Imagesa - Industria Madrileña de Géneros de Punto - Pueblo Nuevo

miércoles, 19 de junio de 2013

Pueblo Nuevo, barrio de La Concepción. De izquierda a derecha: calle Elfo, Germán Pérez Carrasco, Estrecho de Gibraltar y Alcalá. En diagonal, arriba, la calle Boldano. Año 1929.

Corría el año de 1949. Eran los tiempos donde una de las posibilidades más importantes de hacer economía era el estraperlo, el comercio de productos sometidos a tasas o a restricciones, según Santiago Tarín  (La Vanguardia 5-3-12). El sector del algodón, en aquellos momentos, recibía importantes  subvenciones.


Francisco Javier Fernández  Roca en su estudio “El tráfico de influencias en la España Franquista: decisiones públicas, beneficios privados",  en la segunda parte del artículo demuestra el tráfico de influencias nacido dentro del propio aparato del Estado, cuando un ministro reorganiza el cultivo del algodón mediante concesiones de zonas algodoneras y decide quienes son los receptores de dichas concesiones. En primer lugar, se trató de decisiones políticas que generaron enormes beneficios privados y, en segundo lugar, de claros agravios comparativos a todos aquellos que no pudieron entrar en el negocio algodonero.


Un conjunto de personalidades de Madrid ofrecieron a unos técnicos catalanes la posibilidad de crear una empresa de géneros de punto, IMAGESA, Industria Madrileña de Géneros de Punto. Se instaló en la calle de Germán Pérez Carrasco, nº 5-7-9, en un edificio construido ex profeso para la ocasión. Estaba muy cerca de la parada 1 de la Ciudad Lineal, en el barrio de Pueblo Nuevo entonces La Concepción, a caballo entre los términos Canillas y Canillejas. Contaba con una nueva maquinaria de tecnología nacional (1) que permitió su instalación en una nave más pequeña que la utilizada hasta aquel momento por industrias similares. La sede central de la empresa estaba en la calle de Alcalá, en el centro de Madrid.

Anuncio en la prensa en los días de posteriores a la inauguración.

Fue inaugurada el 15 de junio de 1949 con asistencia de relevantes cargos del gobierno y autoridades locales.

Otro anuncio de cuando se hizo la inauguración.

La fábrica contaba con una planta baja donde había maquinas de tejer, telares,  tricotosas, remallosas, owerlocks, y las mesas donde se cortaba el género para su posterior confección y planchado con prensas hidráulicas. También había un pequeño taller mecánico, con Saturnino al frente, que fue de los obreros que emigraron a Alemania, posteriormente, en busca del trabajo que no había en España. Al fondo de esa nave había una puerta que daba a un patio donde estaba la vivienda del portero, se llamaba Rafael y antes vivía en unas cuevas de algún barrio de Madrid.

Además, como podemos ver en el anuncio, ofrecían trabajos para hacer en casa. Diario ABC, 12 abril 1950.

Fachada de Imagesa. Foto: B.R.

En el primer piso había dos viviendas y las oficinas. Las viviendas eran confortables para lo que había en la época. Tenían cuatro habitaciones, un cuarto de baño completo y un aseo, cocina y despensa, y también calefacción central. En la parte posterior tenían una terraza desde la que se divisaba una casa a la que se entraba por un callejón, el de la señora Patro, y otra casa a la que se entraba por la plaza Reverencia, la de la señora Juliana.

Casa de la señora Juliana, como se ve integrada en el barrio. Foto: B.R.

Cuando se acabó el estraperlo los que se enriquecieron con él dejaron caer la empresa, ésta hizo suspensión de pagos y quiebra. Era la primavera del año 1953.

Cartulina encarte de Imagesa. B.R.

Poco después otra empresa ocupó su lugar. Según mis informaciones duró menos tiempo que la primera. Posteriormente el edificio fue demolido y en su lugar se construyeron pisos.



Tres ejemplos de tejidos fabricados por Imagesa. Fotos: B.R..

Breve historia del género de punto. (Del boletín del Museo del Genero de Punto. Nº 0).

La primera máquina para fabricar género de punto fue inventada por William Lee en el año 1589 en la localidad inglesa de Nottingham.


