La Ciudad Lineal en el Recuerdo

sábado, 21 de mayo de 2011


Si bien la Ciudad Lineal (en adelante CL), según su fundador, abarcaba un recorrido muy largo alrededor de Madrid, para nosotros, hijos del pueblo y por ello amantes de la simplicidad, la CL no era más que la Calle de Arturo Soria, con lo que excluíamos generosamente trayectos como Ventas-Pueblo Nuevo, o la Parada 13-Chamartin. Lo cierto es que eso de las calles no acababa de entrarnos, por lo que aparte de la de Arturo Soria, no sabíamos el nombre de ninguna calle más, al contrario que hoy día. Así que para orientarnos nos agarrábamos al método de las paradas del tranvía, en la que cada una era un punto de referencia (no un trecho) que nos ayudaba a encontrar lo que deseábamos. Así nos decían: "vete a la parada cuatro y compra un litro de leche de la buena" (o sea, de la que no estaba aguada); y en caso necesario se decía de manera algo vaga: "sí, entre la parada tres y la cuatro", con lo que no había dificultad ninguna, ya que las alternativas eran bien escasas.

Lo que de inmediato llamaba la atención del que por primera vez veía la CL eran los railes del tranvía. Cuando en 1940 llegué montado en una furgoneta de Auxilio Social (una normanda) a la parada 6 -entre la C.E.A y el Hogar Alto de los Leones- estaba convencido de que era el ferrocarril lo que por allí circulaba, ya que esas vías con una altura de 10 ctms sólo las conocía del tren.


Otro aspecto de la CL, desde luego mucho más interesante, era su estructura: Una mezcla singular de ciudad y campo en que apenas se distinguía dónde terminaba el uno y dónde empezaba el otro. Y es que la Ciuli (manera un poco chulapa con que también la llamábamos) era, en efecto, frontera, límite entre Madrid y el campo, y si dado el caso se llegaba en taxi a la CL y se le decía al taxista·"cruce la via, que es al otro lado", eso era meter la pata, pues el hecho de cruzar las vías significaba pasar al extrarradio y había que pagar una sobretasa.

A lo largo de la CL abundaban los descampados; en las paradas 3, 4 y 5 del lado de los pares, y en la parada 8, por ejemplo, de los impares; aparte, claro está, de otros más. Los niños de los hogares, de manera infantil y rumbosa, se habian "apropiado" de esos terrenos, convirtiéndolos en sus campos de futbol: Campo de Tinuca (Ciudad Universitaria),Campo de Leones, de Brunete ... zonas libres en las que en realidad apenas jugábamos. Así mismo había campos dedicados al cultivo de la caña de azucar, o para pastos de algún rebaño de vacas, debido a las numerosas vaquerías que había.

Una vez llegada la noche, estas paradas, sin más iluminación que la luz de las estrellas y sin nadie dispuesto a subir o bajar, eran lugares solitarios que el tranvía parecía querer evitar y pasaba velozmente, envuelto en cálida luz.

La única carretera que surcaba la Cl era casi un adorno, pues hasta mediados los años cuarenta apenas sí pasaba un vehículo (con gasógeno) por ella. Así pues, el principal medio de locomoción era el tranvía, ocurriéndome a menudo que por no pagar billete fuera montado en el estribo, teniendo así que abarcar a todo el grupo, que hacía lo mismo, aunque el riesgo lo corriera yo, ya que siendo el que iba más afuera, tenía que tener muchísimo cuidado con las columnas -que no eran redondas, sino en forma de T-. Así que cada vez que se acercaba una apretaba con todas mis fuerzas al grupo hacia adentro, y más de una vez sentí, al pasar casi rozando, como una ligera brisa en la nuca... En el tope no fui más que una sola vez, en un tranvía corto que bailaba lo suyo y que me hizo pasar las de Caín. Lo dejé en seguida, y más tarde me desquitaba tirándome en marcha a una velocidad endiablada entre las paradas 5 y 6, que era plano. Como la suerte me acompañaba y mis piernas eran ágiles, siempre salí ileso.


Todos los andenes de la calle principal y la calzada de las laterales estaban sin asfaltar, es decir, bajo los pies, sólo tierra, a Dios gracias; además, nunca se veía un vehículo aparcado, ni apenas a nadie. Por lo que no es de extrañar que desde una calle lateral se percibiera más el rumor del lejano Madrid que cualquier otro ruido, salvo el ladrar de algún perro por la noche.

