Foto aérea de la parada 3. A la derecha vemos el gran descampado de la llamada "zona rebelde", que no fue urbanizada por la CMU. Año 1926.
“Que ocurría entre las paradas 1 a la 7 a finales de los cincuenta y mas tarde”
Foto aérea del tramo comprendido entre las calles José del Hierro (derecha) y Hernández Iglesias. 1-Hotel La Glorieta (Glorieta Pérez Cidón), 2-Finca de Deogracias Ramiro (haciendo esquina a José del Hierro), 3-Villa La Sante, 4-Los Pinos, 5-Villa Verde, 6-La Caprichosa (de don Luis Mahou, los cerveceros), 7-Villa Rosita, 8-Villa María Rosa (el primer colegio en la calle Manipa), 9 Chao (Fábrica de brochas), y 10 Villa Adelina.
Tramo de la calle Arturo Soria cercana a la calle Fernández Caro. Hacía 1909. Foto Guía de la Ciudad Lineal.
En aquella época las familias que vivíamos alrededor de estas paradas nos conocíamos la mayoría de vista y en algunos casos nuestros padres tenían amistad unos con otros, sobre todo aquellos que como el mío trabajaban en los Estudios cinematográficos C.E.A. En casos así, vivíamos cerca del estudio casi todos.
En primer término los jardines de "La Sante", de don Vicente Alonso Arana, con el edificio principal a la izquierda (construido en 1903). Esta finca junto con la siguiente llamada "Los Pinos", eran de las que más árboles tenía de toda la Ciudad Lineal. A la derecha "Villa Verde" (esquina a Manipa con Arturo Soria) y en el centro al fondo "Villa Rosita". Año 1914. Revista Ciudad Lineal.
Detalle de la quinta "Los Pinos". La finca la compró don Álvarez Marina en 1900. En 1928 fue comprada por la famosa bailadora de flamenco Paquita Escribano. Un año después esta se la vendió a don Augusto Gaspari.
Los papás iban a trabajar andando y los niños al cole (en nuestro caso a San Estanislao de Kotska) andando también. No eran tiempos para gastar dinero en el tranvía, que por otro lado tardaba más en aparecer que nosotros en llegar al punto de destino.
Detalle de las fincas entre las calles José del Hierro y Manipa. Junio 1945. En el centro el viejo edificio con aires de castillo de "La Sante" ya estaba totalmente reformado. A la derecha "Los Pinos", esquina a Manipa, seguía siendo una de las fincas más frondosas de la zona. A la izquierda puede verse la plaza de toros de la Ciudad Lineal (antiguamente bar San Bao, La Terraza).
Los que no tenían más remedio que utilizar este nuestro único medio de trasporte, eran los que iban más lejos de cuatro o cinco paradas y por supuesto los domingueros. Estos eran las familias o los amigos que vivían en ”Madrid” y que nos visitaban los domingos. “Han venido a vernos de Madrid”, decíamos, o “Mañana iremos a Madrid”. Es como hablábamos entonces de todo lo que no tuviera ubicación en Arturo Soria y aledaños... Es más, hoy día yo sigo diciendo “Voy a Madrid” o “Vengo de Madrid” pues sigo viviendo en esta zona, pero no sabría explicar donde comienza o termina Madrid en mi subconsciente.
En la otra esquina de Manipa nos encontrábamos con "Villa Verde", que posteriormente, hacía 1923. sería conocido como "Villa Roversi", pues lo compró Eduardo Roversi. Esquina a Manipa con Arturo Soria 37.
Para estos domingueros y también para muchos otros, Ciudad Lineal era un lugar de vacaciones en general, menos para los que nacimos y vivíamos allí por motivos de trabajo. Recuerdo nítidamente a mis abuelos viniendo en fechas señaladas y lo que rezongaba mi abuela por lo de la lejanía. Ellos vivían en la calle Pelayo, enfrente de lo que hoy es la Sociedad de Autores, y el llegar a Ciudad Lineal suponía un viaje de dos horas al menos para venir y otro tanto para regresar. Ella, mi abuela, siempre decía que tenían que estar prohibidos los tranviarios gordos, pues estos la molestaban un montón cuando pasaban a cobrar los billetes con los tranvías abarrotados de gente y los pobres no tenían más remedio que empujar y restregarse con todo el mundo para pasar de un lado a otro buscando a los usuarios. Esto y las largas esperas para venir y luego para irse la predisponían a estar de un cierto mal humor todo el día.
La familia Pino.
Lo cierto es que te podías tirar casi una hora esperando, tanto en un sentido como en el contrario a la llegada del tranvía.
Villa Rosita (en la foto de arriba), estaba a continuación de La Caprichosa. En esta última se instaló "Telégrafos del Estado" cuando Luis Mahou se la vendió a don Federico Romero Sarachaga.