Por la reticencia de los tejedores manuales, que lo consideraban un instrumento de competencia desleal, la reina Isabel I se negó a concederle la patente de introducción. Ante estas dificultades, William Lee, su hermano, y seis operarios más cruzaron el canal de la Mancha y se instalaron en Rouen (Francia), para poner en práctica la fabricación de medias de punto en telar. Ello fue posible gracias a la concesión hecha por el rey francés Enrique IV. Hasta bien entrado el siglo XIX la expansión que tuvo fue extraordinaria.

En la Editorial del nº 2 del boletín antes citado se menciona el hecho de que el interés por el patrimonio industrial en nuestro país es muy minoritario a diferencia de países como Gran Bretaña, Alemania, los países escandinavos y EE UU  posteriormente,  que desde principios de los años sesenta mostraron interés por estos bienes culturales. Los motivos suelen ser que se ha asociado este patrimonio como símbolo de  explotación y responsables de la Administración han intentado obviarlos como si con ello pudieran hacer desaparecer los malos recuerdos que sin duda existieron. En esos países las fábricas, las minas, las forjas, actualmente son parte de la memoria obrera e industrial de una época, hecho que no se da todavía en el sur de Europa. En muchos de nuestros pueblos y ciudades una fábrica de comienzos de siglo se ve más como un estorbo urbanístico que como un monumento a la historia y a las personas.

Foto: pioneras.wikispaces.com 

La ciudad de Mataró, cuna del género de punto desde mediados del siglo XIX en que sustituyó progresivamente las antiguas fabricas de hilaturas y tejidos por las fabricas de géneros de punto, ha decidido revalorizar estos bienes culturales con la creación de un Museo donde se exhiben desde las antiguas máquinas de tejer a todas las que conforman el proceso evolutivo que ha tenido el género de punto desde su inicio hasta nuestros días, pasando por las diferentes fases hasta llegar al proceso final.


La mano de obra femenina ha sido esencial en Mataró para contribuir al crecimiento económico de la ciudad. Evidentemente las ventajas para los industriales eran considerables ya que se presentaban menos conflictos laborales y menos costes laborales también.


La Comisión del Nomenclátor del Ayuntamiento decidió dar el nombre de siete calles a siete de los oficios desarrollados por mujeres en la industria del género de punto como forma de homenajear la contribución de éstas al progreso de la ciudad y, por otra parte, para que sean recordados estos oficios tan importantes en su momento: Bobinadoras, Tejedoras, Cosedoras, Owerlockistas, Repuntadoras, Reseguidoras, Remalladoras.
-.-.-

Aclaración: Con este artículo pretendemos dar cabida a una nueva serie sobre lo que fue la industria madrileña, hoy casi desaparecida por la deslocalización (o lo que es lo mismo: fabricar más barato sin ningún tipo de escrúpulos). Sirva también como homenaje a la mujer trabajadora LINK y la industria tan olvidada en nuestro país.

Autora: B.R.

En este blog colaboran: José Manuel Seseña y Ricardo Márquez.

Fuentes consultadas: Además de las mencionas la hemeroteca de la BNE.

Notas:
1 - La tecnología nacional en aquellos años venía dada por el aislamiento al que se veía sometida España y la imposibilidad de importación de maquinaria.

16 comentarios :

David Miguel Sánchez Fernández 19 de junio de 2013, 22:26  

Maravillosa descripción como siempre.

¿Quieres decir Ricardo que la empresa solo duró tres años? Yo ahora mismo no se donde era pero indagaré un poco en la familia a ver si ellos se acuerdan.

Un abrazo y sigue contando estas maravillosas historias matritenses.

B.R. ,  19 de junio de 2013, 23:21  

Hola David,
Preguntas si la empresa solo duró tres años. No fueron tres, fueron cuatro. Se inauguró en Junio de 1949 y la quiebra se produjo en la primavera de 1953.
Por si te sirve de orientación sobre el lugar en que estaba te diré que al lado de la fábrica, en el nº 11 de German Pérez Carrasco, había una Escuela de Artes y Oficios.
Un saludo,

Anónimo ,  20 de junio de 2013, 8:20  

Bien descrito,como siempre.Tengo que deciros qué también en la calle de López de Hoyos,entre los números 140 y 144,aproximadamente,también hubo dos industrias de tejidos,una la fábrica de pañuelos,no recuerdo su nombre y otra que se denominaba Augusto Bellido,en esta se fabricaban géneros de naylon en una de sus dependencias y en la otra géneros de algodón,como toallas de todo tipo,paños de cocina y otros.
Se hacía la manufactura de principio hasta el final,también daban trabajo a la calle para coser las toallas.
Eramos muchas mujeres las que trabajabamos allí,aproximadamente unas 50.
Un saludo de G.M.P.