Los tipos de casas, en una misma calle, variaban bastante entre sí, siendo algunas casi suntuosas y otras modestas pero no pobres, aunque eso sí: todas tenían un jardín más o menos grande, y muchas de ellas, tapias con columnas de ladrillo rojo y verjas de hierro forjado pintadas de verde, todo muy armonioso y sosegado.

En la parada 5 había una tienda de ultramarinos (¿nombre?); en la 6, la de ultramarinos-bar de Juanito y su ayudante Agustín, su sobrino. Así mismo, en la calle Estrecho de Mesina, cerca de Brunete, estaba también otra cuyo nombre no recuerdo (¿Casa Justo, quizá?).

La CL se distinguía por su tranquilidad, ya que apenas tenía tráfico; por los espacios abiertos que había entre los pequeños barrios surgidos a ambos lados como por casualidad y a menudo en simpática anarquía, sobre todo del lado de los pares; también por lo bajas que eran las casas, ninguna más alta de tres plantas; así como por esa interesante mezcla de piscinas, pistas de baile de verano, laboratorios pequeños, pinares (el Sotillo, el Pinar de Chamartín, etc.), casas de reposo, sanatorios de tísicos, clínicas de nervios, fincas misteriosas como Monte Carmelo... Así mismo por los hogares de Auxilio Social que había, sin que apenas tuvieran contacto con "los chicos de la calle" -como les llamábamos-, como si fueran ellos los excluidos y no nosotros; también por las paradas mas destacadas y vivas: la 2, la 6 y la 10; y en fin, por su aire puro y a menudo aromático, dada la abundancia de pinos que tenía. Todo ello contribuía a dar a la Ciudad Lineal ese ambiente humano y residencial tan característico.

Antes de que se prolongara la línea del autobús que llegaba únicamente hasta la Calle López de Hoyos, la parada 10 había tenido muy poca vida, pero a partir de 1949 la zona aquella se animó mucho, sobre todo los domingos, con el baile al aire libre al principio de la Carretera de Hortaleza. De todos modos, los domingos por la mañana era el Plus Ultra el encargado de animar al "personal" con sus partidos de fútbol y juegos de baseball o de rugby. Como la CL era sobre todo un lugar para el verano, no sorprende nada que en esa época del año hubiera de todo: bailongo en varias paradas, fútbol, piscina, procesiones, fuegos artificiales, verbenas; frutas que "robar", moras a barullo en la Carretera de Hortaleza, algarrobas, piñas ... Y otra cosa tenía también que sin embargo apenas notábamos en la niñez: las cuestas, y ha sido luego, mucho más tarde, cuando paseando por ella nos dimos cuenta por primera vez de los desniveles tan grandes que había. Por ejemplo, desde la planicie de la Iglesia de S. Juan Bautista, a la salida de misa, podíamos contemplar parte de la Prosperidad a nuestros pies.

Los tranvías tenían un horario de circulación tan arbitrario como la denominación de las paradas mismas, en las que unas eran "parada fija" y otras "parada discrecional". Así pues, dada esa anarquía, el único medio de adivinar cuándo venía un tranvía era aplicar una oreja a la columna de la línea y escuchar el ruido, tratando de deducir la distancia del tranvía en relación directa con la intensidad del sonido; o, en "plan comanche" , pegar la oreja a uno de los carriles, a ver si oíamos algo, olvidándonos de que a veces faltaban palmos enteros de vía, por lo que no se podía oír nada. Finalmente, como último modo de informarse era preguntándole a "Juanito de la Vía", un pobre anormal, que sin embargo usaba trajes a la medida de primerísima calidad. Era muy buena persona, y las veces que hablé con él me dió una información puntual de un horario fantástico. Vivía, si no me equivoco, en una villa junto al Campo de Brunete. -Los tipos de tranvías que vimos circular hasta 1952 fueron: Las "maquinillas", que eran los más largos, de frenos de aire comprimido; los cortos, con freno de manubrio; las jardineras, simples remolques sin motor, para el verano; y , por último, el tranvía de las herramientas, el X-I, que por ser tan feo se decía la majeza esa: “eres más feo que el tranvía de las herramientas". En 1952, al ser absorbida la CMU por la compañía madrileña, desaparecieron todos, o casi todos, por el mal estado del material.

