías/hermandades, existe una Junta/Consejo de Cofradías/Hermandades o similares, encargadas de la organización de los desfiles procesionales y coordinación con la autoridades eclesiásticas y municipales.

Hay cofradías con antigüedad de varios siglos que guardan un rico tesoro artístico procedentes unas veces de donaciones de cofrades y otras producto de la inversión de sus recursos en la creación de nuevos pasos a procesionar. Son imágenes muy delicadas que periódicamente precisan de una restauración de sus dorados y que hace que cuando el tiempo amenaza lluvia no desfilen por precaución en evitación de la costosísima pérdida económica que supondría su deterioro, lo que causa un enorme disgusto en los cofrades que llevan un año esperando salir y no lo pueden hacer hasta el siguiente porque no hay posibilidad de que se pueda aplazar a otro día.

Procesión del Silencio –1953 – Fuente: El Pais.

Los pasos son preparados para su procesión por cofrades llamados camareros/as que se encargan de colocar las flores y los cirios, reponiendo todo lo que se haya estropeado anteriormente en caso de repetir salida. Las normas cofradieras impiden la presencia de hombres cuando se está vistiendo a la Virgen que solo lo pueden hacer mujeres. Una vez terminado el adecentamiento, los pasos quedan con un enorme peso pues a su propia estructura con andas y soportes, hay que añadir la talla de la imagen, adornos de flores, cirios y faroles, manto de terciopelo que cubre el conjunto donde van los costaleros, palio, etc.

A medida que la Cuaresma se acerca al final, se van sucediendo una serie de actos para recordar a los creyentes el tiempo que se avecina: Vía Crucis, Novenarios, Besapiés, Rosario de la Aurora, Esquila de Ánimas, etc., especialmente en la semana anterior al Domingo de Ramos que se llama Semana de Pasión (Domingo de Pasión 29 de Marzo de 2.009 a Sábado de Pasión 4 de Abril de 2.009. El Viernes 3 de Abril de 2.009 es mas conocido por Viernes de Dolores). Asimismo se aprovecha para poner a punto todo lo concerniente a la procesión como es el aspecto musical o el desplazamiento de los pasos preparando las cuadrillas de costaleros.

Llegado el momento de procesionar se les indica previamente a los cofrades el lugar que ocuparán en el cortejo, generalmente los mas jóvenes delante, advirtiéndoles que procuren ir emparejados al unísono. Los pasos que salen están relacionados con el momento litúrgico del día y representan multitud de escenas, “entrada en Jerusalén”, “Jesús orando en el huerto”, “beso de Judas”, “Jesús atado a la columna”, “Crucifixión”, “Santo Entierro”, “La Dolorosa”, “La Soledad”... Los de la Virgen van los últimos.

La procesión puede llevar acompañamiento musical, generalmente tambores y clarines, o ser “del silencio” en cuyo caso es roto de vez cuando de forma alternativa por un golpe de tambor o por una carraca. Esta última forma es de una gran solemnidad y recogimiento.

Los uniformes de los penitentes están compuestos principalmente por la túnica, el cincho, el capirote y en algunos casos también por una capa, distinguiéndose las cofradías por el color, tamaño y forma de ellos. El capirote tiene dos aberturas para los ojos y va colocado encima de un cartón de forma cónica que le da el aspecto puntiagudo.

Las mujeres van en la procesión vestidas de mantilla negra, zapatos y medias negras y peineta. Las normas les indican que deben llevar el pelo recogido, falda por la rodilla y maquillaje discreto evitando tonos chillones. Algunas pasan un mal rato al ser objeto de las miradas de todo el mundo y prefieren desfilar de manera anónima yendo de “nazarenas” o similar, situación que está dejando de ser excepcional.

Intercalados entre los penitentes de los laterales, están en el eje del cortejo, aquellos que cumpliendo una promesa llevan grilletes en los pies descalzos y una cruz a cuestas. El sudor que produce su esfuerzo hace que vayan generalmente con el torso semidesnudo y el capirote sin la pieza cónica de cartón.

Nuevo Mundo, 1899 – Fuente: BNE.

El ritmo de la procesión es coordinado entre los responsables de las cofradías desfilantes y siempre supeditado a los penitentes descalzos y a los costaleros, lo que hace que se eternicen empezando de día y acabando de noche, o comenzando al anochecer y terminando de madrugada. Las frecuentes paradas o estaciones son aprovechadas para encender los cirios que apaga el aire o escuchar una saeta, cantada bien desde un balcón o bien desde pie de calle, que pone los pelos de punta en el silencio de la noche.

