
Comienza el siglo con una epidemia de fiebre amarilla en el año 1800, por lo que el Ayuntamiento de Madrid ordenó una cuarentena a todas las personas que fueran a entrar en la villa. Esto afectó especialmente al barrio de Las Ventas, por el que discurría la carretera de Aragón (hoy calle Alcalá), y que en aquellos días pertenecía a Canillas.
Seguidamente se registran unas de las peores cosechas durante los años 1802 al 1804, y si unimos el estallido de la
guerra contra los franceses de 1808 tendremos una primera década de hambruna y enfermedades.
Tanto Canillas como Hortaleza se vieron amenazadas por la instalación del mismísimo Napoleón en el palacio de los duques del Infantado en Chamartín de la Rosa, pueblo colindante a Canillas y Hortaleza. La contienda (1808 a 1813) costó la vida de muchos vecinos, hambrunas por estar obligados a avituallar a las tropas, así como el aumento del pillaje y vandalismo por la miseria existente, que se prolongaría hasta 1815, en el que una Real Orden mandaba encarcelar a cualquier persona sospechosa sin previo aviso. Para rematar la mala racha, es en estos años cuando se derrumbó la iglesia de San Matías de Hortaleza (desconocemos la fecha exacta).

La estructura de la sociedad continua manteniéndose como en el antiguo régimen, es decir, se siguen pagando las alcabalas. Así constan como principales perceptores de ellas los condes de Salvatierra, marquesa de Mejorada, conde de Canillas, marqués de Valmediano,... en los libros de los ayuntamientos datados en 1819.
Los grandes latifundistas eran los duques de Frías e Hijar y los marqueses de Santa Cruz, que arrendaban las tierras a las familias más pudientes que poseían los aperos y animales de labranza necesarios para su explotación, lo que permitió que estos últimos fueran adquiriendo terrenos con los beneficios obtenidos.
Es en 1820 cuando empieza a producirse un cambio en los títulos de las propiedades. Los burgueses (nueva clase social en España hasta entonces desconocida y fundamentalmente compuesto por comerciantes y banqueros), comienzan a adquirir bienes bajo el Trienio Liberal (1820-1823). Así encontramos en los legajos notariales nombres como: Sebastián Nikel, Juan Dot y Francisco Fiedrich, todos ellos comerciantes extranjeros. Este amanecer liberal se vio drásticamente cortado por la restauración absolutista de Fernando VII.
En septiembre de 1833 fallece Fernando VII, y toma la regencia Isabel II. Bajo el gobierno de Cea Bermúdez, se inician las reformas administrativas que supusieron la desaparición del
antiguo régimen. De ello se encargó el Ministro de Fomento don Javier de Burgos, promulgándose el real decreto de fecha 30 de Noviembre de 1833, según el cual se rediseñó las provincias de España, siendo esta división la más ajustada y lógica que hubo hasta la fecha. Es así como se formó la actual provincia de Madrid, tal y como la conocemos, estando formada en aquel entonces por 13 partidos judiciales, 197 ayuntamientos y 225 poblaciones. Hortaleza dependía judicialmente de Colmenar Viejo, y Canillas de Alcalá de Henares, mientras que ambas pertenecían a la diócesis de Toledo.
El cambio de régimen trajo un nuevo sistema de elección de cargos municipales. Solo podían participar los varones, mayores de edad, residentes en las localidades y debían de tener la categoría de vecinos, es decir ser contribuyentes. Entre las funciones municipales estaban los pagos de consumos y contribución, reemplazos para el ejercito, sanidad, enseñanza, infraestructuras, mataderos,... todas ellas bajo la batuta del Gobierno Civil de la Provincia.
A mediados del siglo XIX se lleva a cabo la desamortización de los bienes eclesiásticos. Como ocurrió en tantos otros lugares de España, los campesinos con mayor poder económico aprovecharon la coyuntura para adquirir las tierras expropiadas, lo que permitiría a estos ir subiendo en el escalafón social, llegando a ser alcalde alguno de ellos en las décadas venideras (como Joaquín Aguado o Valentín Cuadrado).
Como no, la nobleza y burguesía también participaron en la compra de estos bienes. Así entre los burgueses encontramos propiedades a nombre de las familias Cavero, Urzait, de la Quintana, García Sancha,.... además, Natalia Urzait y Tomás Cavero se unieron en matrimonio, lo que consolidó el patrimonio más grande de la zona. Sus descendientes se emparentaron con la nobleza, llegando uno de sus hijos a ser marqués consorte de Portugalete y barón de Condorelet, y su hija condesa consorte Belchite. Este patrimonio se conservó hasta la mitad del siglo XX, siendo sus herederos los mayores promotores de viviendas en la primera mitad del siglo XX.

