La Fuentecilla ¡Ahí es ná!

domingo, 30 de noviembre de 2014

Calle Toledo junto a La Fuentecilla

Esta preciosa foto del verano de 1955 tomada en La Fuentecilla hacia la Puerta de Toledo durante unas obras de pavimentación, nos ha dado pié para hablar de este lugar, uno de los mas castizos de Madrid, de ahí que hayamos incluido el “ná” en el título del artículo, y además la zona de La Fuentecilla tiene para mi unos grandes recuerdos personales. Foto de Jean Paul Margnac.

La zona ha sido comentada, aunque con menos detalle, cuando se trató el tema del recorrido virtual del tranvía de Circunvalación.

Los tranvías que vemos al fondo son del tipo unificado y en la fecha de la foto pasaban por aquí las siguientes líneas:
31 Plaza Mayor-Carabanchel Bajo
31 Plaza Mayor-Mataderos
32 Plaza Mayor-Legazpi
C Circunvalación

Vamos a analizar la foto, primero los impares


   Tahona La Fuentecilla, Toledo 107. El despacho de pan tenía su entrada por cualquiera de las dos puertas de la calle de Toledo. La fábrica de pan estaba en la parte trasera, planta sótano por calle de Toledo y planta de calle por la calle Arganzuela.
Surtía a muchos despachos de pan del entorno y a quien esto escribe le regalaba un pequeño colín e incluso tenía un detalle cuando todavía existía la cartilla de racionamiento.

Colegio Toledo, aula de menores, aproximadamente desde los 4 a los 10 años. Quién esto escribe aprendió aquí a leer y escribir.

Colegio Toledo, aula de mayores, a partir de los 10 años. El profesor era D. Bernabé titular-propietario del colegio.

█Toldos de establecimientos hostelería (bar o café). El primero del todo, Toledo 107, modificó después la decoración de la fachada por cambio propietario.

Expositor de un estudio fotográfico situado en una planta superior de Toledo 107.

Entrada al garaje La Paloma, Toledo 109. Tenía patio trasero y servía de aparcamiento de carros y motocarros. En 1968 se construyó un nuevo edificio instalándose en sus bajos una galería de alimentación, que constituyó en su época una novedosa forma de venta de alimentación, a medio camino entre la tienda individual y los grandes mercados de abastos.

Entrada al garaje Finisterre, Toledo 111. Tenía una gran nave cubierta en la que aparcaban muchos camiones de Transportes Dulsé, generalmente de cajas de borde alto y todas pintadas de amarillo claro, dedicados al transporte de pescado procedente de Galicia que era descargado en el Mercado de Pescados de la Puerta de Toledo. Las oficinas de la empresa transportista estaban en Toledo 113.

Rótulo luminoso de Hostal Finisterre, Toledo 111. Ahora es hotel y tiene otro nombre.

   En este punto la alineación prevista para la calle de Toledo se retranqueaba. Fuera de imagen a finales de la década de los 50 del siglo pasado el Banco de La Coruña, actualmente desaparecido por absorción del Banco de Bilbao, también desaparecido, instaló una agencia urbana. Esta entidad bancaria se añadió a las dos que ya existían en la zona para atender la principal actividad económica que era la generada por el negocio del pescado: Banco Central, en la calle Capitán Salazar Martínez, y Banco Mercantil e Industrial, sito en el interior del Mercado de Pescados, ambos también desaparecidos.

La pared de Toledo 113, servía para pegar numerosa cartelería como publicidad, películas de los cines del entorno y principalmente las corridas de toros, bien de Las Ventas o bien de Vista Alegre (1).

Y ahora los pares



Fuera de imagen, en Toledo 88, estaba el cine Toledo. Edificio que ha tenido con posterioridad diversos cambios de actividad, como salón de bodas y discoteca.
También fuera de imagen, en Toledo 90, estaba el edificio conocido como “El Parador”, lugar con un amplio patio al fondo tras el portalón de entrada, en el que se aparcaban carros, motocarros, etc. En la puerta había una señora mayor vendiendo pipas y golosinas a la que dedicamos el artículo “La Pipera”. El edificio actual está retranqueado aunque ya se va a mantener la alineación antigua pues aquel proyecto de ensanche de la calle de Toledo implicaría derribar con el tiempo multitud de edificios desde, al menos, la zona de La Latina.

Tienda de ultramarinos de Toledo 92.