De 1940 a 1947 la CL no había cambiado absolutamente nada; más a partir de este año, de manera inesperada, comenzaron a construir la autopista de Barajas, que tantos cambios traería consigo. Por de pronto desaparecieron muchas cosas, por ejemplo, gran parte del Hogar Ciudad Universitaria, así como la espléndida villa de una marquesa, junto con sus 200 gallinas blancas. Pero de igual modo, surgieron otras muchas al abrigo de la autopista: Así, en 1947 se empezó a construir el Barrio de la Concepción, o al menos a preparar su construcción.

Todos esos años estuvo funcionando lo que llamábamos el “atajo”, que naturalmente no constaba en ningún plano, y que no era otra cosa que el camino diagonal que empezaba en cualquiera de las calles entre CEA y Hernández Tejada, para después atravesar los desmontes del futuro Barrio de la Concepción, el Barrio de San Pascual y, por último, desembocar en las Ventas, evitando así el enorme rodeo de la Cruz de los Caídos.

Al final de los desmontes aparecían las primeras casuchas del Barrio de San Pascual, así como la única fuente pública que había, rodeada esta última de charcos de agua sucia en los que los cerdos se revolcaban con placer. La cola, de carácter perpetuo, la componían mujeres vestidas modestamente y en zapatillas, que formando pequeños corros pasaban la larga espera en animada cháchara, ofreciendo al casual caminante del atajo un cuadro lleno de vida y realidad de suburbio.

En ese atajo famoso, un día apareció el "fiambre" de un hombre con traje y corbata. Yo me negué a ir a verlo; mis compañeros, sin embargo, salieron de estampida, no fueran a perderse el espectáculo de ver un puñal atravesando un corazón y una corbata justamente por el centro de ésta. Cuando volvieron, contentos de no haberse perdido nada, uno de ellos, buen amigo mío, además de rústico y noble, me decía:“¿Quién iba a soñar que el finao, que según dicen, era malo en su barrio, juera a concluir de una manera tan bruta y en un lugar tan enteramente muerto como éste, ande no pasa nada?"


Pero ... ¿para qué cerrar mis recuerdos con un hecho tan infausto? Volvamos mejor los ojos a esa Ciudad Lineal tan adormilada, tan bonitamente rara, que fue, durante largas décadas y sin que muchos lo supieran, la mas bella perla de todo Madrid.
-.-.-

Autor: Ernesto Fernández (Wiesbaden, Alemania).

En este artículo han colaborado: José Manuel Seseña y Ricardo Márquez.

20 comentarios :

Pedro Gómez ,  22 de mayo de 2011, 0:00  

Hola Ernesto.

No tengo por menos que felicitarte por este gran articulo, estupendo relato que nos ha proporcionado seguramente que a muchos, volver a revivir parte de nuestros recuerdos, de nuevo gracias.

Pedro.

Angel 22 de mayo de 2011, 11:45  

Ernesto, magnífico relato el que nos has ofrecido de tus recuerdo de niñez sobre la Ciudad Lineal. Es increible los recuerdos que retienen los ojos y la memoria de un niño después del paso del tiempo. Mi enhorabuena por éste trabajo con el que nos has deleitado.

Angel

Maria Luisa Pino ,  22 de mayo de 2011, 22:38  

Hola Ernesto: Te voy a ayudar en lo de la tienda de ultramarinos. En la parada 4 (un poquito tirando hacia la 5)Estaba la tienda y bar al mismo tiempo llamado "Casa Justo" La calle era no se que "Cavero". yo nací en esa calle , pasando "Casa Justo". Mi casa daba a esa calle por un lado y por la espalda a otra calle , esta casa con el tiempo fué "La isla de Gaby". Al final de "mi calle" había una tahona, donde fabricaban el pan y toda la vecindad lo compraba allí, ¡Con cupones!Como yo vivía al lado , pasaba ratos con Pepita la panadera (que la gustaban los niños, y me quería un monton)y hacía como que la ayudaba a despachar el pan. Era un juego para mí.Mi madre, en Navidad, llevaba el cordero a que lo cocieran en los hornos (tenían dos)Lo entregaba por la noche y lo recogia al día siguiente (sin coste alguno) Tambien llevaba las perrunillas a cocer allí, cuando había algún santo que celebrar (en aquella epoca los cumpleaños no se celebraban, si el santo de tu nombre) , Siempre se dejaba parte de los dulces para que los trabajadores, pudieran probarlos y así se agradecia que los metieran en el horno. En casa Justo se compraba de todo ,el aceite , las lentejas , alubias etc. Había unos sacos grandes donde gurdaban estas cosas, abiertos y todos tenían una especie de cazos para coger lo que fuere y pesarlo. Los gatos dormían traquilamente encima de dichos sacos y había que auyentarlos cuando era necesario pesar las judías o lo que fuere, mas tarde volvían y seguian durmiendo la siesta.
Te diré que a Juanito (para mi entorno el tonto)lo recuerdo perfectamente , me imponía un poco porque me parecía un señor muy alto y serio.En el verano visitaba las casas de los vecinos que estaban charlando y tomando el fresco en los jardines, entraba, se sentaba y escuchaba, esto pasaba principalmente entre las paradas 5 y 6 .Todos nos conocíamos y nuestros padres le aceptaban sin mas. En una ocasion se atrevio a pedir la mano de mi amiga Paloma(la de la capa azul)a su padre, no se que edad tendria mi amiga , pero no mas de 12 0 14 años...
Corto y cambio, me enrollé un montón. Maria Luisa

