Colegio San Juan Bosco

viernes, 11 de octubre de 2013

Historia del Colegio:
El Colegio San Juan Bosco surge como iniciativa de D. Miguel Junquera Sánchez y tuvo dos ubicaciones. Comenzó a impartir su formación en 1959, en forma de los colegios-academia habituales en aquellos años en dos pisos en la calle Joaquín García Morato, 161 y 163, esquina a la calle Maudes (hoy Santa Engracia 169 y 171). El colegio-academia estaba reconocido por el Ministerio sólo hasta 4º, y para el resto de los cursos y las reválidas de 4º y 6º había que examinarse en el Instituto Cardenal Cisneros.

Una vez cerrado dicho colegio, se abrió otro, ocupando la mitad de uno de los hotelitos de la desaparecida Colonia Maudes en la calle Doctor Bobillo, 8 esquina con la calle Ponzano.

Durante toda su historia, se hace visible el enorme esfuerzo de su profesorado por estar a la vanguardia en su formación y dar la más completa educación a su alumnado.

El colegio era muy reducido en espacio para el alumnado que tenía. Disponía de un pequeño patio de juego, donde difícilmente podía tener cabida todos los alumnos inscritos, utilizándose las calles adyacentes como improvisado recreo, ya que aquel patio no daba más de sí.

La inestabilidad política (años de la Transición) unida a las dificultades económicas generadas por la crisis del petróleo, produjeron que el colegio entrase en un periodo en el que no podía hacer frente a los créditos contraídos. Posteriormente cerró en 1975 cuando comenzó la reordenación de la zona ocupada por la Colonia Maudes en el barrio Ríos Rosas del distrito de Chamberí.

En 1975 se produjo una fusión de los colegios San Juan Bosco, Mirasierra (dirigido por Pilar González Serrano) y Cisneros (dirigido por Navor Vázquez) que culminó en el nuevo colegio El Molino que abrió en el curso 1975-76. De ahí surgió en 1983 el Colegio Logos, ubicado en la urbanización El Molino de la Hoz, en la carretera de las Rozas.

Localización del Colegio San Juan Bosco en la Colonia Maudes



D. Miguel Junquera (director del colegio San Juan Bosco) con el entonces príncipe D.Juan Carlos


Boletín de notas y reglamento del centro

Distribución del colegio
Planta Sótano                           

Planta a nivel de la calle

Primera Planta                 
                            
Segunda Planta

Orla del Colegio San Juan Bosco, curso 1963-64

Fiesta de fin de curso 6º de bachiller en el restaurante La Tropical (Junio 1974)

Profesorado
Entre algunos de los profesores se encontraban los siguientes:
D. Miguel Junquera. Director del Colegio.
D. José. Profesor que impartía todas las asignaturas del curso de ingreso a Bachillerato. Además se encargaba de mantener la disciplina.
D. Rafael (ciencias naturales), impartía asignaturas de letras en primero y segundo de bachiller.
Srta. Mari Carmen (luego mujer de D. Rafael y sobrina del Director). Impartía asignaturas de letras durante todo el Bachillerato.
Srta. Mari Feli. Impartía asignaturas de Letras durante todo el Bachillerato, sobre todo Historia del Arte.
D. Francisco (literatura)
D. Juan (física y química)
D. Ángel (matemáticas)

Entrega de premios en el Parque Móvil del Ministerio  (fiesta de fin de curso 1969) Director y Grupo de profesores.


Salida del colegio San Juan Bosco. Calle Dr. Bobillo, 8. Día de la 1ª Comunión año 1969

Las Comuniones se celebraban en la Iglesia de Ntra. Sra. de los Angeles (c/ Bravo Murillo nº 93).

De profesores se puede ver delante a Don Antonio y más atrás a Don Miguel, el director en la esquina de la calle Maudes con J. Gª Morato (actual Santa Engracia)

Recuerdos de un alumno: su primer día de clase
Una mañana de 1966.

Salía de casa con el tiempo justo, eran las 9 menos cuarto, pero no importaba, el colegio estaba en el barrio, cerca de casa, no era necesario que nadie me acompañara aunque sólo tenía 9 años. 1966. Los niños no eran recogidos por autobuses escolares ni los padres les llevaban como a príncipes hasta la puerta con el coche. Quizá tampoco había coche, un artículo de lujo. Lucía el sol de otoño en Madrid. Salía del número 5 en la calle Alenza. Pasaba por delante del ambulatorio de la esquina. Una vez dejaba atrás María de Guzmán, dejando a la izquierda el economato militar, cambiaba a la acera de la Continental. Pasaba por delante del estanco, del bar. Alcanzaba la enorme puerta de las cocheras, atento a la entrada o salida de alguno de aquellos grandes autocares amarillos con el techo negro. Junto a ella, un minúsculo “puesto de pipas” que atendía una mujeruca con pañuelo a la cabeza y faltriquera. A veces me paraba a comprar allí por unas cuantas monedas de 10 céntimos jalea real, regaliz o pastillas de leche de burra. Pero aquella mañana no, había que llegar al colegio antes de que llamaran a formar.

Llegando a la esquina con la calle Maudes me sobrecogía la silueta oscura y siniestra del Hospital. Era como la silueta de un barco que emergía de una pesadilla. En la esquina opuesta, haciendo chaflán, una puerta de metal repujado daba entrada a un edificio pequeño, cuyas ventanas no permitían ver el interior. Era el  “estudio de un escultor”, me dijo una vez mi madre. Este dato aportaba un nuevo misterio: aquella pesada puerta de metal, siempre cerrada, ocultaba un mundo donde vivía un ser extraño, un artista, por lo tanto, un vago, también según decía mi madre.

Había que acelerar el paso y la pesada cartera que colgaba de mi mano, no facilitaba las cosas. Una cartera de plástico que quería parecer cuero. Dentro: cuadernos rayados, escuadra, regla, cartabón, sacapuntas, goma de borrar Milán, una gruesa Enciclopedia Álvarez, un trozo de pan y una onza de chocolate envueltos en una servilleta. El interior de esa cartera olía a lápiz y a papel con tinta de imprenta.

Hacia la mitad del tramo entre Alenza y Ponzano, doblaba la esquina de una pequeña calle sin nombre. A cada lado, uno de aquellos sombríos “hotelillos” de un desvaído color tierra, fachadas heridas, jardines en un largo estado de abandono. Misterio.

Otros niños estaban llegando. Había que darse prisa. La callecita daba paso a otra perpendicular llamada Doctor Bobillo. Pero…ya estaba sonando el timbre, teníamos que entrar en el colegio y bajar al patio a formar. Mi colegio, aquel colegio de San Juan Bosco, cabía entero, con profesores, pupitres y alumnos en la mitad de uno de aquellos hotelitos, de aquellas casas unifamiliares, me pregunto cómo era posible.

Formábamos en fila de a uno. A la izquierda, los mayores. Había que permanecer en silencio, mantener la fila recta, mirar con la cabeza erguida a la parte superior de la escalera, donde estaba el Director, Don Miguel Junquera, y, a veces, cantar un himno que ya no recuerdo. Todos sabíamos que si no manteníamos el orden necesario, permaneceríamos allí aunque hiciera frío; la única excepción absolutoria era la lluvia: si llovía no se formaba.

Entonces sonaba de nuevo el timbre y en orden, en riguroso orden, se subía aquella angosta escalera de cemento y se pasaba al interior del edificio. Aquel año de 1966, el primero que pasaba en el colegio, el aula de los alumnos del curso de Ingreso a Bachillerato estaba en la primera planta de lo que en alguna época había sido sólo una vivienda familiar. Subíamos en silencio por una estrecha escalera de madera, ligeramente semicircular. Los peldaños crujían o, mejor dicho, se lamentaban. La escalera continuaba hacia una segunda planta. Nunca subí a ella. No sé si allí había otros cuartos, aulas, o si había una terraza. Nosotros nos quedábamos en la primera  aula a la derecha. Tenía forma rectangular. A mano izquierda había un balcón cuya parte superior era un semicírculo. Desde esta ventana se veía la calle Doctor Bobillo y el chalet del otro lado. Éste aún tenía habitantes durante aquel curso. Luego fue abandonado.