Una característica singular de las procesiones son los costaleros, nombre común a casi todos los lugares con el que son conocidos los que con su esfuerzo físico desplazan los pasos. Hay sitios en los que hay lista de espera, otros en los que ha sido necesario establecer una gratificación para que pueda haberlos, y otros en los que finalmente ha sido imposible conseguirlos y se han puesto ruedas a los soportes de los pasos para poderlos mover. Los costaleros llevan el peso con los hombros y la cabeza a través de las traviesas protegiéndose con toallas que les sirven también para secarse el sudor, calzan alpargatas y marchan arrastrando los pies, un ritmo muy lento impuesto por el enorme peso que soportan y que a medida que las fuerzas flaquean deben seguir “manteniendo el tipo” porque si alguien “escurre el bulto” recae sobre los demás. Las féminas, presentes hoy en todas las facetas de la vida, también han entrado en este mundillo, llegando a formar incluso cuadrillas de costaleras exclusivamente.

Al frente de los costaleros hay un capataz que organiza la posición donde tienen que colocarse debajo del paso para formar un equilibrio entre estatura y corpulencia y su misión consiste en guiar el paso girando en las bocacalles y sin que roce con balcones, ramas de árboles o tendidos eléctricos dando instrucciones en este sentido con su voz, con la particularidad de que va de espaldas a los obstáculos y lo que para él está a la derecha para los costaleros está a la izquierda. Tiene que controlar los recesos en los que el paso descansa sobre los soportes reanudando la marcha mediante unos golpes de aldaba. Pero sin duda ninguna, la parte mas complicada de su función es dirigir la salida y entrada del paso en la iglesia pues la altura, principalmente cuando lleva palio, y las dimensiones de la puerta, hacen que los costaleros tengan que ir de rodillas en este punto que además está en rampa para salvar las escaleras del atrio. Un sonoro aplauso del público asistente homenajea a capataz y costaleros por el éxito de la operación.

Portada del ABC - 1955


El cortejo procesional, está presidido por una autoridad eclesiástica acompañada por representantes municipales y junto a ellos números de guardia civil y municipal con traje de gala. Tras ellos, fuera ya de la organización, sigue un grupo de personas, muchas de ellas en cumplimiento de promesa, que marchan descalzas con velas.

La procesión termina cuando el paso llega a la Estación de Penitencia que le ha sido asignada. Todas las imágenes que salen a las calles de Madrid en Semana Santa gozan de gran arraigo popular, pero hay una que destaca sobre todas y es el Cristo de Medinaceli cuya veneración alcanza su máximo esplendor el primer viernes de Marzo (6 de Marzo de 2.009).

Cristo de Medinaceli – Revista Nuevo Mundo – 1919 – Fuente: BNE.

El Domingo de Resurrección [1], también llamado Primer Domingo de Pascua (12 de Abril de 2.009), tienen lugar diversas procesiones con diferentes denominaciones y funciones, así tenemos “La Carrerita”, “El Encuentro”, “Bendición de los campos”... Este día dan comienzo las romerías a lo largo y ancho de la geografía española y que finalizarán, salvo excepciones, el día 15 de Mayo, festividad de San Isidro Labrador, en las que se va a comer cordero al campo ya que no se había hecho anteriormente por respetar el ayuno y la abstinencia en el tiempo cuaresmal.

La Semana Santa tiene otra forma de celebración. actualmente en aumento, que son las Pasiones Vivientes. En la Comunidad de Madrid destacan las de Chinchón y Morata de Tajuña.

Hay que mencionar también que en tiempo pasado por estas fechas eran cubiertos los cristos y las imágenes de las iglesias con lienzos morados y las proyecciones de cine se basaban únicamente en temas religiosos, siendo una de las películas que constantemente se repetía, aunque no la única, “La túnica sagrada”.

Finalmente recordar un refrán que dice “Carnaval en la calle, Semana Santa en casa” que nos indica que cuando hace buen tiempo en una de estas actividades, en la otra llueve.

Autor José Manuel Seseña
En el blog este blog 
colaboran también Ángel Caldito y Ricardo Márquez.

Para mayor información sobre las procesiones de este año en Madrid puede visitar:



[1] El 18 de Abril de 1.886, Domingo de Ramos, el obispo de Madrid-Alcalá D. Narciso Martínez Izquierdo cuando subía por las escaleras de la Catedral de San Isidro para oficiar misa, fue tiroteado por el cura Cayetano Galeote Cotilla que se consideraba injustamente tratado, falleciendo al día siguiente. El prelado fue el primer obispo de la diócesis creada por el Papa León XIII el 7 de Marzo de 1.885.

miércoles, 1 de abril de 2009

La Semana Santa en Madrid en los Siglos XVI al XVIII

Grabado de 1888. La Ilustración Española – Fuente: BNE.
SIGLO XVI
La Semana Santa en Madrid era el momento en que las gentes compraban y cambiaban de traje, siendo el punto de partida, o la disculpa, el Domingo de Ramos. Las damas casaderas iban acompañadas de sus padres, dueñas o pajes a la iglesia.