Portal de Toledo 92, casa donde nací. Tenía puertas falsas que daba a los locales de ultramarinos y panadería, aunque habitualmente estaban cerradas.

   Panadería de Toledo 92, perteneciente a la cadena de panaderías de La Espiga de Oro. Aparte del pan, vendía bollería de trenzas, suizos, valencianas y bambas de nata y de crema; en chocolate destacaba el de la marca Vitacal que era a base de onzas en lugar de tabletas.

El edificio de Toledo 92 es de nueva construcción y ha mantenido la alineación antigua.

   Inmueble y garaje de Toledo 94, edificado unos años antes de la fecha de la foto, conocido en la época por “La Casa Nueva” por ser el único nuevo entre tantos antiguos. Su construcción con alineación retranqueada, cegó numerosos ventanucos que existían en Toledo 92.

   Acceso a través del portal de Toledo 96 a la parroquia de San Pedro el Real, aunque es archiconocida popularmente por la Iglesia de la Paloma. En ella fui bautizado comenzando mi madrileñismo.

Al final del pasillo se llegaba a un patio y subiendo a las escaleras se accedía a la iglesia pasando a través del despacho parroquial.

El edificio actual es de nueva construcción.

   En uno de estos edificios, en la década de los años veinte, hubo un caso de parapsicología pues mi abuelo me contó lo que ocurrió en un piso que llevaba muchos años vacío y sin embargo el inquilino de la planta inferior oía por las noches de forma continuada el arrastre de cadenas. La policía de entonces investigó y durante su presencia no ocurrió nada y finalmente desistió de sus pesquisas.

Esta foto, aunque es anterior a 10-04-1924 porque la circulación es por la izquierda, nos muestra el intenso tráfico que de siempre ha tenido la calle de Toledo. Vemos un tranvía Westinghouse procedente de Carabanchel. A continuación de la columna tranviaria de la derecha está el pasavías donde cambiaban de vía los tranvías de las líneas que en la época de esta imagen tenían su término en Fuentecilla.

El tráfico rodado en la calle de Toledo fue siempre muy intenso, siendo difícil de cruzar pues no había semáforos hasta que a principios de los años sesenta se instaló uno frente a La Fuentecilla, y otro mas arriba, frente a Toledo 81. Recuerdo las dificultades que tenía nuestro profesor para atravesar la calle cuando nos llevaba desde el colegio a la iglesia de La Paloma para la catequesis.

Un tranvía efectuando la parada de Fuentecilla, situada junto a Toledo 74, poco antes de ser suprimido el paso tranviario sentido Puerta de Toledo.

La proximidad del Mercado de Pescados generaba un gran movimiento a todas horas, tanto de camiones como de furgonetas de distribución. La contaminación acústica era muy importante, pues apenas había momentos sin ruidos durante la noche, haciendo muy difícil conciliar el sueño sobre todo en verano que había que estar con las ventanas abiertas (2). A primerísima hora de la mañana comenzaba el desfile de carros de tracción animal de los traperos dirección Carabanchel pues todavía no existía el servicio municipal de recogida de basuras (3).

Además de los tranvías, pasaban por aquí la línea 3 de autobuses Cuatro Caminos-Puerta de Toledo y los de la empresa Martín que desde la calle Escalinata se dirigían a Leganés, en aquel tiempo de color amarillo.

Un tranvía PCC de la línea 31 llegando a Fuentecilla por la calle Humilladero (4). 
A la izquierda, en primer lugar, una carbonería, y a continuación un estanco. Ambos establecimientos con los cierres clásicos de contrapuertas de madera.

El 15 de Octubre de 1955, formando parte de la reforma de la calle de Toledo, los tranvías dejan de bajar por ella entre San Millán y la Fuentecilla, desviándolos por la Plaza de la Cebada y la calle de Humilladero, mediante nueva instalación de vía en esta última.

La parada tranviaria de Fuentecilla sentido Puerta de Toledo se traslada a Toledo 82, manteniéndose en Toledo 103 la de sentido Plaza Mayor (5).