Dejábamos los abrigos colgados de unas perchas de metal en la pared opuesta a la pizarra. Esperábamos que llegara el profesor. Casi todos los niños alborotaban un poco, hablaban, buscaban o pedían algo, pero al oír las pisadas sobre los quejumbrosos escalones se producía un silencio inmediato. Era Don José. Cuando el profesor entraba, los niños nos levantábamos y le dábamos los buenos días. A continuación dos hechos denunciaban que la jornada escolar había comenzado y ya no había escapatoria: Don José cerraba la puerta y encendía los fluorescentes: un doble parpadeo era el preludio de largo zumbido que duró toda aquella inacabable mañana de 1966…

El gimnasio que utilizaba el colegio estaba en la calle Alonso Cano, 99.

Tuna del colegio San Juan Bosco en 1969 (fiesta de fin de curso)

Director y Grupo de profesores en el Parque Móvil del Ministerio
-.-.-

Autor: Ángel Caldito

Mi más sincero agradecimiento a D. Francisco Junquera, por la información y documentación gráfica aportada para el artículo.
Mi agradecimiento también, a todos los informantes, por su colaboración en la realización de este trabajo.
Web del Colegio Logos: http://www.colegiologos.es/

En este blog participan: José Manuel Seseña y Ricardo Márquez.

35 comentarios :

Anónimo ,  12 de octubre de 2013, 12:48  

Hola, Ángel:
¡por fin los alumnos del San Juan Bosco tenemos nuestro artículo en tu blog!
Cursé en este colegio desde ingreso hasta 6º de Bachiller, es decir, de la niñez a la mocedad. En los recuerdos hay de todo, luces y sombras, pero, en general, después de los cuarenta años transcurridos desde entonces, recuerdo con mucho cariño a la inmensa mayoría de los compañeros de clase y a nuestros profesores: D.Rafael, D.José (azote de rebeldes y sumisos), la señorita Mari Carme, Mari Feli, el Bolas (D.José Antonio) y tantos otros. Después de todo, en gran parte, a ellos les debemos ser quienes somos y cómo somos.
Gracias y enhorabuena por tu estupendo trabajo.
Un abrazo,
Emilio

Ángel 15 de octubre de 2013, 11:57  

Hola Emilio:
Gracias por el comentario y por tu colaboración siempre dispuesta a la hora de recoger información para el artículo. Solo queda esperar la participación de antiguos compañeros tuyos con sus comentarios y que se pueda ir ampliando el trabajo con la aportación de todos.
Un abrazo.
Ángel

Luis Olmedo 19 de octubre de 2013, 23:20  

Hola Ángel,
ha sido emocionante, verdaderamente emocionante, encontrar el Colegio tantos años después, cuando el paisaje de la zona ha cambiado tanto y desaparecieron aquellas callecitas hoy tan evocadoras.
Volver a ver a D. Miguel, tanto tiempo después y, como colofón, verme en la orla que publicas y que tengo,
Yo vivía entonces en la calle Maudes, muy cerca de Ponzano, cuando por allí pasaba todavía el farolero todas las tardes...
Te lo agradezco profundamente.
Un abrazo.
Ángel Olmedo

Ernesto 21 de octubre de 2013, 1:32  

¡Hola a todos!
Mi nombre es Ernesto Baptista, y estudié en el S. Juan Bosco desde párvulos o preescolar o como se llamara aquello, hasta 6º de bachiller, desde ¿1957, 1958? hasta 1967. Empecé cuando el colegio estaba en 2 pisos de la c/ Joaquín García Morato núms. 159 y 163 (hoy Santa Engracia 167 y 171); yo vivía en el 155 (ahora 163). Aporto los datos-recuerdos en este blog para rectificar, si procede, la fecha de inicio de la actividad del centro como su ubicación, aunque no tengo documentación que los respalde.
Siento no tener apenas fotos, sólo algunas mías de cuando las hacían para la ficha y la memoria del colegio o en la entrega de algún diploma a los repelentes empollones, y una, que adjunté en su momento y está en la documentación publicada, del día de mi 1ª Comunión, el 24-5-1959, con D. Antonio (delante) y D. Miguel (detrás), que al ver a la niña que encabezaba el desfile de disfraces deduzco que la hacíamos con algún otro colegio, porque el nuestro sólo era de chicos.
Veo publicada la orla del curso 1963-1964, de 3º de bachillerato, y es mi tercer curso. No tenía la foto y me ha hecho gracia verla, al recordar a algunos compañeros: Luis Cachán Alcolea, Álvaro, Esteban Encinas España, Jose Rihuete Galve(¿z?), César Cabeza Álvarez, Calderón…., creo que reconozco a Olmedo, que ha escrito uno de los comentarios al blog… Arriba a la izquierda, D. Miguel, el director, D. José, D. Francisco, la Srta. Mary Carmen…., D. Juan a la derecha del todo….
Creo recordar que la otra parte del chalé adosado estaba ocupado por una delegación de la O.J.E., donde no llegué a entrar. Era el número 10 de Dr. Bobillo y hacía esquina con la c/ Ponzano.
No se me borra ver algún cadáver en el depósito, junto a la sala de autopsias del Hospital de Maudes, gateando por el muro para llegar a los ventanucos que daban a la c/ Alenza (hoy tapiados), a donde nos subíamos con todo el morbo del que disponíamos.
Los planos que veo de la vieja Colonia Maudes están mal en cuanto a que Dr. Bobillo, por la izquierda -Oeste-, estaba cortada a la altura de la c/ Fernando Sánchez Viloria, no tenía salida a Alenza; lo recuerdo de los recreos de 5º de bachiller, porque nos dejaban llegar hasta esa esquina, mientras que los de 6º se bajaban a la esquina con Ponzano.
Los planos del colegio con sus aulas los he dibujado yo, y al publicarse veo alguno rectificado. Las plantas semisótano y baja están bien. Pero la 1ª planta está cambiada, yo la envié girada.
De la 2ª planta no hice dibujo porque no la recuerdo, quizás no subí nunca a ella, pero es imposible que sea como se ha publicado, ya que era abuhardillada y, según las fotos exteriores, parece que se deshizo la buhardilla para convertir la parte de menor altura en un patio-terraza…
El dibujo del colegio (en la orla, por ejemplo) tiene más imaginación que realidad, pero la foto con la fachada del chalé pintada de naranja, es imposible que dé como dibujo lo publicado con el pie de “Segunda Planta”.
Éstas son las correcciones a las que llego con mis precarios recuerdos.
Los halagos a Ángel Caldito y sus ayudantes no los he puesto al inicio de mis comentarios pero son lo más importante, aunque la mayor parte de su labor de coordinación tendremos que imaginarla detrás de este fantástico trabajo. Muchas gracias a todos.

Anónimo ,  21 de octubre de 2013, 11:22  

Hola a Ernesto y demás compañeros y seguidores del blog.
Abundando en lo que comentas de la morgue que tenía el hospital de Maudes (en aquellos tiempos, hospital militar donde personas de mi familia y yo mismo fuimos atendidos), recuerdo una pelea a base de bolas de nieve, que comenzó a las puertas del colegio y se extendió hasta el hospital. Uno de los compañeros, creo que Lorenzo -no recuerdo su apellido- que se mostraba muy muy ágil y diestro en puntería, consiguió subir a la parte superior del depósito de cadáveres y continuar la batalla desde tan privilegiada posición. No sólo peleaba con bolas, sino que consiguió amasar en el jardín del hospital una inmesa bola de nieve, que cogió con los dos brazos, y dejó caer sobre un pobre infeliz que casi quedó sepultado bajo aquel improvisado alud.
Aquello debió ocurrir una fría tarde de invierno madrileño (cuando nevaba con frecuencia y abundancia) entre el 67 y el 69, tiempo en el que el hospital estaba cerrado ya (cosa que no era obstáculo para algunos).
Por otra parte, efectivamente, la calle doctor Bobillo no llegaba a Alenza -calle en la que yo vivía-. Estaba cerrada. En la primera foto de este artículo donde aparecen unos niños y niñas de primera comunión, se ve el fondo de la calle. Veréis un persiana metálica y delante ella una señora de negro mirando hacia el fotógrafo, tapándose la cara por el sol. Ese era el fondo de la calle. A la derecha de esa persiana había un hotelito, cuyo jardín quedaba por encima de la altura de la calle. Otro día os cuento una anécdota que nos ocurrió a Gorri (aka Loro) y a mí al pie de ese jardín.
Un abrazo,
Emilio