B.R. ,  20 de junio de 2013, 10:14  

Hola G.M.P. Desconocía esa información. Supongo no obstante que te refieres a la década de los sesenta por lo menos, ya que hablas de haber trabajado allí y en nuestra época el trabajo infantil ya estaba regulado, ya no se daba como en épocas precedentes, en tiempos de nuestras madres, cuando no había límite de edad y las fábricas textiles estaban llenas de niñas de edad inferior a los 14 años (más o menos como en China actualmente, China y todos esos países de los que vemos reportajes tan frecuentemente).

Anónimo ,  20 de junio de 2013, 14:17  

Ya he recordado como se llamaba la fabrica de los pañuelos,estos se hacían de tela y luego se estampaban,la empres se llamaba Hilaturas Castaño,S.L.,la empresa en la que yo comencé a trabajar con 14 años se llamaba Augusto Bellído S.L.
No había mucho trabajo para las féminas en el año 1961,no se podía escoger,el primer día me tuvieron que llevar a casa entre dos de mis compañeras,el ruido era infernal producido por las máquinas,telares de 4m.x4m.de altura,yo parecía una hormiga a su lado,los primeros días hasta que tu sistema orgánico se "acostumbra" son horribles,pero era eso o ir a una merceria para atender a las clientas,eso no me gustaba y opté por aprender el oficio de tejedora,es bonito pero muy mal pagado,por eso a los 18 años me busqué otro trabajo,mejor preparada entré ganando el doble que de tejedora.
Es una pena que un oficio bonito no tenga correspondencia económica.
Esta empresa en la que yo trabaje la arruinaron los hijos del propietario,tuvieron que cerrar un año despues de que yo me fuera,los telares se los llevaron a una empresa de Alicante que se dedicaba a lo mismo,creo que se llamaba "la bruja".en fin ya he dado la lata durante un buen rato,un saludo de G.M.P.

B.R. ,  20 de junio de 2013, 14:44  

Gracias G.M.P. por tu comentario. Veo que está en la línea de lo que se dice en el artículo, del porqué se contrataban mayoritariamente mujeres y niñas en las fábricas textiles. Evitaban conflictos y los sueldos no eran como ahora que, teóricamente, están en igualdad de condiciones que los varones. Entiendo que era explotación total, la de los empresarios (salvo honrosas excepciones).
Un saludo,

Ricardo Márquez 20 de junio de 2013, 15:18  

Hola Gloria. Lo que he encontrado de Augusto Bellido, S.A. es que en la misma fábrica, López de Hoyos 149, tenía su domicilio también la familia. Como pasaba con Imagesa antes las fábricas eran habitadas por familias, imagino que así cuidaban la fábrica. Producían las Compresas Femeninas Mitus, y en 1961 pedían técnicos especialistas en tricotosas en la Vanguardia, lo que indica que los mejores técnicos estaban en Cataluña.

B.R. ,  20 de junio de 2013, 17:36  

Hola Ricardo,
Esta observación que haces, creo que tiene una explicación muy lógica. Cataluña tiene tradición secular de industrias textiles, favorecida entre otras muchas causas por su situación más cercana a los países donde nació la industria textil: Inglaterra, Alemania, Francia, que fueron los suministradores de las primeras máquinas de tejer. Este hecho supuso el traslado de técnicos extranjeros y su posterior instalación en las poblaciones costeras que es donde mayormente se dio el gran desarrollo de la industria del género de punto: Mataró, Canet de Mar, Arenys de Mar, y Calella de la Costa principalmente. Factores que propiciaron esta instalación en Cataluña fueron la cercanía a los puertos de mar desde donde se podía distribuir con mayor facilidad el género manufacturado, la construcción del primer ferrocarril peninsular en 1848 de Barcelona a Mataró, y lo más importante la creación de la Escuela de Géneros de Punto, en Canet de Mar, que funcionó desde 1922 hasta 1997. En 1970 se constituyó como Escuela Universitaria de Ingeniería Técnica en Tejidos de Punto. En esa Escuela, en sus primeros años de creación y a falta de otros centros donde se impartiera la especialidad del género de punto, fue donde estudiaron la mayoría de los hijos de fabricantes y también los obreros que trabajaban en sus industrias, éstos en clases nocturnas al término de su jornada laboral.
Evidentemente el tema es mucho más complejo y extenso pero a grandes rasgos ésta es la explicación que yo le veo a la demanda de técnicos catalanes en distintas provincias de España.
Un saludo,