Ernesto Fernandez (Wiesbaden, Alemania) ,  22 de mayo de 2011, 23:41  

No te preocupes, Maria Luisa, que yo creo que todo lo que aquí se cuenta no es nunca demasiado largo, todo lo contrario, y además es interesante escuchar esos detalles del vecindario y de las tiendas. "Juanito el tonto, o de la Vía", como se quiera, no estaría tan tonto cuando pidió la mano de tu amiga Paloma, la de la capa azul en el recuerdo, allá por 1947. Si la tienda de ultramarinos de la parada 4 ó 5 era Casa Justo, ¿cómo diablos se llamaba la tienda de la calle Estrecho de Mesina, cerca de Brunete? Un cordial saludo, Ernesto

Ernesto Fernández (Wiesbade, Alemania) ,  23 de mayo de 2011, 0:00  

Hola Pedro, gracias por tu felicitación por haber hecho algo que ha sido un gran placer para mí mismo. Pero si además he contribuido a refrescar vuestros recuerdos, tanto mejor para todos. Saludos Ernesto

Ernesto Fernández (Wiesbaden, Alemania) ,  23 de mayo de 2011, 0:38  

Hola Angel, hace un momento le decía a Pedro Gómez que el dedicarme a esto es para mí un placer, sobre todo si sé que los lectores de la antigua Ciudad Lineal van a disfrutar tanto como yo. Hay gentes que pasan y apenas conservan algo en la memoria, lo que encuentro bastante triste. Yo sin embargo soy como ese elefante del parque zoológico que al cabo de 20 años todavía se acuerda de aquél que le puso en la trompa, en lugar de una manzana, una boñiga de burro, por lo que ahora le echa un chorro de agua, sin que el duchado adivine el porqué. Contando con la estupenda actividad de Ricardo como manager, espero poder contar más de un relato. Saludos Ernesto

Mercader ,  22 de marzo de 2012, 20:51  

El haber vivido en la Ciudad Lineal durante aquellos, en esa C.Lineal que mi amigo Ernesto también calificaba de “…tan adormilada, tan bonitamente rara”, fue para mí y para todos una suerte y un privilegio. Aunque creo que ya está dicho casi todo en este blog que con tanto cariño lleva Ricardo, siempre es posible aportar algún dato más de interés para todos.
Cuando comencé a tener correspondencia con él a principio del 2008 me envió una relación de comercios y negocios a ambos lados de Arturo Soria y le conteste lo siguiente:
“Una observación a la relación de números pares de Arturo Soria: creo recordar que entre el “Hogar Batalla de Brunete” y la “Piscina Mallorca” había un chalet de ladrillo que fue famoso por un asesinato muy nombrado. Volvíamos un día, no recuerdo con quién y ya en mi segunda estancia, frustrados por el intento fracasado de “apropiarnos” de un poco fruta allá por López de Hoyos, en un huerto enorme de un edificio como hospital o colegio, debido a que otros se nos habían adelantado en días anteriores y nos estaban esperando con perros, cuando al pasar derrotados por la valla del jardín del chalet susodicho, vimos unas ciruelas sin madurar pero apetitosas y al alcance de la mano. Los compis me animaron para que subiera a la reja de fundición, alargara el brazo y cogiera unas cuantas ramas repletas de fruta. La verja de hierro fundido estaba sujeta cada corto espacio por unas columnas de ladrillos que por estética o capricho terminaban en una especie de pirámide formada al ir reduciendo su cantidad respecto a la base. Para alargar el brazo me apoyé en el último ladrillo, con tan buena suerte que cedió por la falta de agarre debido a las inclemencias del tiempo, y di con mi barbilla en suelo del huerto. He dicho buena suerte porque desde dentro y animado por los gritos y risas de los de fuera aproveché para coger las ramas cercanas y las lejanas sin acordarme de mi barbilla y del dolor por todo el cuerpo, pero maldiciendo al cielo. Tuvimos cagalera una semana entera.”
“Yo también recuerdo haber trepado al pino, al menos una vez, para ver el solarium de la “Piscina Lido” y sus mujeres en bikini.”