Ángel 21 de octubre de 2013, 22:03  

Hola a los tres,
Este trabajo sin la colaboración y aportaciones de todos no se hubiera podido publicar. Dejo que seáis vosotros lo que mantegáis con vuestros comentarios, vivo este hilo.
Un abrazo para los tres.
Ángel

Anónimo ,  24 de octubre de 2013, 16:37  

Algunas curiosidades:
La terraza de la segunda planta, ¿realmente existió?
¿El colegio estaba dotado de un laboratorio? ¿Disponía de biblioteca?
No recuerdo la existencia de nada de esto, sin embargo, viendo las fotos del blog, sí que se aprecia una terraza. Pude contrastar tal hecho con una de nuestras profesoras, después de... ¿39 años?. En efecto, existía una terraza a la que sólo unos pocos tenían acceso. Eran los alumnos que participaban en las actuaciones que se llevaban a cabo en el Parque Móvil de Cea Bermúdez, al final de cada curso. Ellos (y recuerdo a unos cuantos de estos notables) ensayaban en la terraza, y, además, la profesora en cuestión era una de las encargadas de dirigir los ensayos. Yo no me encontraba entre estos destacados alumnos, por supuesto, así que para mí la terraza nunca existió, o, por lo menos, no fui nunca consciente de ello, que yo recuerde.
Otro cantar es el de la existencia del laboratorio y la biblioteca. Al parecer, según el autor de este blog, oficialmente el colegio contaba con tales prestaciones. Yo creo que, más bien, eran instalaciones virtuales (¿una estantería al fondo del aula grande del sótano con algunos libros y unos tubos de ensayo?) necesarias para superar las inspecciones anuales del ministerio de educación. ¿Alguno de vosotros lo recuerda?
Saludos,
Emilio

Ernesto 25 de octubre de 2013, 14:30  

¡Hola de nuevo!
Pues sí, Emilio, no me había fijado mucho en esa foto que dices de niños y niñas de 1ª Comunión en la c/ Dr. Bobillo, se ve que al final no continúa hasta Alenza, aunque por ausencia de sombras no se ve que gira por la derecha hacia Fernando Sánchez Viloria. El mapa correcto está publicado en uno de los blogs de la Colonia Maudes: http://historias-matritenses.blogspot.com.es/2008/09/colonia-de-ayudantes-de-la-ingeniera-y.html, con el título de “Plano de situación de la colonia. Años 70.”, y un pie que es un link a una animación que indica cómo era la zona en 1956 y en 2006, aunque este dibujo no contempla que la calle Hermanos Borrella terminaba llamándose María Panés entre Alférez de Navío Vidania y Alonso Cano.
¿Laboratorio o biblioteca en el S. Juan Bosco? No recuerdo ni lo uno ni lo otro, pero es que no lo encuentro tampoco en el blog, ¿dónde lo busco? Lo que comentas, Emilio, de tu encuentro con una profesora hablando de la famosa terraza que no recordamos…, me suena a chino; la única actuación de fin de curso que recuerdo era en el salón de actos del Instituto Cardenal Cisneros, y lo recuerdo porque me tocó recitar el “con 10 cañones por banda y viento en popa a toda vela…”, ¡qué vergüenza retroactiva!
Me falta un dato en las fotos publicadas: el año.
Me da envidia Olmedo por tener tan claro el recuerdo del paso del farolero; yo recuerdo más al sereno que al farolero, y no entiendo por qué, en Sta. Engracia también teníamos farolas. ¿Alguna fotografía?
También debemos recordar todos una de las tiendas a la que más íbamos, una papelería por aquel entonces, “La tienda verde”, en Maudes 38 (hoy tienda de mapas con una sucursal en la acera de enfrente, en el 23), que aunque no estaba en la colonia, abastecía a los alumnos del S. J. Bosco (Mirasierra, Atheno, etc.) de la mayor parte de su escaso material escolar.
Los que debéis tener más recuerdos ¿y fotos? de la zona de chalés sois los que vivíais y jugabais allí mismo; yo vivía un poco más lejos, al otro lado de las casas militares.
Me extraña no ver por aquí más compañeros de entonces, ahora que tenemos internet hasta en los móviles. La mayoría no nos conoceríamos porque habríamos asistido en años diferentes, incluso coincidiendo el mismo año en el colegio sería difícil recordarse estando en cursos distintos, pero sería bueno aportar más recuerdos y material gráfico. Espero que la curiosidad de más gente les haga llegar hasta aquí.
En mi comentario anterior no supe cómo incluir los planos del colegio rectificados y el croquis de las calles de la colonia, aunque se lo envié a Ángel Caldito por mail, por si en algún momento se decide rectificar el blog. Me da cosa repetirme pero creo que se debería dejar en este blog unos planos del edificio más coherentes que los publicados, pero no sé cómo hacerlo.
Un fuerte abrazo, a la espera de más intervenciones.
Ernesto

Ángel 25 de octubre de 2013, 21:32  

Hola Ernesto,
Gracias por tus comentarios y aportaciones. Si te parece podemos esperar a que haya más comentarios y se puedan ir aclarando o confirmando algunas de las cuestiones que planteas.
Un abrazo.
Ángel

Anónimo ,  27 de octubre de 2013, 21:44  

Hola, Ernesto y seguidores de este blog:
mi paso por el colegio transcurrió entre 1966 y 1972. Creo que tú eres más veterano.
En la época en la que estuve en el colegio, cada fin de curso había una entrega de premios y una representación (recuerdo una pequeño montaje llamado Las guerras del Peloponeros) que se celebraban en el salón de actos del Parque Móvil, en la calle Cea Bermúdez, muy cerca de donde hoy están los teatros del Canal (horrido edificio). El PM era toda una pequeña ciudad. Contaba con economatos,
ginmasio, piscina cubierta y, si no me equivoco, viviendas en la calle Bravo Murillo. Para mí, algo sorprendente del PM era el ascensor, que no tenía puertas interiores ni exteriores; daba la impresión de que uno podía subirse o bajarse en marcha.
Otro lugar que recuerdo era el llamado Campo del Pimiento, al final de reina Victoria, cerca de la avenida de Moncloa. En aquellos tiempos, había por allí, donde hoy está Hacienda, una serie de casas bajas donde la gente te cobraba 10 céntimos de peseta por beber agua de botijo. Íbamos allí a jugar al fútbol y a practicar deporte (es un decir). Posteriormente el colegio alquiló un gimnasio
en Alonso Cano donde recibíamos clases de un profesor (aparece en algunas de las fotos publicadas) que motejábamos de Polifemo.
Continuará
Abrazos,
Emilio