En las puertas de la iglesias estaban los estereros valencianos, con grandes palmas o entretejidas elaboradas. También estaban los labradores de Madrid con ramas de olivo o de romero. Lo más correcto, por fastuoso, era entrar ya a la iglesia con la palma. Todos los galanes andaban atentos a ofrecer una palma a su prometida, o posible futura prometida, pero aquí se producían numerosos problemas, pues las damas iban cubiertas, y se daba el caso que dos galanes ofrecían la palma a una misma dama, lo que ocasionó no pocas disputas. La dama que aceptaba la palma se lo entregaba a sus acompañantes y tomaba un rama de olivo o romero para estar más vistosa y descansada.

Domingo de Ramos - Nuevo Mundo, 1899 – Fuente: BNE.

El Domingo de Ramos la más ostentosa era la del Palacio Real y destacaba también la de la Santa Cruz, a la cual asistía el Concejo de Madrid. Quizás la más querida era la del Colegio Imperial (hoy corresponde al Instituto San Isidro), donde se exponía una replica del Santo Sudario de Turín. En el Hospital de la Pasión, anexo al antiguo Hospital General, se trasladaban los huesos de los difuntos de la iglesia al camposanto, otorgando a los que así lo hacían indulgencia plenaria.

El Miércoles empezaban muchas procesiones, siendo la más relevante la que salía del Carmen por la tarde con destino a Palacio. Por la noche se siguió conservando la tradición de aporrear los confesonarios, púlpitos e incluso los altares, aunque con el tiempo se fue abandonando.

El Jueves Santo se imponía el más riguroso silencio, quedaba prohibido circular con carruajes por las calles de la Villa, y ni el mismo Rey se atrevía a contravenir esta orden, estando únicamente permitido el trasporte en silla de mano con fuerza humana. Las mujeres estaban todo el día yendo de una iglesia a otra, y los hombres no se unían a ellas hasta las diez de la noche, estando despiertos de templo en templo hasta la madrugada. Algunos hombres cargaban cruces o cadenas y se organizaban largas comitivas que los alumbraban con antorchas y acompañaban de una iglesia a otra.

Dos procesiones, instituidas por San Fernando, se celebraban el jueves, ambas salían del entorno de la plaza de la Cebada, de la iglesia de Nuestra Señora de Gracia y del convento-hospital de la Pasión, y las dos iban a la gran plaza de Palacio donde eran recibidas cada una por separado por el Rey y la Reina.

En Nuestra Señora de la Concepción se veneraba durante el Jueves y el Viernes Santo la faz de Cristo.

A las seis de la mañana se iniciaban las procesiones del Viernes Santo, con la de Jesús Nazareno en los Trinitarios Descalzos, que iba de San Millán al convento de los Capuchinos de la Paciencia (en la actual Glorieta de Bilbao).

La de Santísimo Cristo de la Fe, salía a las ocho de San Sebastián y a las doce se oficiaba el Entierro de Cristo en la iglesia del Carmen y en las Descalzas Reales con el Santísimo Sacramento dentro del costado de la efigie del Redentor. En los conventos de San Felipe el Real y Santa Bárbara, ya desaparecidos, se celebraba la ceremonia del Descendimiento. Otro acto singular era el sermón que se oficiaba de 12 a 3 de la tarde en el convento de los Padres Basilios, en la calle Desengaño.

Mencionar también el acto de redención que se ofrecía a las mujeres de mala vida en Santa Maria de la Penitenciaria, otorgándolas el perdón, aunque en la mayoría de los casos eran unas horas lo que tardaban en volver a pecar.

Al finalizar la misa los cánones mandaban que el mozo llevará la palma a casa de la dama. El galán debía de atar la palma a un balcón o reja, utilizando para ello una cinta. El color de la cinta tenia un significado, así el encarnado era que se sentía correspondido, el negro que no le quería pero moriría por ella y el verde que mantenía la esperanza de llegar a buen fin (este era el más utilizado en señal de humildad). Cuando el color era blanco significaba que la palma era de algún niño, anciano, o bien de alguna doncella que no tenía galán, y servia de señal para los mozos despistados.