Ricardo Márquez 22 de marzo de 2012, 22:46  

Bienvenido Mercader. Primeramente pedirle disculpas, hace un par de semanas Ernesto me pasó su e-mail pero por problemas técnicos con el ordenador no tuve ocasión de escribirle. El blog lo hacemos todos, no me cansaré de repetirlo. Los artículos sin sus comentarios y sus vivencias serían datos muy fríos. Ayer comentaba con mi amigo Pedro Gómez que la memoria es como una caja de Pandora, que nunca sabemos que llave es la que va a destapar la caja de los truenos.

En el caso de su comentario, además de recordar lo que eran los frutales de las fincas de la Ciudad Lineal y aledaños, ha traído a mi mente un tema tratado en el artículo de la Colonia Maudes. Ernesto y María Luisa han comentado hace poco en el blog de nuestro amigo David sobre un crimen. Al leerlo no le di importancia, pero recuerdo que se comentó, como decía, en el artículo de la Colonia Maudes. Por lo visto el sujeto en cuestión vivía allí y veraneaba, o tenía el chalet del fin de semana en la Ciudad Lineal, justo entre la Mallorca y Brunete.

Como sabe osé Manuel (mi compañero en la coordinación del blog), estamos recibiendo sugerencias para tratar tema de sucesos y accidentes, y aunque este caso es más propio del libro de nuestros amigos Marcos Besas y José Manuel Pastor titulado "De Madrid al Infierno", no sería descabellado abordarlo.

Tenemos pendiente acabar las paradas de la Ciudad Lineal, de la 1 a la 7 u 8, según años. Paco me dejo un listado con detalle de cada parada, Maria Luisa Pino también nos ayudará, y esperamos contar con la ayuda de otro amante de la Ciudad Lineal y su tranvía, amigo de José Manuel, llamado también Francisco Fernández.

Un abrazo

Mercader ,  23 de marzo de 2012, 19:11  

Hola Ricardo, al no recibir el e-mail que Ernesto me aseguraba que me enviarías decidí poner un comentario en alguno de los blog que hay sobre la Ciudad Lineal, inclinándome por el de “La Ciudad Lineal en el recuerdo”. Gracias por tu respuesta.
Ahí va otro que tal vez también encajaría en el de la “Paradas del tranvía”, la 9 en este caso. Como el anterior sacada también de mi correspondencia con Ernesto en diciembre del 2010, por eso le decía que yo creo que ya está dicho casi todo.
“Como todos los años, en junio de 1958 se celebraron las fiestas de la parroquia de S. Juan Bautista y como todos los años anteriores hubo competiciones atléticas a las que solo se presentaban “los chicos del Hogar”. Carreras, saltos de longitud, saltos de altura y poco más, no sé si lanzamiento de peso (irónica prueba), competiciones que casi siempre ganaba el polifacético Gonzalo T., (a) Gonzalito. La víspera de S. Juan ese año se celebraba la “carrera de velas” que consistía en correr con una vela en la mano, protegida con una especie de cucurucho, unos 400m. desde el bar que hacía esquina con la calle Carril del Conde, y de cuyo nombre no me acuerdo (tal vez Barrachina o algo así), hasta la explanada que había frente a la parroquia donde habían preparado una pira de maderas, muebles viejos, etc. a la espera del vencedor (al que lógicamente no se le hubiera apagado el cirio durante la carrera), y prender la pira. Yo había vuelto del cuartel con el permiso del “pase pernocta” y me fui a ver el espectáculo, sin pensar en participar claro está. En el bar estaba expuesto el trofeo, la figura de un corredor sobre una peana, muy bonito, algo diferente a las medallitas que daban en las otras pruebas. Como Gonzalito había decidido no presentarse a esa prueba comenzaron a animarme diciéndome que ganaría seguro. Aunque me negué por falta de preparación y de ganas, calzado impropio, etc. siguieron animándome, el trofeo valía la pena y alguien me dejó unas playeras. En el bar apareció un joven, desconocido para toda “la parroquia” asistente, que se inscribió para participar, preguntó que dónde podía cambiarse y apareció con ropa deportiva y una pinta de atleta profesional. Llegué el segundo tras adelantar a mi amigo Pablo M.M. que me animó al grito de ¡sigue que le alcanzas! Llegué con la “vela encendida” y el sofoco me duró semanas. Se dijo que el joven pertenecía al equipo juvenil de atletismo del Real Madrid. Cogió su trofeo y se fue por donde había venido. La calle que iba desde el bar hasta la parroquia creo que se llama José Silva.