Ernesto ,  3 de noviembre de 2013, 12:50  

Aquí estamos de nuevo. Fijaros si soy veterano de guerra que yo la mili la hice…., que no, que el abuelo cebolleta no va a hablar de hazañas bélicas hoy.
Pues nosotros no sabíamos ni de la existencia de gimnasios cerrados, el 1º que vi fue al hacer el examen de reválida de 4º en el Cardenal Cisneros. Hacíamos la gimnasia en el minipatio del colegio a base de tablas tipo “piernas abiertas de salto y brazos en cruz” y cosas así, y de aparatos teníamos el potro, el plinto, una colchoneta y la cuerda, atada a un saliente de hierro colgando en el patio por la zona opuesta a la calle, para subir casi hasta el tejado (?); la cosa se complicaba cuando llovía….. Pero íbamos, en pleno invierno y de madrugada, al Campo del Pijo (no sé si a alguien le sonará esto pero es verídico), antes de construirse AZCA, que se inició después de 1975, entre el Corte Inglés de Castellana y la Pza. Picasso, en una vaguada donde echábamos partidos de fútbol; en las orejas nos salían unos sabañones como melones.
No recuerdo lo que cuentas, Emilio, de los aguadores de la zona de la actual AEAT, el Cerro del Pimiento, sólo de nombre, pero no lo visualizo. Eso mismo yo lo sitúo en el viejo campo del Atleti, en el Metropolitano, donde se ponían con sus botijos ofreciendo echar un trago de agua con anís (algo caía dentro de la boca, porque no se podía chupar), que simulaba más frescor cuando los chismes aquellos de barro blanco, pesadísimos para un crío, llevaban un par de horas al sol… Y esto que cuento estaba al otro lado de Reina Victoria, al contrario de Hacienda, bajando y a la derecha (hoy Pza. Ciudad de Viena…, Pº Juan XXIII). El Metropolitano, dice la que todo lo sabe, fue demolido en 1966.
Las entregas de premios que recuerdo fueron en el instituto, como ya he contado. Del Parque Móvil sólo memoricé el único frontón profesional que conocí, con sus apuestas y toda la afición que había por aquél entonces a este deporte; entrar era gratis, y estaba justo donde hoy están los Teatros del Canal.
Voy a sacar otro tema del colegio que apenas recuerdo, y va la cosa de adornos y mobiliario… Al entrar en el edificio, junto a la puerta, en la pared de la derecha, entre el dintel de la puerta de la calle y el de la puerta del primer aula, había un recuadro donde figuraban los niños empollones que estaban en el Cuadro de Honor cada mes, motivo por el cual el colegio les llevaba una tarde al cine, al menos en mis tiempos. En todas las clases había una pizarra, por supuesto, y encima un crucifijo, pero no “visualizo” ninguna foto de Franco, lo mismo se me ha borrado y sí que había. ¿Cómo lo recordáis?
Tengo bastante oscuro en la memoria también los baños en la planta semisótano. Había una zona, bajo las escaleras que desde la calle accedían al patio, que quizás estuviese aprovechada para el material de mantenimiento y limpieza, o quizás estos utensilios estaban bajo la zona que correspondía al hueco de las escaleras que subían al hall de entrada. Son un par más de mis puntos negros.
En cuanto a los planos, como queráis, Ángel, esperaremos más opiniones, y ojalá que no tengan memoria de pez.
Un abrazo.
Ernesto

Anónimo ,  9 de noviembre de 2013, 22:40  

Buenas tardes,
por alusiones, contesto a Ernesto:
muy interesantes tus puntualizaciones acerca del Cerro del Pimiento. Yo lo recordaba como el campo del idem y situado en Reina Victoria, pero tiene sentido lo que dices en cuanto a su ubicación, es más probable que estuviera en la zona del antiguo campo del Metropolitano.
Acerca del plano del colegio: el aula del sótano, la más pequeña, la que tenía una ventana al patio, la recuerdo (y no soy el único) con los pupitres orientados mirando a la puerta del aula. En el plano aparecen alineados de forma que la ventana y la puerta quedan a los lados de los pupítres.
Si no me equivoco, los dos últimos cursos de Bachiller (y algún otro anterior) los vivimos allí.
Debajo de la escalera que bajaba al sótano había un cuartito donde se guardaban las escobas.
Por cierto que estos servicios eran los únicos disponibles en tod el colegio, es decir, que los utilizabamos los alumnos de todas las edades, pero también los profesores y profesoras, como me confirmó la señorita Mari Carmen.
Debajo de las escaleras del patio había un armario de obra, pero no recuerdo qué se guardaba en él.
En cuanto a la existencia de retratos de Franco y José Antonio en las aulas creo poder afirmar que no estaban presentes (y nunca mejor dicho), y puedo decirlo porque creo que en tercero de Bachiller
D. Federico, profesor de dibujo artístico, nos pidió que dibujásemos a algunos de los compañeros de clase. Yo dibujé tres retratos. El modelo (dos compañeros y el propio profesor) posaban de espaldas a la pizarra, encima de la cual se encontraba el crucifijo, que aparece en uno de mis dibujos, pero no aparece ningún retrato. Yo creo que en aquellos años (1966 en adelante) ese tipo de "complementos" habían desaparecido de las aulas de muchos colegios. De todas formas, no recuerdo que hubieran estado allí en ningún momento, a esar de que el director del colegio se movía cerca de los estamentos e ideología que estaban en el poder en aquella época.
Ernesto, no recuerdo el recuadro de alumnos empollones que comentas. Ese aula, la primera a la derecha según se entraba al colegio, estaba destinada a los párvulos y a las sesiones de estudio de los sábados por la mañana. Hablando de esto, ir el sábado a estudio era uno de los castigos más odiados por nosotros. El hecho se producía cuando un profesor te preguntaba la lección y no te
la sabías, sobre todo si el profesor te tenía manía. Pero el tema de castigos, disciplina, etc., etc., merece un capítulo aparte.
Un abrazo para todos,
Emilio

Ernesto ,  11 de noviembre de 2013, 19:03  

Muy bien, Emilio, ahí te quería yo ver. A ti y a más compañeros “bosquimanos”…, que no me creo que nos estén leyendo y sigan amagados sin decir ni mu, más bien será porque no se han enterado de que existe este blog.
En cuanto a la orientación de los pupitres del aula pequeña junto a los váteres, debo darte la razón, porque, aunque yo la recuerdo como la pinto, no estuve ningún curso en ella, creo, sólo la “veo” de pasar por allí, así que mi imagen estará equivocada, porque a un aula no se le cambia la orientación de un año para otro de forma sencilla; espero que no se me olvide modificar el dibujo, que me obligará a rectificar un poco los baños para que me quepan al menos 3 filas de bancos orientados hacia la izquierda, en paralelo a la c/ Dr. Bobillo, con la pizarra y la mesa del profesor en la pared común con los lavabos y con el ventanuco al patio a la espalda de los alumnos; cuando lo redibuje y haga todas las correcciones que salgan de estas elucubraciones, se lo mandaré a Ángel por mail para que puedan publicarlos, si lo ven conveniente.
Muy cierto lo que cuentas de los servicios, yo tampoco recuerdo ningún otro baño aparte, ni para el director, ni para las visitas de los padres de los alumnos, ni para los profesores, eran unos váteres muy democráticos.
Me ha gustado el relato que haces respondiendo a mi pregunta sobre adornos y retratos en las aulas, y no me puedo resistir a pedirte ese/os dibujo/s que al parecer todavía conservas, si crees que ha lugar en la documentación de este blog… Si nadie recuerda esas imágenes en las cabeceras de las clases sobre las pizarras será porque no existían, ni desde 1966 ni desde 1958.
Lo que sí tengo como imagen fija y permanente es lo que comentaba del “Cuadro de Honor”, eso no se me borra, un marco en unos 40 x 30 cm, en ese pequeño trozo de pared, colgado a casi 2 m del suelo.
Y el aula que recuerdas, y lo era, como la de párvulos y “estudio”, la 1ª al entrar en el edificio y a la derecha, no era sólo para los castigos de las mañanas de los sábados (¿de 9 a 1?), sino para todas las tardes del año, que también había “estudio” de 6 a 8, tanto para los castigos de menor importancia que la del sábado, como para los que en casa no teníamos demasiadas comodidades para estudiar (yo era de los que se quedaba casi todas las tardes, si no eran todas por escasa infraestructura doméstica). Si no te sabías el tema del día, te castigaban esa tarde a “estudio”, si tampoco te sabías algo al día siguiente, el castigo a “estudio” era para toda la semana; el castigo del sábado era más duro, y debía venir de algo más que por no saberse la lección algún día puntual, y suponía un trauma para todos, para los alumnos y para el profesor que le tocaba ir a abrir el colegio y cuidar de aquella clase extra (al principio D. Antonio y después D. José, generalmente).
Y por supuesto te animo y te reclamo :) ese capítulo sobre la disciplina, que yo no recuerdo especialmente, salvo en lo mencionado sobre el “estudio”, y otros temas, no menores, de castigos con la regla en las palmas de las manos o en la punta de los dedos, los capones, tirones de patillas, y algún que otro cachete, con más o menos fortuna sobre los endebles mofletes; en este punto preferiría no profundizar, porque muy lejos de definirlos como maltratos, sí recuerdo alguna escena desagradable, debida a la desaparición del plumier de un compañero…...
Nada más por hoy. Os deseo a todos una muy feliz ingesta de rabos de pasas, que falta nos hacen a algunos para reforzar las neuronas, los genes y las proteínas que se dedican a memorizar…. Un abrazo

Ángel 11 de noviembre de 2013, 21:20  

Gracias Emilio y Ernesto por vuestros comentarios, os animo a que sigáis relatando si lo deseáis en este blog, esos capítulos de vuestro paso por el Colegio.
Un abrazo a los dos.
Ángel

Anónimo ,  21 de noviembre de 2013, 15:21  

Hola, Ernesto y demás "bosquimanos",
envío los dibujos que solicitas.
En otro momento contesto a tu correo y más.
Un abrazo,
Emilio

Anónimo ,  24 de noviembre de 2013, 21:25  

Buenas tardes a los seguidores de este blog:
Ernesto, muy bueno lo de "bosquimanos", bosquimanos y emboscados, diría yo.