Fuente de la Fuentecilla vista desde el lado de la calle de Toledo

Entre Toledo 105 y 107 hay una pequeña plaza desde la que arranca la calle de Arganzuela, con fuerte bajada hasta su final en la Plaza del Campillo del Mundo Nuevo, adonde daba la trasera del antiguo Mercado de Pescados. En este espacio de los impares está la Fuentecilla que da nombre al barrio, un monumento en honor de Fernando VII para conmemorar su regreso del exilio francés erigido a instancias del corregidor Conde de Moctezuma (Alonso Marcilla de Teruel Moctezuma y Calatayud, XII Conde Moztezuma de Tultengo) (6).

Algunos estudios apuntan que la construcción de este monumento se hizo sobre el mismo lugar de una preexistente pequeña fuente que debía ser conocida popularmente por “fuentecilla” debido a su tamaño, de ahí que el nombre de Fuentecilla se le siguiera llamando a ésta pues no parece lógico que por su volumen sea denominada en diminutivo. De ella Mesonero Romanos hizo comentarios muy poco favorables.

Una lápida de mármol en el monumento por el lado de calle de Toledo tiene esta inscripción:

A FERNANDO VII EL DESEADO EL AYUNTAMIENTO DEL HEROICO PUEBLO DE MADRID CORREGIDOR EL CONDE DE MOTEZUMA AÑO DE MDCCCXV

Fuente de la Fuentecilla vista desde la calle de Arganzuela, haciendo la función de ser punto de reunión de aguadores

El agua de la Fuentecilla tiene un protagonismo destacado en la revista musical de “La blanca doble”. Esta obra es libreto de Enrique Paradas y Joaquín Jiménez y música del maestro Jacinto Guerrero.

Fue estrenada el 5 de Abril de 1947 en el Teatro La Latina de Madrid el 5 de abril de 1947 con producción de Mariano Madrid, siendo los intérpretes principales en esa ocasión Zori, Santos, Codeso, Encarna Abad, Mary Campos, Isabel de la Vega, Pilar Bravo.

Con posterioridad se hicieron otras versiones e incluso llevada al medio televisivo.

En la “La blanca doble” hay bastantes números musicales, pero solo vamos a destacar el chotis “Agua de la Fuentecilla”, interpretada por Mary Campos, por tener relación con el tema del artículo.

Letra Chotis AGUA DE LA FUENTECILLA

Mary Campos
Con el "boti" en la cadera
va la Patro por agua a las tres,
que a esa hora toma su novio
el tranvía de Carabanchel.
El la pide de agua un buchito,
y ella aplaca con gusto su sed.
Y en el "boti" él bebe a morro
porque a chorro no sabe beber.
Un chulo de Arganzuela
me vino el botijo a pedir
que se lo dé su abuela
que el agua que llevo es pa mí
Si llega este agüita ir beber
hay toros en Carabanchel
¡Agua de la fuentecilla!
pá las horas del querer
¡Ay!, ¡Ay!, ¡Ay!
Bebe a chorro muy despacio
sin cortar la digestión
¡Ay!, ¡Ay!, ¡Ay!
El botijo pon en alto así
el pitorro sobre la nariz.

Coro.
¡Agua!

Mary Campos.
¡Agua de la fuentecilla!
la mejor que bebe Madrid

Coro.
Si usted quiere echarse un traguito
venga luego después de las diez.

Mary Campos.
Que a las horas que usté pretende
yo ya tengo pedida la vez.

Coro.
¡Agua de la fuentecilla!
pa las horas de calor.

Mary Campos.
¡Ay!, ¡Ay!, ¡Ay!

Coro.
Se la toma muy despacio.
sin cortar la digestión.

Mary Campos.
¡Ay!, ¡Ay!, ¡Ay!
El botijo pon en alto a sí
el pitorro sobre la nariz.

Coro.
¡Agua!

Mary Campos y coro.
¡Agua de la fuentecilla!
la mejor que bebe Madrid

Desde la misma posición de la foto con la que abrimos el artículo, tal como es en la actualidad. Foto: Google Street View

No podíamos finalizar este artículo sin mencionar a su vecina mas ilustre, la castiza Virgen de la Paloma que cuenta con gran devoción entre los madrileños ante la que son presentados los niños cuyos padres así lo desean, antigua tradición de mas de dos siglos.

La Virgen de la Paloma presidiendo el altar mayor de la parroquia. El cuadro es bajado todos los 15 de Agosto por el cuerpo de Bomberos de Madrid, que la tienen por Patrona.