Como principales terratenientes de la nobleza estaban los marqueses de Bedmar, que poseían tierras en Canillas, Barajas, Canillejas, Hortaleza,....
Con la Restauración de 1876 volvieron muchas ordenes católicas, tanto a Canillas como a Hortaleza. En la primera, ya comenzado el siglo XX la
Madre Cabrini puso en marcha su obra, y en Hortaleza los
Paules y las Religiosas Ursulinas.
La ocupación de la
población hasta estos años era de braceros para la labranza, y como ocurriera en siglo XVIII, alrededor de un veinte por ciento de la población se dedicaba a dar servicios a la capital, como ventas de productos frescos en sus mercados, sirvientas, lavanderas,...... la mayoría desempeñados por mujeres. .
Es en el último cuarto de siglo cuando una creciente inmigración llega sobre todo a Canillas, la mayoría empleados como albañiles en la construcción del ensanche de Madrid y las propias urbanizaciones de la villa, o labores afines, como los tejares, u otro más penoso pero que tenía mucho peso económico: los traperos. También se asienta una clase social media alta: militares, pequeños empresarios, empleados de banca,.... en los nuevos desarrollos urbanos de Canillas de la Concepción y la Ciudad Lineal.

Las condiciones de las casas de estos nuevos obreros eran lamentables, no disponían de agua, saneamientos, ni electricidad en su mayor parte; y las condiciones higiénicas eran sumamente precarias. Casi la totalidad de las rentas debían de ser destinados a productos de primera necesidad (techo, alimentos y ropa). Este fue el caldo de cultivo propicio para un movimiento reivindicativo obrero, como veremos en siguientes capítulos.

No obstante, el principal ingreso de los cascos urbanos de Hortaleza y Canillas siguió siendo la
agricultura, aunque hay que tener en cuenta la reducida población del casco de Canillas respecto al total del municipio. Seguían cultivando fundamentalmente trigo, algo de vid y hortalizas. Tenían algún arroyo con pesca, un molino de aceite en Canillas, otro de chocolate en Hortaleza, y alguna tahona. La ganadería era lanar y caprina, muy escasa.

La industria, por llamarlo de alguna forma, eran pequeños talleres relacionados con la agricultura (herrerías, fábrica de carros,...) . Los tejares y cerámicas eran las empresas con más obreros. También elaboraban pan, vino y aceite, y vendían a otras poblaciones (fundamentalmente Madrid) los excedentes de grano, frutas, leche y aves.
Otra importante fuente de ingresos era el transporte mediante borricos, ya fuera de productos propios (pan, ropa de los lavaderos, vinos,...), o las frutas y hortalizas de la rivera del río Jarama para la capital.

En la tabla de las bases de contribuciones de Madrid del año 1820 vemos que Hortaleza contaba con una base de distribución sobre sus productos de 160.000, y Canillas 73.000, frente a los más grandes como Vallecas con 627.000, o Fuencarral y Vicálvaro 560.000.

En el último tercio de siglo surgen sendas iniciativas para mejorar la agricultura. En Canillas la Colonia Agrícola de la Purísima Concepción, promovida por don Manuel Heredia Ruiz, y que acabó convirtiéndose en una promoción inmobiliaria; y en Hortaleza, don Pedro Tovar Gutiérrez, compró en 1894 la
Quinta del Cristo de la Salud para un proyecto en la mejora del forraje para el ganado.
Jarra del Mesón El Garnacho. Foto cedida por: Anuska de Moratalaz (Facebook).
El vino de garnacho, cultivado en ambos pueblos, cogió gran fama. Era un vino dulce y Canillas producía más que Hortaleza, aunque los mesones de Hortaleza eran muy visitados por los vecinos de Madrid, vendiendo la producción vinicola de los dos pueblos, aunque también una pequeña parte del vino de Canillas se vendía en bodegas del centro de la capital.
Nos tomamos un respiro después de este vistazo general al siglo XIX. En un próximo capítulo analizaremos más a fondo los cascos urbanos de Hortaleza y Canillas.
Capítulo anterior - Siglo XVIII
Autor: Ricardo Márquez.
En este blog también colaboran: Angel Caldito y José Manuel Seseña.
Fuentes:
Hortaleza, pasado y presente de un Distrito. Ayuntamiento de Madrid.
Biblioteca Nacional de España.
Biblioteca Comunidad de Madrid.
Instituto Geográfico Nacional.
Enciclopedia de Madrid Espasa Calpe. Año 1979.