Ricardo Márquez 20 de junio de 2013, 19:25  

Pefecta la explicación BR, queda claro el motivo de demandar a los técnicos catalanes. Un saludo.

Anónimo ,  21 de junio de 2013, 8:44  

Perdón por el error numérico de la calle,hace ya cincuenta años de aquello y ya no vivo en Madrid,lo que dice Ricárdo es cierto,el dueño y sus hijos vivían allí toda la manzana les pertenecia,tenían alquilado a otras muchas empresas por la parte trasera.
Un saludo para todos de G.M.P.

Anónimo ,  29 de julio de 2015, 17:26  

En la calle Mandarina también había un taller de géneros de punto en el que empecé a trabajar con 16 años hasta que cerraron sobre 1984 o 1985 toda la vida viviendo en pueblo nuevo y trabajando al lado de casa

Anónimo ,  29 de julio de 2015, 17:31  

El taller de Mandarina se llamaba hermanas Andrés y daba a Mandarina y Prudencio Alvaro

B.R. ,  31 de julio de 2015, 16:45  

Hola Anónimo. ¿Se puede saber en que año aproximadamente empezaste a trabajar en ese taller de géneros de punto? . Lo digo porque hablas de cuando cerraron pero tengo curiosidad por conocer si eran contemporáneos con Imagesa. Lo que si he visto es que eran casi vecinas ambas empresas. Recuerdas más datos como cuantos trabajadores tenia y que tipo de prendas fabricaba? Gracias de antemano. Un saludo,

Anónimo ,  1 de agosto de 2015, 20:47  

Otra de la muchas empresas de tejidos o de hilados que hubo hace unas décadas estaba en López de Hoyos, pasado el Colegio Simancas, esquina a Emilio Mario. En los años setenta debieron cogerla una empresa oriental, quizás coreana, al menos el rotulo lo parecía. Otra de las zonas importantes de Textil, no tanto como la catalana, era la de Béjar, en Salamanca. con fábricas de cierta importancia y tiendas distribuidoras de paños en Madrid, en la calle mayor-Plaza comandante Las Morenas (todavía queda una, aunque con propietario distinto). También con escuelas de aprendizaje que después pasaron a ser Escuela de Ingeniería Industrial Textil. En Béjar se hacían los famosos paños de las capas españolas y más conocidas eran las mantas que hacían para el Ejército.
Migueli.

B.R. ,  3 de agosto de 2015, 0:31  

He leido que a finales del siglo XVIII había en Béjar 4.000 empleados en las más de 200 fabricas textiles, según Madoz. Actualmente no queda nada de aquella industria que fue floreciente hasta la década de los setenta, del siglo pasado.
Lo que seria interesante conocer es si en Madrid prosperó la industrial textil y como evolucionó, mas allá de los casos comentados en este artículo.

Jose Manuel 3 de agosto de 2015, 21:07  

Hola B.R.
La importancia textil de Béjar fue innegable, cuya decadencia y desaparición está tratada en diversos trabajos que hay hechos sobre los motivos que dieron lugar a ello, asunto que queda fuera del ámbito geográfico del blog Historias Matritenses, pero que afectó grandemente a la riqueza de la comarca bejarana disminuyendo de manera sensible su población.
Hay numerosos restos de arqueología industrial de su brillante pasado, unos en la zona de la abandonada estación ferroviaria y su línea Plasencia-Astorga, y otros en el valle del río Cuerpo de Hombre por el que discurre la carretera a Candelario, el pueblo de las batipuertas y del que viene la frase de gramática parda “atar a los perros con longaniza”.
Un saludo.
José Manuel

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