Ricardo Márquez 24 de marzo de 2012, 10:02  

Muchas gracias Mercader por contarnos tan curiosa historia. Hubiera estado bien ganar el trofeo y poner hoy la foto aquí, pero lo más emocionante sería encender la hoguera con la vela.
Esperamos nuevos recuerdos.
Un abrazo

Migueli. ,  24 de marzo de 2012, 19:59  

Propiamente como "maquinilla" se conocía a las primeras máquinas de vapor que arrastraban los coches tranvías de la CMU, que transitaban por la Ciudad Lineal. después fueron eléctrificadas las líneas y sustituidos por tranvías eléctricos. Quizás algunos vecinos siguieran llamando a estos nuevos tranvías maquinillas ?
El bar que mencionais junto al Carril del Conde se llamaba Barahona. El dueño tenía dos hijos.
El Barrio de la Concepción es posterior a l950.
Atajos había muchos. Como entre las parcelas de las casas de la Ciudad Lineal había otras parcelas que no estaban valladas, y en otros parajes igual, se hacian sendas que luego eran veredas, y hasta caminos sin nombre, que acortaban los itinerarios.
Lo de la "pira" de las fiestas de San Juan no era otra cosa que la "hoguera de la noche de San Juan", que era el final de fiesta, solía hacerse con gavillas de leña, que se apilaban a un lado del campo donde se jugaba al futbol. Había vecinos que aprovechaban la ocasión para limpiar de muebles inservibles las buhardillas de las casas de la Ciudad Lineal, que sumaban a la hoguera.
Cierto año al oscurecer, cuando se estaba tomando un vino de inicio de fiestas, en la pista que había junto a las escuelas parroquiales, pasó una moto con dos individuos, y arrojaron sobre la leña, unos papeles a los que habían prendido fuego, y se largaron a todo gas.
Cuando la gente se percató, las llamas estaban altas y como apenas había agua en la zona ni otros elementos de extinción de incendios, solo se pudo separar las gavillas que estaban más alejadas de las llamas, que no serían ni la tercera parte del montón, después de un arduo y sofocante labor.
Ese año, por las circunstancias, fue una pequeña hoguera. Eso pudo ocurrir a mediados de los años sesenta.
Saludos.

Anónimo ,  24 de marzo de 2012, 22:28  

Hasta hoy no habia leido esta entrada me gusta mucho recordar la Ciudad Lineal el barrio mas bonito de Madrid"mi barrio",yo soy hermana de Ricardo,es una pena que falten nuestros padres para que nos contaran cosas que no sabemos. Recuerdo que mis abuelos contaban,llegaron al barrio en los años 20 que los primeros tranvias tenian una jardiera con plantas. Ernesto su articulo me gusta mucho. UN SALUDO TILDE

Anónimo ,  24 de marzo de 2012, 22:38  

Hola Hernesto: veo que retienes en tu memoria los mismos recuerdos que nosotros (me refiero a mi hermano Monchi y Chiqui el mismo que viste y calza). Eramos el terror del barrio por nuestras diabluras en los años 50 y los precursores del ahorro energético, López de Hoyos nunca conseguía tener todos sus farolas funcionando y por otro lado nos anticipamos al "facebook" del Ventorro ya que pulsando los timbres de la vecindad simultáneamente creamos el chismorreo masivo. En cuanto al tranca, es uno de las improntas mas vivas por el riesgo que entrañaba sobre todo cuando sólo quedaba el tope.
Felicidades por tu blog y saludos.