En cuanto al apartado de disciplina, creo que en los primeros años (Ingreso, Primero, Segundo de Bachiller),
los profesores sacaban a pasear la mano (como se decía en aquellos tiempos) con mucha facilidad. Realmente hay
que hablar de dos profesores y del director.
En Ingreso, que era impartido por D.José, los capones, puñetazos en los hombros, bofetadas, regletazos en las
palmas de las manos y/o en los nudillos estaban a la orden del día por un "quítame allá esas pajas". Era frecuente
volver a casa con hematomas en los brazos, cosa que alarmaba a las madres. Alguna protesta había por parte de ellas,
pero las cosas seguían igual. Lo curioso es que mientras D.José te zurraba de lo lindo porque no te sabías el Catecismo
(que había que llevar preparado después de comer), uno no podía parar de reirse, porque el hombre pegaba con gracia
y contando chistes mientras te majaba a palos. Recuerdo que en cierta ocasión se le llegó a romper la regla de pegar
y entonces comenzó a utilizar un listón de madera de una persiana rota. Otro procedimiento de castigo podía ser pisar
la mano del desventurado escolar. Aun así no tengo un mal recuerdo de D.José. Sus métodos para mantener la disciplina
eran bárbaros, pero justos, repartía los golpes equitativamente, nadie se libraba. Tampoco quiero hacer sangre de este tema, pero sí
que conviene recordarlo. En otro momento lo retomaremos.
Abrazos para todos,
Emilio

Ernesto ,  26 de noviembre de 2013, 11:15  

Gracias Emilio, me han gustado tus dibujos. Ya no recordaba esas láminas con el membrete del colegio. Te invito de nuevo a publicarlos en este blog. Veo que al escanearlos no han salido completos, quizás por ser demasiado grandes y pasarse del tamaño A4: falta el crucifijo del que hablabas, sólo se ve la base de la cruz, así como de la palabra “Colegio” que sólo sale el “gio” final; aunque no consigas escanearlos completos (en 2 partes que juntarías después), están muy bien para publicarlos, insisto. Creo que no conservo nada que se pueda publicar, así que no puedo competir contigo.
Admitido también “emboscados” como apodo de los compañeros del S. J. Bosco, faltaría más.
Ya os decía que no recuerdo como especialmente brutal la disciplina, aunque no cabe duda de que D. Antonio en los primeros años 60 y D. José en la 2ª mitad de la década, arropados y ayudados por D. Miguel, el director, no eran un modelo ideal de educadores “con argumentos”, sino la mano dura que defendían y conocían como único método de disciplina. Pero muy naturales ellos, ¡eh!, sin traumas, y por lo que recuerdo, sin demasiadas quejas por parte de los padres de los alumnos, que no digo que les animasen a hacerlo así, sino que algunos de ellos también lo practicarían dentro de sus casas. No puedo decir que se cebaran en mis escasas carnes, por aquel entonces, pero sí que lo recuerdo como un tema desagradable. Del resto de profesores sólo algún tirón de patillas o algún capón, nada más.
Nos debes, querido Emilio, la batallita que os ocurrió a Gorri y a ti en un chalé de la c/ Fernando Sánchez Viloria, con la que nos amenazaste en su día. Y perdona que me meta contigo, pero es que no hay más compañeros del metal que asomen por este blog. De momento.
Intento recordar pero está todo muy borroso…, el chalé…, esperad que mire el plano, sí, el número 73 del publicado en http://historias-matritenses.blogspot.com.es/2010/09/plano-colonia-maudes.html (ya aludido anteriormente), en la esquina diagonal opuesta a la nuestra entre las calles Ponzano y Doctor Bobillo, y que le quiero recordar como “de los grandes”, o sea de los que tenían un diseño diferente a la inmensa mayoría de los que componían la Colonia Maudes, con una escalera exterior por la que se accedía a la entrada principal. Nos empeñábamos en que estaba vacío porque no veíamos entrar ni salir a nadie, ni cambiaban de posición las persianas ni nada; pero alguna vez nos pareció ver luz dentro, sin lograr adivinar a través de los visillos de alguna persiana a medio bajar, si había movimiento en su interior. Nos tenía muy intrigados, tanto como para maquinar saltar la valla e intentar entrar (recordándolo ahora, supongo que las tardes de invierno se hacían muy largas en el “estudio”); pero nunca nos atrevimos a hacerlo, todo lo más que hicimos fue acercarnos a la valla del hotelito misterioso y dejar suelta la imaginación, que si sería fácil con unas cuerdas, unas linternas, una navaja, un juego de llaves para intentar abrir la puerta o ganzúas como en las películas…. ¿Total? Ná de ná, siempre terminábamos diciendo aquello de “y mucho papel higiénico”, porque nos jiñábamos vivos sólo de pensar en acercarnos más a su puerta y ventanas, o entrar y ver a alguien…..
Gracias de nuevo. Un abrazo

Anónimo ,  2 de diciembre de 2013, 20:03  

Hola,
en contestación a las cuestiones de Ernesto:
En el dibujo en el que aparece representado (o esa era la intención) el profesor de Dibujo Artístico, sólo aparece el extremo inferior del crucifijo y un cable que colgaba detrás del mismo. Así era el dibujo original, realmente no llegué a pintar la cruz completa porque no cabía en la lámina. Pero lo que sí puedo asegurar es que sobre la pizarra sólo estaba el crucifijo, no había retratos de Franco ni de José Antonio Primo de Rivera. Por cierto, aprovecho para decir que la hermana de J.Antonio, Pilar, andaba frecuentemente por el barrio. Concretamente yo la veía pasar por mi calle (Alenza) y por Cristóbal Bordíu. ¡Y pensar que, según Ernesto Giménez Caballero, Franco la quería casar nada menos que con Adolfo Hitler!
En cuanto a la anécdota del hotelillo que cerraba la calle Dr.Bobillo, lo que ocurrió fue que una tarde-noche, deambulábamos Gorri y yo por las cercanías del colegio (cosa que estaba prohibida), cuando, desde lo alto del muro de este chalet, un par de chicas, que nos parecían muy atractivas, y que iban vestidas en plan hippy, nos ofrecieron entrar en su jardín para unirnos a una fiesta. Nosotros tendríamos 14 o 15 años, es decir, la edad del pavo, mientras que ellas podían tener entre 18 y 20 años. Por supuesto nosotros nos ruborizamos y llenos de "corte" nos fuímos de allí, desatendiendo la sugerente invitación. Lo que me llama la atención es que ellas estaban sentadas detrás del muro, pero como a unos 2 o 3 metros del nivel de la acera, lo cual me hace pensar (y creo que estoy en lo cierto) que el interior de los jardínes de los hotelillos no estaba a la mismo nivel de la calle.
¿Ernesto -y demás emboscados-qué recuerdo tienes de los hotelillos de la Colonia de Maudes? Tú los debiste conocer cuando muchos de ellos todavía estaban habitados. En mi recuerdo, al inicio de los 70, de los hotelillos colindantes con el colegio sólo estaba habitado el que comportía edificio con nuestro centro, es decir, el de la familia Sevilla. El resto de los colindantes yo creo que estuvieron habitados sólo hasta el año 66 ó 67, lo cual les confería un interesante halo de misterio.
Un abrazo,
Emilio