La Virgen de la Paloma saliendo a visitar “su barrio”. Foto ABC de 1923
-.-.-

Autor José Manuel Seseña
En el blog Historias Matritenses participa y colabora Ricardo Márquez

Notas:
(1) El pegar carteles era algo habitual en determinados puntos, sobre todo taurinos. En zona próxima los había en la pared de Concepción Jerónima 4 y San Millán 5, entre otros.
(2) En un ABC de esta época, hay una queja de un lector que se dirige al periódico proponiendo la supresión de los tranvías por el ruido que hacían.
(3) Se quiso establecer de forma total, pero ante la queja de los traperos hubo que hacerlo paulatinamente a fin de que se fueran adaptando a la nueva situación que les iba a llevar a la desaparición.
(4) En el rincón de la casa que forma el saliente de la derecha, había una tienda de electricidad y un año, coincidiendo con las fiestas de La Paloma, realizó una maqueta muy detallada de la calle Humilladero en sentido inverso a la foto.
(5) La última situación que tuvieron las paradas tranviarias de Fuentecilla, no tiene nada que ver con el emplazamiento de las actuales de las numerosas líneas de autobuses de la Empresa Municipal de Transportes que transitan por aquí.
(6) Corregidor es el equivalente a Alcalde

19 comentarios :

Juan M. Alameda 30 de noviembre de 2014, 9:04  

Interesante y emotivo artículo sobre un lugar por el que paso frecuentemente.
Gracias

Jose Manuel 30 de noviembre de 2014, 9:42  

Hola Juan M.:
Muchas gracias por tu amable comentario.
La Fuentecilla es un lugar entrañable para mi, y recuerdo la calle así como aparece en la foto de portada.
Me alegra mucho saber que el artículo ha sido de tu interés.
Un cordial saludo.
José Manuel

Pedro Gómez ,  30 de noviembre de 2014, 17:13  

Que hay José Manuel.

Extraordinario este artículo, con estas entradas me haces recordar, (ahora que estoy ausente) mis idas y venidas por esos lares, la de veces que habré transitado por esa calle, tanto hacía arriba como hacía abajo, además me has hecho recordar una media novieta que tuve en mis años mozos, vivía en la calle Calatraba esquina a la Paloma, fué un noviazgo primerizo pero como veras me dejó secuelas. Hay algo que hecho de menos en tus memorias, y que seguramente cuando tu naciste ya existía, el bar Los Caracoles.

Un abrazo.
Pedro.

Jose Manuel 30 de noviembre de 2014, 17:47  

Hola Pedro, un saludo castizo;
Efectivamente existe el bar muy clásico que mencionas, con vino de frasca, mostrador de cinz y raciones de caracoles, etc., pero es que en los artículos tratamos de no citar establecimientos que existen, ya que no queremos hacer publicidad para evitar cualquier contratiempo por parte de otros a los que no citamos y puedan sentirse olvidados o por parte del publicitado.
En la zona nací y aunque viví hasta los 9 años, guardo de ella un grato recuerdo y de ahí viene mi cariño hacia los tranvías.
Un saludo.
José Manuel

rafael alcorta ,  30 de noviembre de 2014, 18:19  

Toda la vida recordaré un viaje en el tranvia 32 (ya para entonces un PCC) una tarde de Nochevieja desde Legazpi hasta la Pza. de la Cebada, felicidades por la nueva entrada

Jose Manuel 30 de noviembre de 2014, 19:21  

Hola Rafael:
Muchas gracias por tu comentario. Según mis datos los PCC empezaron a circular por la línea 32 en 1960, procedentes de la línea 31 con motivo de la desaparición de ésta.
Un cordial saludo.
José Manuel

Anónimo ,  1 de diciembre de 2014, 10:26  

MI recuerdo,el agüa de anís que se dispensaba en botijo,para las fiestas de la Paloma y San Cayetano,siempre había algun vecino que te convidaba a beber un traguito,aquella buena armonía que se vivia en Madrid,quién la pillara ahora.
Un saludo de G.M.P

Jose Manuel 1 de diciembre de 2014, 14:34  

Hola Gloria:
Muchas gracias por tu aportación.
Al hilo de lo que comentas, decir también que en Madrid había en varios sitios con agua para el transeúnte, incluido en los alrededores de los campos de fútbol, algo que hoy nos parece utópico que además de vender pipas tenían un botijo por el que cobraban por echar "un trago". Ahora eso no es posible por motivos de salud pública y lo que vemos es el cartel de "Hay botes fríos".
Un afectuoso saludo.
José Manuel

Ernesto Crespo del Pino 1 de diciembre de 2014, 15:32  

Hola J. Manuel , como siempre nos deleitas con tus artículos, solo me queda agradecerte ,tanto a tí como a Ricardo el trabajo que haceis y que os animo a que continueis mostrandonos ese Madrid que, tanto añoramos y que nos rememora los tiempos pasados, para los que los conocimos y para que no queden en el olvido de los tiempos. Muchas gracias.