Ernesto Fernández (Alemania) ,  25 de marzo de 2012, 1:44  

Hola Migueli, tienes razon, a los primeros tranvías, movidos por vapor, se les llamó "maquinillas". Más tarde, quizá por inercia, se les continuó llamando así, aun cuando ya el vapor era electricidad. -Yo no he hablado de bares, sino de tiendas de ultramarinos; seguramente te has confundido. Por cierto, ambos establecimientos de ultramarinos se llamaban Casa Justo; y en el Cerro de la Cabaña había un tercero. Los accesos al futuro Barrio de la Concepción, canalización, etc., empezaron a construirlos a finales de 1947. Por supuesto que los edificios vinieron mucho después. Es cierto, en la Ciuli había infinidad de atajos, pero ninguno tan largo y tan nombrado como el que iba de la CEA a Ventas, que tenía el nombre inoficial de atajo de S. Pascual. Un saludo

Mercader ,  25 de marzo de 2012, 12:04  

Otro atajo que utilizábamos era el de la Prospe. Partiendo de la zona de la Ciu-Li donde se encontraba el campo de fútbol del Plus Ultra y pasando por la parroquia de S. Juan Bautista, se llegaba al barrio de la Prosperidad. A partir de ahí un tranvía te acercaba por la calle de López de Hoyos a la parte de Serrano. “Al fin sé cuál fue ese tranvía pequeñajo que me llevó al Ramiro a hacer el examen de ingreso.” (Comentarios de E.F. en su carta del 06.SP.08) Les venía bien a los que estudiaban en el Ramiro y yo posiblemente lo utilizara para acercarme los domingos a casa de los Bay para ver a María y poder saciar por un día el hambre de una semana. Un día lo utilicé para acercarme a la “Casa de Campo” a por bellotas. No puedo precisar si fue en esta época o en mi segunda estancia en el HCU. Fuese cuando fuese así lo recuerdo. Como siempre ya se habían acercado por allí los más aventureros y transmitían sus experiencias a los que quisieran acercarse a esa zona lejana y solo transitada por algún “guarda forestal” que otro. Los guardias forestales iban vestidos con un traje de pana marrón, su pecho lo cruzaba un ancho correaje de cuero que llevaba adosado a la altura del corazón una placa de metal ovalada con la palabra grabada de la profesión que ejercían, una gorra también de pana y a la bandolera un fusil de perdigones por si salías corriendo al darte el alto. Alguien me animó para ir de bellotas. Siempre he sido poco aventurero, muy cobarde y miedoso pero de fácil arrastre. Y allí me fui tras pasarlas canutas en el tope del tranvía, algo que no había hecho nunca. Tras cruzar la valla de ladrillos que cercaba la “Casa de Campo” nos adentramos en aquella verde dehesa, sin ver a nadie, lo que nos produjo una confianza que nos indujo a avanzar por sus colinas hasta alcanzar una zona con abundantes bellotas desparramadas a los pies de las encinas. Cuando quise empezar a recogerlas me percaté de que no me había provisto de una bolsa donde guardarlas y se me ocurrió que podía meterlas dentro de la camisa, sin quitármela. En ello estábamos cuando delante de nuestras narices aparecieron los forestales. Nos debió tocar una pareja comprensiva que se limitó a quedarse con las bolsas de bellotas y largarnos con viento fresco. Y a la vuelta el único que tenía bellotas era yo, dentro de la camisa rodeándome la barriga, aunque en el trajín del viaje en el tope del tranvía se me fueron cayendo por el camino, no llegando mas que un puñado de ellas. Eran tan pocas que no nos produjeron ni estreñimiento. Por el alcance de la aventura estos pequeños fracasos me deprimían profundamente. ¡¡El hambre, siempre el hambre y el espíritu de supervivencia!!
Exacto, el bar se llamaba Barahona.

Ricardo Márquez 25 de marzo de 2012, 15:59  

Hola a todos. Empezando por el final, que historia tan bonita y a la vez triste Mercader, después de todo tan solo quedaron un puñado de bellotas. El otro día comentabamos con Migueli en el artículo de la Concepción lo de los caminos, está claro que además del nombre oficial, cada cual los llamaba de una forma que era más fácil identificable para sus interesés.

Tilde, es verdad, cuantas cosas nos habrían contado de nuestro barrio... la semana que viene queremos publicar un artículo de los primeros vuelos, que siempre comentaba los abuelos y papa y mama sobre ellos cuando echaban en la tele un programa de imágenes antiguas. Por cierto, he buscado esos programas y no hay forma de encontrarlos.