Ernesto ,  9 de diciembre de 2013, 21:35  

Muy bien, Emilio, pues publica los dibujos así, como están, que merece la pena.
Tengo muy pocos y vagos recuerdos de los chalés, desde luego nada de estado ruinoso ni parecido alguno con dejadez y menos con abandono, los recuerdo sanos y en uso, salvo el que contaba el otro día como nuestra fijación para entrar al creer ver luces en su interior. El del colegio tenía, efectivamente, la zona de patio, para otros jardín, unos 2 metros por debajo del nivel de la calle, y estaba algo más elevado que el semisótano, quizás 1 metro o metro y pico. Desde el interior se veía el exterior tan sólo con unos ventanucos que, a ras del suelo del patio, llegaban casi hasta el techo de las aulas y aseos. Un solo tramo de escaleras bajaba hacia el patio desde la puerta de entrada exterior, pegada al muro, y otro de media docena de peldaños bajaba hasta el piso de abajo por la parte de atrás, según se mira al edificio desde la acera, invisible desde la calle.
Quizás no tengo mucha conciencia del resto de casas porque casi todas tenían mucha vegetación, a veces algo descuidada, al exterior, saliendo por fuera de las vallas; recuerdo perfectamente el chalé que hacía esquina con la calle sin nombre por la que se entraba desde Maudes a la colonia, que al girar a la izquierda hacia arriba de Dr. Bobillo, hacía un chaflán repleto de hojas de morera, que arrancábamos para echarles de comer a los gusanos de seda que guardábamos en cajas de zapatos. Otro de los motivos de no recordar más que vagamente la zona era porque yo no vivía por allí, como ya expliqué, yo vivía en Sta. Engracia, a unos 400 m, y mi zona diaria de juegos eran los patios de los militares, tanto los exteriores como los interiores. Allí, jugando a una tarde en los patios interiores, llegaron unos señores con una cámara de cine y nos estuvieron filmando mientras jugábamos: ni sé si aquellas escenas llegaron a figurar en alguna película, ni quiénes eran los artistas, ni nada de nada. En los patios exteriores jugábamos al fútbol en un rectángulo ridículo, un cinco contra cinco o un cuatro contra cuatro con portero-delantero, haciendo un ruido que no sé ni cómo nos lo consentían los vecinos sin asesinarnos.
También es cierto lo que cuentas sobre la prohibición de jugar en la zona del colegio, pensé que esto era cosa de mi familia, pero tal y como lo cuentas tú es muy probable que fuese una consigna del propio S. J. Bosco, porque ya debíamos meter suficiente bulla al entrar y al salir por la mañana y por la tarde, y en los recreos, como para dar la coña también a los vecinos cuando el colegio estuviese cerrado. Estamos hablando de una zona muy tranquila, donde no se oía apenas ningún ruído ni siquiera durante el día.
Terminé 6º de bachiller -1967- en el colegio; después hice preu (por aquel entonces), a continuación en la universidad, y después me puse a trabajar enseguida. Además de abandonar los juegos de barrio, no recuerdo volver a pasar por los chalés, por eso no tengo conciencia del abandono de la colonia por parte de los propietarios de las casas. Tampoco recuerdo ningún compañero de clase que viviera allí, por eso nunca entré en ninguno de los demás chalés, y si lo hice, se me ha borrado por completo.
Quedo a la espera de más batallitas y de nuevos recuerdos de vecinos y compañeros del metal.
Un fuerte abrazo

Anónimo ,  1 de febrero de 2014, 22:10  

Estimados bosquimanos y demás seguidores, como decíamos ayer... Quisiera recordar los cines de nuestra infancia, donde solíamos ir los alumnos del barrio del colegio: el cine Europa, el Cristal, el Montija, el Lido, todos ellos en Bravo Murillo. Mucho después abrió el cine Alvi, en García Morato (previamente y ahora, Santa Engracia). El Espronceda en Alonso Cano era otro cine de referencia en aquella época. La sesión continua era la buena nueva de la tarde del sábado. Salíamos de casa a las 3 y media y volvíamos a las 9. Las pelis del oeste eran nuestras preferidas y las más abundantes en aquellos tiempos. Las "españoladas" en las que aparecían José Luis López Vázquez, Alfredo Landa, y la incombustible Conchita Velasco, etc., no eran tan de nuestro gusto. Sin embargo vistas ahora, dan la talla de aquellos fabulosos actores tristemente desaparecidos; por cierto que algunos de ellos vivían por el barrio: Lola Gaos, en Ríos Rosas, Amparo Baró, en Modesto Lafuente, Rocío Durcal, en Ponzano, Jesús Puente, en Cristóbal Bordíu, los padres de Concha Velasco, en Ponzano, López Vázquez, en la plaza de San Juan de la Cruz, y seguro que muchos otros.
El recinto de los Nuevos Ministerios nos servía tanto para jugar al fútbol bajo los arcos que dan a Castellana, o en las aceras de San Juan de la Cruz, concretamente frente al ministerio donde se encontraba la estatua de Franco, como para pasear en la bici sin peligro por las calles interiores de los ministerios.
Es una lástima que las callejuelas de la Colonia Maudes no estén todavía ahí para recordarnos con su presencia tantas historias.
La Tienda Verde, que tú Ernesto comentas, sigue impasible al paso de los tiempos casi igual a como la recordamos. Ahora, el hijo de los dueños, de nuestra edad más o menos, es el que la regenta. Os invito a que os déis una vuelta por allí. Si le comentáis que habíes sido alumnos del Bosco, seguro que os contará alguna interesante anécdota, como la del refugio que había bajo la tienda durante la guerra (y que parece que todavía existe), o la de las cuevas que había en las escaleras de la calle Dulcinea; utilizadas durante la guerra como refujios y después como infraviviendas... (seguiremos)
Un abrazo, Emilio

Ángel 2 de febrero de 2014, 15:24  

Hola Emilio, gracias por contarnos a todos, parte de esas historias y recuerdos que llevas dentro.