Había especialistas entre los mayores que sabían casi exactamente cuanto tiempo tardaban en venir, para ello ponían la oreja en las columnas que sostenían el cable eléctrico que alimentaba a los tranvías y por la reverberación decían “ Ya viene por la parada tres”, o “por la cinco”, o “no oigo nada, no ha salido de la uno”. Los más entendidos, echaban pie a tierra y tumbados sobre las vías escuchaban directamente poniendo el oído en el hierro (igualito que los pieles rojas), y podían aseverar que faltaban diez minutos o veinte para que llegara el deseado vehículo.
La finca de don Vicente Salazar estaba contigua a Villa Rosita. Foto: 1977, Espasa.
Mi madre contaba de alguien (no voy a dar nombres), que para librarse de las visitas inoportunas y cuando se hartaba de estas solía decir “A tal hora, pasa el ultimo tranvía de hoy...”, con lo cual los visitantes se iban rápidamente. Por cierto, este vecino era algo peculiar, una persona muy viajada y culta, pero un tanto excéntrico. Una vez jubilado, (de no sé que embajada), le dio por estar cómodo y olvidarse de los trajes de etiqueta y cuellos de pajarita del trabajo, y ya en casa tenía la costumbre de hacerse un agujero en los zapatos para poder sacar sus “juanetes” y “callos” libremente y sin pudor, nunca usaba zapatillas, siempre los zapatos con ventilación. Así es como yo lo recuerdo, no puedo ver su cara, solo sus curiosos zapatos negros...
Fachada de "Villa Luis", una las fincas de la parada 3. Obsérvese los dos niños mirando atentos detrás de la verja. Año 1909.
Mis recuerdos se centran en la época en que vivíamos en Fernández Caro, entre las paradas tres y cuatro. Mirando las fotos de entonces pienso que llegué a esa casa con seis o siete años, y allí estuve hasta los veinte y tantos. Mi hermana y yo nunca jugamos en la calle, no era necesario ni oportuno, teníamos un gran espacio alrededor de la casa, parte era jardín con flores, y otra parte, huerta y gallinero. Mi padre plantaba un poquito de todo, rabanitos, tomates, calabacines y alcachofas. Todo se regaba con agua del pilón... Así se llamaba el receptáculo donde en verano nos dábamos el baño.
La CMU siempre fomentó la cría de animales y pequeños huertos. En la foto anterior las conejeras que vendía la CMU en 1909.
Las gallinas, siete u ocho, a veces ponían sus huevos donde les salía de los mismos, es decir, en cualquier lugar del jardín. Esto ocurría cuando se escapaban del gallinero y decidían correr mundo, en el camino hacían la puesta escondiendo los huevos en lugares recónditos entre las plantas. El goce que sentíamos cuando descubríamos el nido era infinito, solo comparable con el placer de coger tomates de las matas o el de meter los dedos en la tierra para tocar los rabanitos y saber sí ya estaban gordos y en ese caso arrancarlos. Estas cosas no las cambiaria por nada.
La preparación de la paella en la casa de Marisa. Foto: Marisa Pino.
Los domingos, cuando venía la familia a celebrar algún santo o lo que fuera, mi padre hacía paella, en el jardín, en una paellera inmensa... Mi madre hacía de pinche y le traía las cosas desde la cocina. Con tanto ir y venir a veces se olvidaban de algo y cuando estaba terminada la paella aparecía parte del pollo u otras cosas en la cocina y mi padre ponía el grito en el cielo. Recuerdo a los dos contando tantas tazas de arroz, tantas de caldo, y discutiendo por que la una confundía al otro en las cuentas.
Con la mesa ya puesta, a la espera de la paella dominical en "Villa Gloria". Foto: Marisa Pino. Año 1956.
Teníamos un pozo donde guardábamos el vino y la fruta para que estuviera todo muy fresquito. Se bajaba un cubo repleto de estas cosas hasta rozar el agua y cuando lo necesitábamos, se subía a la superficie. Muchas veces, por el bamboleo de la cuerda o por estar el cubo muy lleno, se volcaba este y todos nuestros tesoros, iban al agua. Entonces, con unos ganchos (debían ser especiales para esto) se rastreaba el fondo del pozo y se rescataba el tesoro. O al menos se intentaba.
El Hospital del Aire en plena construcción con la calle Fernández Caro en primer término, a la izquierda en la calle Arturo Soria "Villa Costa 86", en la "zona rebelde". Año 1969.
No teníamos casi trato con los escasos vecinos, cada uno vivía en su casa y punto. Solo hablábamos con los Sagrario, su chalet estaba (y allí sigue todavía) en la esquina de mi calle con Arturo Soria. Eran cuatro hermanos, tres chicos y una chica. Con los chicos fuimos en algún momento al mismo colegio. Los padres eran muy celosos de su intimidad y poco abiertos. La casa, por alguna razón, siempre me pareció algo tenebrosa y de hecho era bastante lóbrega y oscura, al menos esa era mi impresión.
"El Redil", la casa de don Jorge de Oteiza.