Jose Manuel 1 de diciembre de 2014, 17:10  

Hola Ernesto:
Un cordial saludo a través del blog en nombre de los dos.
Ricardo y José Manuel

DOMINGO ARIAS ANSORREGUI ,  10 de diciembre de 2014, 17:49  

Hola, llego aquí a través de otra pagina, llamada ¿Donde estan los cines de Madrid?, y me encuentro con una gran descripción de la calle Toledo, y su entorno, así como el recuerdo del colegio Toledo, enfrente del cine del mismo nombre, donde viví durante unos cuantos años, yo soy el hijo del conserje de este cine, y fui al colegio hasta los 10 años (1966) cuando pasé al instituto San Isidro. por supuesto, tuve de maestros a Don Bernabe y a Doña Rosa, y posteriormente a la hija del anciano profesor. ¡¡Cuantos recuerdos!!, si quieres puedes ponerte en contacto conmigo y charlamos de ello. tengo Facebook.

Jose Manuel 10 de diciembre de 2014, 19:49  

Hola Domingo:
Muchas gracias por tu comentario.
Gracias a Internet podemos recordar entre todos, diversos episodios de nuestra niñez que ya tenemos olvidados, yo, por ejemplo, no me acordaba del nombre de la Srta. Rosa. De ambos guardo su fisonomía como si los tuviera delante. Yo estuve en el Colegio Toledo hasta 1961 en que cambié de domicilio.
En el blog Historias Matritenses hay varios artículos que de una forma u otra, aluden a La Fuentecilla como son “El accidente tranviario del puente de Toledo”, “Viaje virtual en tranvía C”, “La pipera” y algunos mas que ahora no me vienen a la memoria.
Respecto a lo que me dices de Facebook entraré en la página por echarla una ojeada aunque no utilizo las redes sociales para comunicarme pues el tiempo de que dispongo lo dedico a investigación.
Un cordial y castizo saludo.
José Manuel

Bernardo Rodríguez ,  7 de octubre de 2015, 17:50  

Hola José Manuel:

Ante todo, mi felicitación por tu maravilloso artículo. Más apreciable si cabe por, como es mi caso, los que hemos vivido nuestra niñez en esa calle.
Yo también fui al Colegio Toledo y guardo de él muchos recuerdos. Ya en parvulitos, con un estudiante de medicina llamado Manuel, que nos daba clase y pernoctaba en la misma habitación. Después, con una señora mayor de pelo blanco, cuyo nombre no recuerdo. También había una profesora de francés (¿sería Dña. Rosa?). De Don Bernabé tengo muchísimos recuerdos: se aprendía mucho, pero también se sufría un montón con su rigurosa forma de entender la enseñanza .
Me interesaría, si lo tienes documentado, una descripción de los locales que había desde los número 98 al 108, y los impares desde el 113 hasta casa Maxi, en la esquina con la Plaza.

Jose Manuel 7 de octubre de 2015, 21:26  

Hola Bernardo Rodríguez:
Encantado de tu comentario que me trae muy buenos recuerdos de mi niñez.
Como bien sabes, el colegio Toledo tenía dos aulas, una la de mayores que estaba a cargo de D. Bernabé, y otra de pequeños por decirlo de alguna manera, en la que hubo bastantes cambios de profesores, uno D. Manuel, estudiante de Medicina que me imponía su presencia, luego las señoritas que mencionas, de edad bastante avanzada.
Yo viví en Toledo 92 y allí nací puesto que me adelanté lo suficiente para que mi madre no la diera tiempo a ir a dar a luz al sanatorio que tenía concertado por la profesión de mi padre.
En el colegio Toledo estuve desde los cinco años hasta los nueve y unos meses, o sea hasta 1961, pues cambiamos de casa y todos los días a partir de marzo de 1961 tenía que ir y venir en autobús para no perjudicar el curso. ¿Qué años estudiaste tu en el colegio Toledo?
No te puedo precisar los locales de los números de la calle Toledo que pides puesto que la tendencia familiar fue siempre ir hacia San Millán, Tirso de Molina y Plaza Mayor. Alguna vez estuve tomando el sol antes de entrar por la tarde al colegio en los arcos de la Puerta de Toledo porque en ese tiempo se podía acceder a ella, que tenía escalerillas y bancos de piedra para sentarse. Simplemente, añadir Casa Maxi, en la esquina con Capitán Salazar Martínez, frecuentada por los camioneros del pescado y que a raiz del cierre del Mercado de Pescados tuvo también que cerrar al perder toda su clientela parroquiana
Un cordial y afectuoso saludo.
José Manuel