Me gustaría recomendar otro artículo de Ernesto: El último viaje de un tranvía;
http://historias-matritenses.blogspot.com.es/2010/10/el-ultimo-viaje-de-un-tranvia-ciudad.html

Ernesto Fernández (Alemania) ,  25 de marzo de 2012, 18:02  

Hola Tilde, hay que ver el poco caso que hacemos en la juventud a los relatos que nos hacen los abuelos (los padres no tienen tiempo para esas cosas), y la reacción de los chavales es siempre la misma: "ya está el abuelito contando sus "batallitas". Ma, me voy con los amigos". Pero cuando llega ese día en que ya no hay remedio, porque los abuelos se han ido llevándose todo su saber, nos damos cuenta de haber perdido algo esencial, algo que ahora pretendemos recuperar como sea. Para eso, ahí están los chicos como Ricardo, que crean un blog que recoge los recuerdos de todos: De los "seniores" (ya vamos quedando pocos) y de los chicos ya talluditos, pero siempre chavales, que se cuentan esas historias olvidadas. Eso pasa en España y aquí en Alemania y seguramente en todo el mundo. Como quiera que sea, gracias Tilde por decirme que te ha gustado "La Ciuli en el recuerdo". Yo también la gozo sacando a la superficie las imágenes, el ambiente y hasta el ruido de las "maquinillas" de la antigua Ciudad Lineal, la más bella perla de todo Madrid. Un saludo muy cordial

Ernesto Fernández (Alemania) ,  25 de marzo de 2012, 18:21  

Hola, Chiqui, a ver si nos cuentas esas diabluras que hacíais en los años cincuenta, que aunque yo ya me había largado de la Ciuli, me hubiera gustado haber asistido a ese "chismorreo masivo del barrio". Y del tranca y su tope no me hables, que me puso malo. Saludos.

Mercader ,  27 de marzo de 2012, 11:39  

He comenzado a leer, algo tarde, “Las paradas de la Ciudad Lineal” y, aunque cualquier comentario sobre la Ciu-Li tiene cabida en la parada correspondiente, seguiré incluyendo los míos en “La Ciudad Lineal en el recuerdo”, pues eso es lo que me queda de ella, vagos recuerdos. ¡Y mi amor hacia ella! Es algo así como una primera novia a la que tienes que dejar porque no eres el único en su vida.
En 1960 dejé la Ciu-Li y tras un corto espacio de tiempo como huésped por Delicias, me domicilié en Tetuán al final de Villaamil y aunque durante tres años, del 63 al 66, estuve cruzándola diariamente montado en los nuevos tranvías azules (les llamábamos “miles”, línea 70 Plaza de Castilla-Pueblo Nuevo), para ir a trabajar a los Talleres Sta. Bárbara de la calle Alfonso Gómez, quien me iba a decir a mí que 13 años después volvería a relacionarme con ella. En 1973 llevé a mi hijo a una guardería llamada INPE que se instaló en un chalet de la urbanización “El Bosque”, en el lado de los pares de Arturo Soria, al final de la “Cuesta del Sagrado Corazón” (se hace referencia a ella en “Las paradas…”-la 13). Posteriormente se cambiaron a un chalet que estaba también en los pares, frente al que fuera el Campo del Plus Ultra, en donde estaba la Parada 7. Allí llevé a mi hijo hasta 1976. Era un bonito edificio, característico de la construcción propia de la Ciudad Lineal, hoy destruido por la pala especulativa, y que en un tiempo yo pensé que pudo haber sido el “Hogar Azul” de Auxilio Social, error del que me sacó como siempre Ernesto, ya que éste se encuentra en la esquina de la “calle del Estrecho de Mesina” y hoy depende del Conservatorio de música. La “guardería” debía estar entre la calle Torrecilla del Puerto y la calle Diego Ayllón Tengo alguna foto en la que se ve parte del edificio, sería interesante saber si alguien lo recuerda.

Ricardo Márquez 27 de marzo de 2012, 15:22  

Estimado Mercader. Como ve la vida gira siempre en el mismo sitio, atrayéndonos como si de una gran estrella se tratará. Sobre la Ciudad Lineal la última vez que imprimí en papel lo que esta en el blog había como 150 páginas, casi un libro, y eso que no ponía comentarios y hace más de un año. Con tiempo quiero hacer una entrada sobre El Bosque, pero el contacto que tenía con la AAVV no me responde, con lo que es difícil hacer algo. De Villa Ossa también tenemos bastante, estuve con Marisa Pino y con Paco (el hermano de Ernesto) viéndola una preciosa mañana de primavera del año pasado.... No importa que se lea a trozos, cada comentario aporta algo nuevo, e intentamos poner enlaces a los otros artículos siempre que podemos.
Un abrazo

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