Un abrazo.
Ángel

Ernesto ,  17 de febrero de 2014, 11:16  

Ya te daba por desaparecido en combate, Emilio. Jejejeje, es broma.
Al cine, por aquel entonces, iba más que voy ahora, era una de las pocas distracciones y además barata. En mi caso, tenía familia trabajando en el I.N.I., con cine gratuito los domingos por la tarde; éste es el mejor recuerdo que tengo de esas sesiones, y el peor fue la “marca” que me dejó “Con la vida hicieron fuego”, por Ana Mariscal (directora y actriz), Ángel Aranda…, un melodrama que nunca entenderé cómo nos calzaron en una sesión infantil; siempre me ha dado por pensar que de ese pase me viene a mí cierta fobia por el cine español. Fuera de estas sesiones dominicales, pocos estrenos recuerdo, ya que los cines que los proyectaban no eran del barrio y subía mucho el precio de las entradas. Las salas que más frecuenté son las que tú nombras: Cristal, Montija, Lido, Europa, Metropolitano, Quevedo, Magallanes, Voy, Espronceda…, más tarde el Alvi, el Regio y el Cartago. El peor, donde había que tener más cuidado, era el Montija, quizás el más barato: si ibas solo y te relajabas, lo más fácil es que algún buscón intentara ligar……, y hasta ahí podíamos llegar, ¡vamos hombre!
De todos ellos recuerdo el Quevedo, por ejemplo, en el que descubrí el “más allá”, porque por encima del anfiteatro, había más filas-gallinero, todavía más baratas, y desde donde se veía fatal la pantalla, muy lejos. De lujo, el Cartago, y el Amaya también.
Al fútbol, como ya he contado en este blog, íbamos a jugar con el colegio a lo que ahora es AZCA y antes el Campo del Pijo. Minipartidos de porteros delanteros los hemos jugado a diario en los patios de los bloques militares. Lo de bajar hasta los Nuevos Ministerios para mí era más excepcional, y empecé a hacerlo un poco más mayor; si el colegio lo terminé a los 16 años, seguí en el barrio hasta los 30 casi, y algunas veces me dejaba caer por allí pero a horas más tardías.
En cuanto a comercios y servicios…, todavía sigue en pie la colchonería que hace esquina entre Maudes y Sta. Engracia, el Colegio Cervantes -en Sta. Engracia con Cuatro Caminos-, la taberna San Mamés -en Maudes esquina a Bravo Murillo, frente a las Cocheras del Metro-, la Gasolinera Cars -atendida por chicas, la única en Madrid, en Bravo Murillo esquina a R. Rosas-, el Bar La Gallega -en Sta. Engracia-, el Colegio El Porvenir y sus jardines -en Bravo Murillo, donde por entonces había un herrero que a mí me resolvía todos los problemas que tenía con mis trompos y a mi padre los que tenía con las cerraduras…-. Y si me pongo a pensar en los desaparecidos (incluido el herrero), lleno el blog: la Carbonería de Maudes nº 1, Ultramarinos Molina -Sta. Engracia 167-, junto a una Vaquería-Lechería -y ahora hablo (¡échale…!) de antes de construirse el edificio que fue del Partido Socialista de Madrid, Sta. Engracia 165-, Marisquería Kuliska -en Sta. Engracia-, Bar El Rubio -en Sta. Engracia semiesquina a Maudes, ahora La Cazuela-, Papelería Saldaña -Bravo Murillo 93 esquina a Virgen de Nieva-, La Casa de las Tartas -en Maudes, frente a la boca de metro-, el Cine Metropolitano -Reina Victoria-, la Estación de Autobuses de Continental Auto -en Alenza-, el Centro de Formación del Bco. Hispano -en R. Fdez. Villaverde, junto al Cine Regio-, y un largo etcétera. Pero de las cosas que más cambiaron el barrio, primero para mal y después para bien, fue el discutido scalextric de Cuatro Caminos, que pasaba por encima de la glorieta uniendo Raimundo Fdez. Villaverde con Reina Victoria; realmente resolvería en parte el problema del tráfico mientras no se conocieron métodos más rápidos para hacer excavaciones subterráneas, pero fue un pegote difícil de olvidar, como decimos ahora, el impacto visual fue espeluznante.
No recuerdo, Emilio, lo que comentas de los refugios-cueva de la c/ Dulcinea; y me suena a chino el sotanillo de La Tienda Verde, aunque con tantas veces como estuve allí debería caérseme la cara de vergüenza.
Ya está bien por hoy, ¿no? Seguiremos hablando del gobierno, alentando a otros lectores, como siempre, a participar en este álbum de recuerdos.
Un abrazo

Ángel 17 de febrero de 2014, 15:37  

Gracias Ernesto, por hacernos partícipe de tus recuerdos y compartirlos con todos nosotros. A ver si hay antiguos alumnos, que quieran aportar sus recuerdos y se animan a colaborar.

Un abrazo.
Ángel

Anónimo ,  20 de febrero de 2014, 18:53  

Buenas tardes, Ernesto y demás bosquimanos. ¡Qué alegría oir novedades de tu parte!
El cine Quevedo no lo recuerdo, ¿dónde estaba? Efectivamente el Montija era de los peorcitos y menos recomendables del barrio y sus aledaños. Para mí, y otros colegas de aquellos duros años, los cines base eran el Espronceda, el Cristal y el Europa. Años después el Alvi, muy cerca de mi casa en Alenza. Por supuesto, la Continental ha sido una referencia de toda la vida, no solo porque estaba casi cruzando la calle, sino por los cientos de veces que he cogido sus autobuses para ir a Santander.
De los bloques militares, recuerdo el famoso economato militar en la esquina de Alenza y María de Guzmán. Allí iba con mi madre a ayudarle con la compra. Lo curioso de ir allí a comprar era que tenías que llevar una lista mental de todo lo que querías comprar; se la tenías que cantar a una señorita con gafas de "culo de vaso" que había en el mostrador; ella lo apuntaba en una especie de recibo; pagabas, y un empleado (¿quizás eran "quintos"?) te iba trayendo los artículos. Lo mejor era cuando pedíamos aceite y te lo servían en un bidón que había que llevar de casa. El aceite lo bombeaban desde un despósito que había oculto bajo el mostrador, con unas bombas manuales. Era bonito ver cómo subía el aceite por una especie de pistones de cristal.
Otro día, más.
Abrazos,
Emilio

Ángel 20 de febrero de 2014, 19:49  

Gracias de nuevo Emilio, por aportar esas anécdotas y contarnos a todos ese "microcosmo" alrededor de la Colonia Maudes. Contamos contigo y con Ernesto, para que nos sigáis contando cosas y recuerdos, a la espera de que alguien más se anime.
Un abrazo.
Ángel

Ernesto 19 de marzo de 2014, 14:58  

Un mes después…., por culpa de estar tan atareado todos los días…
Pues el Quevedo era un “pequeño” cine de barrio que estaba en la c/ Bravo Murillo nº 5, frente al Cartago, pero casi en la Glorieta de Quevedo. Ahora está el gimnasio “Palestra” y el bar-restaurante “Tanino”. Quizás puedas verlo aquí: https://www.google.es/maps/@40.434339,-3.704335,3a,75y,283.56h,89.72t/data=!3m4!1e1!3m2!1sZGcNSw-CjHTHUVEiJcM2ZQ!2e0?hl=es
Me hace gracia ver el gimnasio por dentro, las bicicletas estáticas parecen estar orientadas hacia una pantalla, como si todavía existiera la sala del cine…: https://www.google.es/maps/preview/uv?hl=es&pb=!1s0xd42285fc0c9fa17:0xb30f5c613ee56581!2m5!2m2!1i80!2i80!3m1!2i100!3m1!7e1!4shttps://plus.google.com/107218406531241800351/photos?hl%3Des%26socfid%3Dweb:lu:kp:placepageimage%26socpid%3D1!5spalestra+bravo+murillo+-+Buscar+con+Google&sa=X&ei=degUU_DvGcLe7AbZmoCwBQ&ved=0CJwBEKIqMAk
Cerca del Quevedo, el Magallanes lo recuerdo también. Si tienes interés por los cines de Madrid hay un mapa abierto muy chulo, hecho por Santi Ochoa, que hasta admite correcciones y aportaciones. El plano lo puedes ver aquí: https://www.google.es/maps/ms?msid=202446448480253876654.0004e6c075eed186fba90&msa=0&dg=feature
Es una lástima que hayan desaparecido la mayoría de las salas, pero ahora el cine tiene mucha competencia, no es como entonces que sólo competía con los tebeos, el circo, el teatro, las escasas ferias y el Parque Sindical en verano. Y muy poco después, con los guateques.
No puedo confirmarlo con mis viejos porque ya murieron, pero siempre tuve entendido que para comprar en el economato militar había que pertenecer al ejército, o tener un carné que te dejase alguien. No recuerdo haber entrado nunca.
Hoy nos hemos enterado de la intención de venta del Edificio España por parte del Banco de Santander a los chinos (Wang Jianlin, el hombre más rico de China)…, y que al parecer casi se lo regalan. Una lástima ver este Madrid vendiendo/regalando algunos de sus edificios más emblemáticos, será que tenemos demasiados. Pero que no decaiga, ánimo y aúpa el barrio de Ríos Rosas y con él todo el distrito de Chamberí.
Un abrazo. Ernesto