Bernardo ,  8 de octubre de 2015, 10:19  

Hola José Manuel

Es claro que tuvimos que coincidir, aunque fuera en distinto grupo, en ese mismo colegio. Yo no recuerdo exactamente el año de mi ingreso en párvulos, pero fue cuando el colegio contaba con una sola aula (la de más a la izquierda vista desde la calle); posiblemente, fuera allá por 1956 o 1957. Estuve en ese colegio (salvo un año) hasta 1963, en tercero de bachiller, pasando posteriormente al Instituto de San Isidro. Ya en último curso, daban la clase Mari Carmen, la hija de Don Bernabé, y Doña Rosa, pues el maestro de siempre sufrió un derrame cerebral (o algo parecido), del que quedaría imposibilitado y fallecería más adelante.
También, como tú, recuerdo cuando Don Bernabé, que parecía profundamente anticlerical, nos cruzaba hasta la Paloma para la catequesis. Yo vivía en el número 106, habiendo en los bajos de mi casa una lechería y una taberna (hoy llamada los Caracoles)
En esa escuela, como sabrás bien, se hacía realidad el dicho ese de que “la letra con sangre entra” pues había en ocasiones verdaderos episodios de ”magistral” violencia, aunque yo, debo reconocerlo, nunca fui “agraciado” con ningún golpe. Pero también es verdad que allí se cimentó toda la base de mis estudios posteriores.
Algunos pocos nombres me vienen ahora a la memoria: Mi amigo Jose Luis que, junto a su hermano, vivía en el hostal-casa de comidas-bar que había al lado del colegio (donde paraban mucho los enanos del “bombero torero”; Luis Nebrera, Julio Ardua, Antonio Salamanqués…

¡Qué tiempos compañero!

Jose Manuel 8 de octubre de 2015, 16:25  

Hola Bernardo:
Yo era buen estudiante pero eso no me libraba de sesiones con brazos en cruz, o de probar la vara del estudiante de Medicina. Yo no coincidí con la clase de D. Bernabé pero imponía, quizá alguna vez que el profesor o profesora de la nuestra no estaba o llegaba tarde en la nuestra, el se ponía entre las dos clases y el ambiente era sepulcral.
De nombres de alumnos me suenan los apellidos Salamanqués y Montañés, este último vivía en la zona de la calle de la Ventosa, desaparecida al hacer la Gran Vía de San Francisco, aunque no les pongo cara a ninguno. En cambio sí recuerdo a Jesús Oterino San Román, que tenía gafas, y vivía en el mismo edificio pues sus padres regentaban el hostal que estaba en el último o penúltimo piso, sé también que procedían de la comarca zamorana de la Sanabria.
Respecto a nuestro antiguo barrio, se ha tratado en los temas
http://historias-matritenses.blogspot.com.es/2009/11/viaje-virtual-en-el-tranvia-c-sexta.html (son seis entregas y en esta última están los enlaces de las precedentes) y
http://historias-matritenses.blogspot.com.es/2012/04/la-gran-via-de-san-francisco-la.html
Quizá pueda haber alguna mas entrada o tratada de forma tangencial, pero ahora no recuerdo.
Un cariñoso saludo.
José Manuel