"Villa Gloria" vista desde el exterior junto a la de Oteiza.Foto: Marisa Pino.
"Villa Gloria" vista desde el exterior junto a la de Oteiza.Foto: Marisa Pino.
En el chalet de al lado nuestro, que como nosotros hacia esquina con el Camino de la Cuerda, vivió durante un tiempo un escultor, Jorge de Oteiza. Él era mi amigo. Me fascinaba, charlábamos mucho juntos. Yo era la que le avisaba de las llamadas de teléfono que le hacían a mi casa. Cuando se fue al país vasco dejó en nuestra casa del guarda-gallinero sus esculturas, al cabo de unos meses regresó a por ellas y me regaló dos piezas que conservo con cariño. Muchas de las obras que no se pudo llevar las demolió delante mía, en el jardín de mi casa. Al final de dos días de destrucción aquello quedó reducido a un montón de piedras rotas.
Preciosa postal que nos muestra el otro lado de la calle Arturo Soria. Allí se encontraba la única glorieta de la Ciudad Lineal (glorieta de Pérez Cidón), precisamente la casa grande de la derecha se llamaba "La Glorieta", un chalet te tipo burgués que, como vemos, se mezclaba con las casas de los obreros.
Plano sobre el que se basó la construcción de “La Glorieta. Año 1903. Este hotel junto con el de “María Rosa” (en la calle Manipa), fueron los primeros colegios de la Ciudad Líneal a cargo de la Sociedad de Cultura.
En frente de nuestra casa, estaba un internado femenino de Falange. Allí, a las doce de la mañana, las chicas cantaban el “Caralsol” diariamente, con la mano en alto. Mi hermana y yo solíamos cotillear lo que hacían desde mi jardín, subidas en un banco y hasta nos aprendimos la marcha de tanto oírla.
En "La Glorieta" residió la viuda de Isaac Peral hasta sus últimos días de vida.
Todavía en 1981 la glorieta de Pérez Cidón ofrecía un aspecto rural. Foto: Isabel Gea.
En aquellos tiempos, finales de los cincuenta, Ciudad Lineal estaba bastante deshabitada. Las calles, de tierra, en general eran desmontes. Había poco trasiego de gente y esto propiciaba el que, cuando menos lo esperabas, te encontrabas con un tío al que le gustaba sacar a pasear sus atributos masculinos. Yo he tropezado con bastantes de estos, pero recuerdo especialmente el primero de todos.
La apertura del Hospital del Aire a principios de 1970 supuso un cambio radical para la zona. Además por primera vez se levantaban edificios superiores a las 4 alturas en la Ciudad Lineal.
El Hospital del Aire visto desde la calle Pérez Cidón. Año 1977. Foto: Espasa.
Mi hermana y yo veníamos del colegio, era la hora de comer, ya casi en nuestra casa visualizamos alguien que nos hacía señas y nos señalaba su gabardina entreabierta. Mi hermana (más mayor) me dice que aligere el paso, yo idiota, le miro. Y sin saber por que, me pongo a llorar. Llegamos a casa y mi padre pregunta el por qué de los lloros. Se entera y sale a la calle con su escopeta de caza, encuentra al de la gabardina, nos pregunta “Es este el ca...”. Asentimos, y mi padre le apunta al pecho y le dice “ ....Al cuartel de la Guardia Civil”. Ahora vamos por Arturo Soria dirección a la Cruz de los Caídos, cuatro personas, dos niñas con el uniforme del colegio, un hombre con gabardina y un padre histérico que encañona al de la gabardina. Por el camino, el encañonado ruega a mi padre que le deje ir, que está casado, etc... Mi padre cada vez que el otro habla, le manda callar y le advierte que le puede pegar un tiro. Así llegamos a la calle Alcalá, la gente nos mira y nosotras, estamos muertas de vergüenza. En el cuartel de la Guardia Civil nos preguntan que ha pasado, tenemos que contarlo, más vergüenza de nuevo. Terminado el interrogatorio dejamos allí al de la gabardina. Por la tarde, en el colegio, todo el mundo sabe lo ocurrido, papá se lo contó a la profesora de inglés, y hay un cachondeo infinito de los chicos.
Dos fotos del accidente ocurrido frente al Hospital del Aire el día 21 de febrero de 1972, "pobre nuestro querido tranvía 70". Este accidente fue el último grave habido en los tranvías de Madrid pues poco después fueron suprimidos. Fondo Santos Yubero. ARCM.
Ni que decir tiene que nunca más volví a contar nada cada vez que me ocurrió algo semejante andando por Ciudad Lineal...
-.-.-
Autora: Maria Luisa Pino.
Pies de fotografías de la zona: Ricardo Márquez.
En este blog también colabora: José Manuel Seseña.




















.jpg)


.jpg)
.jpg)














-001.jpg)






