Anónimo ,  21 de abril de 2014, 16:54  

Hola, Ernesto y seguidores,
ahora me queda claro dónde estaba el cine Quevedo, aunque no redcuerdo haber ido a él, ni tampoco su aspecto exterior. Sin embargo, en los años 60-70, iba con mi madre a la pastelería Mallorca, que estaba al lado, a comprar ensaimadas y torteles para merendar.
En esa zona, en plena Glorieta de Quevedo, había en aquella época una sala de fiestas que tenía en la parte exterior de la entrada unas palmeras de mampostería. La recuerdo como algo enigmático, un lugar pecaminoso, para adultos, acerca del que no había ni siquiera que preguntar. He intentado encontrar alguna referencia o alguna foto en la web, pero no he encontrado nada, ¿alguien lo recuerda? Adjunto la foto de google maps para que os situéis. La sala (que desapareció probablemente antes del final de los 70) se encontraba más o menos en el centro del edificio más bajo, el de color rojizo.
https://www.google.com/maps/place/Doner+Kebap+Istanbul+Quevedo/@40.433726,-3.70444,3a,75y,290.3h,90t/data=!3m4!1e1!3m2!1suPN_lKsz1FhOT6qB1AMRIw!2e0!4m5!1m2!2m1!1sglorieta+de+quevedo,+madrid!3m1!1s0x0:0x3463b095f6082e30!6m1!1e1
Un abrazo,
Emilio

Ernesto 1 de mayo de 2014, 13:34  

Creo recordar (esas imágenes que no se te borran de la memoria y no sabes por qué) la fachada de “Las Palmeras”, en la Glorieta de Quevedo nº 3, como dice el anuncio de ABC (http://hemeroteca.abc.es/nav/Navigate.exe/hemeroteca/madrid/abc/1948/01/01/024.html) de 1946, pero lo recuerdo como local cerrado, y mi padre me decía: “mira, eso era una casa de citas”, y se quedaba tan ancho, y yo no me enteraba de qué significaba. El anuncio del garito en el exterior lo recuerdo en cristal, con una palmera dibujada sobre fondo negro, pero no encuentro ninguna foto. Sí encuentro datos del lugar, http://elpais.com/diario/1986/01/27/madrid/507212656_850215.html , así como su localización, http://elmundano.wordpress.com/2008/09/02/los-billares-quevedo-por-rodri/ , después una sucursal del Banesto.
Por supuesto recuerdo perfectamente, como decía en mis notas anteriores, el Cine Quevedo, y la que tú mencionas Pastelería Mallorca, aunque no recuerdo haber entrado nunca en ella, con lo dulcero que he sido siempre, pero sin un duro en el bolsillo.
Sí recuerdo (¡joé qué esfuerzos!), el Cine Voy, en Gral. Álvarez de Castro, y un poco “más allá” el Magallanes, en la calle del mismo nombre, el Luchana, antes de convertirse en minicines, y un montón en los alrededores de 4C (Metropolitano, Regio -después minicines Renoir-), y de Bravo Murillo para arriba otra retahíla. Pero de cines desaparecidos en Madrid ya hay muchos blogs, incluso dentro de Historias Matritenses, que tratan el tema en profundidad. Una pena. Ahora sólo nos queda apuntarnos a plataformas tipo “Salvemos los cines” (Carlos Osorio: http://salvemosloscines.blogspot.com.es/ ).
Nada más por hoy. Que sigamos en la brecha y celebremos estas fiestas del 1º de mayo y de la Comunidad como se merecen, cogiendo carrerilla para la celebración muy próxima de S. Isidro. Un abrazo grande. Ernesto

Anónimo ,  8 de mayo de 2014, 12:18  

Ernesto,
Ahora me queda claro qué tipo de lugar (sin duda de "mala nota") era aquel garito llamado Las Palmeras, en la glorieta de Quevedo. Muchas gracias por tu buen trabajo de documentación. Se nota que eres un digno representante de los escolares de los años 50-60. Te dedico (a mí mismo y a otros colegas de aquellos años) uns estrofas de la canción de Miguel Bosé dedicada a los nacidos en el 56:
"Bravo muchachos
Bien aquí nos tenéis
Todos poetas los del 56
...
Buenos chicos, buena gente
Con principios diferentes
Rabia sana sin malicia
Rota el alma sin justicia
Medio locos, medio tristes
Pobres cristos, siempre humildes
En esta vida tan vacía
Tanta violencia, tanta envidia
Héroes y delincuentes
Buenos chicos, buena gente."
Un abrazo,
Emilio

Anónimo ,  8 de mayo de 2014, 17:03  

Hola,
envío nuevos enlaces que hacen referencia a la sala de fiestas Las Palmeras en Quevedo 3. Se trata de un anuncio en ABC y de un artículo de Moncho Alpuente y un libro en PDF del gran Rafael Azcona:
http://elpais.com/diario/1995/11/26/madrid/817388669_850215.html
http://hemeroteca.abc.es/nav/Navigate.exe/hemeroteca/madrid/abc/1948/02/10/024.html
http://www.unirioja.es/servicios/sp/ej/fabula/pdf/fab17014.pdf
Un abrazo,
Emilio

Anónimo ,  14 de junio de 2014, 23:24  

Me llamo Pedro Soria naci en el año 1960, estudie en el colegio hasta que nos llevaron Molino de la Hoz y me gustaria saber que ha sido de los profesores que seran ya muy mayores, pero espero que vivan.
Recibid un cordial saludo
Pedro Soria


Unknown 15 de diciembre de 2015, 19:56  

Hola a todos los alumnos del colegio. Soy bonmati. O bomba como se me conocia. Una enorme alegria al encontrarme con mi colegio. Lo he buscado muchas veces y nunca encontraba referencia alguna.Entre en el colegio en 1961. Mi primera exriencia en el cursonde ingreso fue algo traumatica. Aun recuerdo como le dieron varias bofetadas a unonde los alumnos. Lavadia . Creo que se llamaba. No habia hecho las deberes porque tuvo que sacar al perrillo a pasear. Y don José dijo que no tenia perro. Uffff... comence a llorar de verlo. Pero bueno.... fueron pasando los años y subiendo de curso. En cuarto curso las mates nos las daba Michel.. asi llamabamos a D. Miguel el direcgor del colegio. Era a primera hora de la tarde a veces sus ocupaciones de director le impedian dar la clase y todos o casi todos rezabamos para que no viniese a la cita.. jajjaa.
Quiero recordar una de mis mayores verguenzas que pase.en la.pizarra en la clase.de matematematicas en 4 de bachiller con el director. En una de las ecuaciones .. que la habia resuelto.. solo quedaba multiplicar 8x8 para.el resultado final.. pero... jajaja me quede en blnanco y con los nervios a flor.de piel ante la impenetrable mirada del director uffffff.... no sabia que numero decir.... él insistia... VENGAAAAA 8x8.... ufffff 62 dije.... y ..... las risas sonaron por todos los.rincones jajaja.... 1000 veces me toco escribir 8x8=64
Enfin cuantos recuerdos... y cuantas bofetadas nos llevamos. Pero no cabe duda que era un colegio donde se salia muy bien formado.
Muchas gracias por tener abierta esta ventana del. Colegio San Juan Bosco de la.calle.doctor bobillo


Ángel 19 de diciembre de 2015, 20:20  

Bienvenido al blog y cualquier comentario sobre los recuerdos e historia del Colegio, será muy de agradecer.
Un saludo.
Ángel

Anónimo ,  20 de agosto de 2016, 20:38  

Quisiera recordar que el colegio, cuando estaba en García Morato, ganó el concurso de colegios madrileños "Todos son sobresalientes" de Radio Madrid y José Luis Pecker de presentador, un concurso que después copiaron con cesta y puntos. Era el año 1956, mi hermano Mario era el capitán y el premio una semana en un campamento y un paquete de regalos de flan el Chino el Mandarín.Yo estaba en el colegio en ingreso con D. Antonio, buen gallego, y su hija con sus gafas de miópe. Las clases se daban en otra casa al lado de un ultramarinos. Las otras clases de bachiller, estaba en la esquina al lado de una zapatería donde el zapatero era tuerto y nos impresionaba mucho con sus manos llenas de betún. Los cuadernos y lápices se compraban en la papelería Saldaña, al lado de la Iglesia de Nuestra Señora de los Ángeles. ¡¡¡Tiempos de niñez!!!

Anónimo ,  14 de septiembre de 2017, 16:08  

Me llamo Luis Antolín y me ha emocionado ver las fotos y leer las fabulosas descripciones de la época y del barrio. En una de las fotos reconozco a Dña. Carmen, esposa de D. Miguel Junquera; a la Srta. Vicky; creo que a los alumnos Miguel Henández y Alberto Bermejillo; el el hombre calvo de paisano es mi abuelo.

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