Salamanqués ,  6 de enero de 2016, 21:47  

Acabo de descubrir vuestro blog y al leerlo me ha dado un vuelco el corazón, cuantos recuerdos de aquellos años. Mi hermano Antonio y yo vivíamos en la Arganzuela 4 (prácticamente esquina con la calle Toledo) y también fuimos al Colegio Toledo (creo que desde el 60 al 64 aprox), me acuerdo de D.Bernabé y de su hija Mari Carmen, pero sobre todo de Dña. Rosa. Con ella hicimos cantidad de excursiones alrededor de Madrid y siempre con la mochila y la comida hecha por mi madre.
Vivimos en la calle Arganzuela hasta el año 74 (cuando yo tenía 20 años) y como os podréis imagina fue una etapa importante de mi vida
Tengo muy gratos recuerdos de mi antigua casa (con un patio interior y el servicio común para los vecinos) del cine Toledo, de la gallinejera que estaba enfrente de mi casa, de ir los domingos a cambiar cromos a la plaza del Mundo Nuevo, etc., etc. Vamos que nos hacemos mayores y empezamos a vivir de recuerdos.
Es innegable que es un barrio que engancha y aunque ahora vivimos en la periferia de Madrid, prácticamente todas las semanas voy con mi mujer a dar un paseo por aquella zona.
Por otro lado y en opinión el barrio está muy deteriorado y con gente muy diferente a la de antes
De todos modos, sería agradable retomar el contacto con toda la gente de aquella época y que mantuvimos experiencias muy similares

Jose Manuel 6 de enero de 2016, 22:34  

Hola Salamanqués:
Encantado de que hayas descubierto el blog Historias Matritenses, y, como dije en la respuesta a un comentario anterior, tu apellido me suena de haber coincidido, bien contigo o bien tu hermano, aunque no pongo cara.
Yo estuve viviendo en Toledo 92 hasta marzo de 1961 en que cambié de casa, pero seguí yendo al colegio Toledo hasta finalizar el curso, lo cual fue una odisea diaria de transporte hasta el mes de junio ya que no era conveniente mudar de colegio a mitad de temporada para la buena marcha de mis estudios. En mi época no llegué a hacer ninguna excursión, no recuerdo sí es que no se hacían o no me dejaron en casa.
Sobre Fuentecilla se ha tratado de forma mas ligera al hablar del recorrido del tranvía C, pero una vez que hallé esta foto me propuse desarrollarlo con amplitud haciendo hincapié en mis recuerdos de niñez. Del barrio en general se ha publicado sobre la Gran Vía de San Francisco, también sobre aspectos tranviarios y algo sobre los cines del entorno (Castilla, San Francisco, Toledo, etc.), además de los temas que se han citado en comentarios anteriores de este hilo. Quizá haya alguno mas pues desde 2008 se han editado muchos trabajos en los que puede que haya dentro de ellos algo puntual sin que sea protagonista del tema.
Apenas voy por la zona pues me da mucha pena ver el deterioro que ha sufrido el barrio, sin apenas comercios en la calle de Toledo y alrededores, y los que hay hoy no guardan relación con los de antaño. Transitar en cualquier línea de autobús de la calle de Toledo se hace exasperante por los atascos, y sí uno va con el coche particular los aparcamientos son imposibles o sí los hay son caros, así es que viajo al centro en metro o en el ferrocarril de cercanías.
También hay un cambio en las características de quienes lo habitan pues recuerdo mi casa natal y sus vecinos, siempre dispuestos a “echarte una mano” y no como en los inmuebles de ahora en que apenas conoces a nadie e incluso cuando se cruzan contigo hacen un ímprobo esfuerzo que parece salirles del alma para dignarse a responder a tu saludo de buenos días.
Un cordial y castizo saludo.
José Manuel

Bernardo ,  5 de mayo de 2016, 17:45  

Hola, Salamanqués:
Hacía tiempo que no volvía a esta página, y ahora me encuentro con uno de los hermanos "Salamanqués" de la calle de la Arganzuela. Yo, con el que más coincidí fue con Antonio (yo soy de 1950). Fuimos compañeros en el pupitre y muy amigos. Como tú, recuerdo perfectamente nuestras excursiones a la Casa de Campo con doña Rosa, la profe de francés; y lo bien que allí lo pasábamos, jugando al "rescate" (haciéndonos los chulitos con las chicas, que corrían menos), o a "preguntas y respuestas"; comiendo luego lo que nuestras madres nos habían puesto en la mochila, y volviendo a casa, en grupo, antes de que se nos hiciera de muy de noche. Lamento que no fueran esos tiempos como los de ahora, en que todo se fotografía, pues no guardo ninguna imagen de aquello y sólo dispongo de mi memoria —escasa ya a estas alturas— para recordarlos.
Un saludo y un abrazo
Bernardo Rodriguez

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