El Miércoles Santo era tradición ir a pasear cerca de la iglesia o el cementerio. Las mozas iban cubiertas y los mozos solían regalarlas matracas o carracas de madera, talladas en finas maderas y con motivos que, siendo a la vez religiosos, dejaran entrever su sentimientos. Esto daba mucho trabajo a los carpinteros y algún orfebre, ya que algunas carracas eran adornadas con oro o plata.

Se supone que después entraban en la iglesia, y no sé sabe el momento, pero todas las damas debían de empezar a hacer sonar las carracas a la vez, y los mozos golpeaban los confesionarios. Andrés Gómez Riberano, poeta del siglo XVI, nos dejó esta poesía:

Las damas con sus matracas
los azotes semejaban
y los hombres golpeaban
confesonarios o estacas.

En las puertas de las iglesias se montaban puestos de pastelería, panadería, comestibles varios e incluso se vendía vino. Pareciera que al acabarse la cuaresma solo se tuviese un día para comer, y la gula campara a sus anchas. Los templos e iglesias permanecían abiertos toda la noche y con sus luces encendidas, así como los hogares de las principales familias, lo que permitía al pueblo estar despierto toda la noche y hacer alguna que otra tropelía. Era tradición aguantar despierto hasta el amanecer y el ir de nuevo al interior de la iglesia una vez saliera el sol.

Una costumbre era que las damas se cubrieran con un manto (se las llamaba arrebozadas o rebozadas) y con una pequeña antorcha velasen al Santísimo toda la noche, pero los mantos cada vez fueron siendo más ostentosos y se daba el caso que algunos galanes llegaron a cortejar a las damas en las iglesias, por lo que dicha tradición fue prohibida.

En la procesión del entierro de Cristo, que se hacía al amanecer del Sábado Santo, o en los pasos del Viernes por la tarde, las mujeres iban cubiertas y los hombres utilizaban careta o una caperuza puntiaguda (como las que hoy se usan) y hacían sonar un clarín grave. Algunos se flagelaban la espalda y después se les sajaba con unas bolas de cera con cristal en las puertas de los templos, lo que no dejaba de ser un acto de vanidad por parte de los flagelados y un divertimento para el público que los veía.

Hoy en día no comprendemos esta forma de celebrar la Semana Santa pero hay varios motivos para entenderlo. El fuero de Madrid en aquella época concedía muchos privilegios al pueblo, no olvidemos que en el fondo no dejaban de ser unos colonos en tierras que hasta entonces habían sido musulmanas. La Inquisición fue tomando fuerza y poder durante este siglo, y como veremos, estos dispendios no fueron consentidos en los siglos siguientes. La vida en aquel entonces debía de ser muy dura y para el pueblo el que se mantuvieran las luces toda la noche debía de ser un acontecimiento y a la vez coincidía con la finalización del largo invierno.

Fuente: Alrededor del Mundo – Marzo 1921. Biblioteca Nacional de España.


SIGLOS XVII y XVIII
Durante la Cuaresma eran suspendidas todas las representaciones teatrales. Esta suspensión era tomada como el punto final para la temporada teatral. El Miércoles de Ceniza los cuerpos del estado se reunían en las iglesias elegidas y se daban unos solemnes sermones. Así el Consejo de Castilla se reunía en el convento de San Gil (situado en la actual plaza de Oriente), el de la Inquisición en Santo Domingo, los de Hacienda en la Victoria,.... También se hacían durante la Cuaresma ejercicios espirituales en las capillas subterráneas o Bóvedas Santas que tenían determinados templos.

Los primeros pasos eran: el Cristo de los Desgraciados, de la iglesia de San Luis, que salía el Viernes de Dolores; y el Cristo del Perdón, que salía un día antes del convento del Rosario a cargo de los frailes dominicos.

Nuevo Mundo, 1899 – Fuente: BNE.


Hasta cinco procesiones iban a Palacio el Viernes Santo por la tarde, siendo las más nombradas la de los Trinitarios Calzados, de la calle Atocha, y la del monasterio de la Victoria, que estaba en la Carrera de San Jerónimo. En ellas se congregaban el Concejo de Madrid, los Sres. Alcaldes del crimen de casa y corte, las cofradías, los parroquianos. Vestían de negro, llevaban cirios y los más humildes antorchas, y se cubrían el rostro con largos antifaces. Las procesiones eran acompañadas por el sonar de largos clarines y el redoblar de unos tambores cubiertos con telas negras. En otras procesiones estaban los hombres con capirotes que se flagelaban la espalda.

Procesión en el Palacio Real. El Imparcial – 1926 – Fuente BNE.


Fuente: La Ilustración Española y Americana. Marzo de 1913. Biblioteca Nacional de España.

Autor: Ricardo Márquez.
En este blog también colaboran: Angel Caldito y José Manuel Seseña.